Ferrocarril Qinghai-Tíbet

El ferrocarril Qinghai-Tíbet: El milagro de la moderna ingeniería china

El ferrocarril Qinghai-Tíbet es un monumental proyecto de ingeniería conocido popularmente en China como el “camino hacia el cielo” (天堂之路). sus 1.142 kilómetros de recorrido transcurren a una altitud media de 4.300 metros, y cuenta con 675 puentes sobre la vía para evitar la amenaza del hielo. Cada vagón está equipado con sistemas de suministro de oxígeno y está sellado herméticamente para evitar escapes.

Reportaje de
You Zhichao
尤智超
 
En el suroeste de China se encuentra la meseta más grande del país y la más elevada del mundo. Distribuida en su mayoría entre Qinghai (青海) y el Tíbet (西藏) recibe el nombre de meseta Qinghai-Tíbet (青藏高原). La altitud a la que se encuentra, su clima extremo y las duras condiciones de vida hacen que pueda compararse con los dos polos geográficos; no en vano es conocida como el “tercer polo” o como el “techo del mundo”. Sin embargo, a pesar de los obstáculos que parece presentar una meseta de tales características, el pueblo chino ha logrado llevar a cabo en ella un faraónico proyecto de ingeniería conocido popularmente como el “camino hacia el cielo” (天堂之路): el ferrocarril Qinghai-Tíbet.

Ferrocarril Qinghai-Tíbet
Estación ferroviaria de Tanggula (唐古拉车站), cuya localización a 5.068 m la convierte en la más alta del mundo.

La meseta se encuentra aislada de cualquier otro territorio debido a las particularidades de su entorno geográfico. Varias décadas atrás, se construyó en ella una carretera para permitir el comercio que ha propiciado el desarrollo económico de la región, pero un único acceso no era suficiente para unir esta zona con el resto del mundo. La circulación de vehículos era, además, extremadamente peligrosa y bajo unas condiciones atmosféricas tan severas, que todos anhelaban la construcción de una línea ferroviaria. En la década de 1950 se comenzó a preparar la construcción del tren Qinghai-Tíbet, en 1979 se instalaron las vías y, en 1984, se abrió al tráfico el tramo que discurre entre las ciudades de Xining (西宁) y Golmud (格尔木), ambas en la provincia de Qinghai. Sin embargo, en aquellos años no se había desarrollado aún la tecnología necesaria para la construcción del ramal entre Golmud y Lhasa (拉萨), un territorio dominado por prominentes montañas, heladas tierras y en el que la escasez de oxígeno no permitía más que un frágil equilibrio ecológico. No fue hasta el inicio del siglo XXI cuando China dio comienzo a este poderoso proyecto de ingeniería.

Ferrocarril Qinghai-Tíbet
Uno de los símbolos de la ingeniería del ferrocarril Qinghai-Tíbet: puente sobre el río Lhasa

A pesar de contar con los fondos y los avances tecnológicos adecuados, enfrentarse al “tercer polo” para construir una línea férrea de 1.142 km de longitud seguía siendo una laberíntica tarea. Las vías tenían que tenderse a una altitud media de 4.300 m sobre el nivel del mar, una cota en la que una enrarecida atmósfera apenas proporciona oxígeno suficiente para respirar, las temperaturas alcanzan en ocasiones los 40 grados bajo cero y el clima está caracterizado por la inestabilidad. Se puede pasar de una meteorología agradable a que se desencadenen fuertes tormentas de arena, nieve y vendavales en tan solo un instante. A la vez que las condiciones del territorio suponían un reto casi inalcanzable para los trabajadores, las características del suelo eran un obstáculo difícil de solventar para los ingenieros. El trazado de la mitad de la línea, es decir, un total de 550 km, debía ser asentado sobre permafrost, un terreno que se encuentra congelado permanentemente. A diferencia de Alaska, en Estados Unidos, el hielo de la meseta Qinghai-Tíbet presenta una dureza incomparable en invierno mientras en verano se derrite y se convierte en barro. Todo ese fango vuelve a congelarse de nuevo en la estación fría, con lo que aumenta su volumen y sube el nivel del suelo. Una vía construida en una superficie de estas condiciones no puede evitar sufrir deformaciones que acabarían por imposibilitar su uso. Diversos expertos chinos analizaron e investigaron el permafrost de la zona e idearon diversas técnicas para lograr construir con éxito sobre las capas de suelo congeladas. Se construyeron un total de 675 puentes sobre los que tender la vía para evitar la amenaza del hielo. El más largo de ellos, el paso elevado del río Qingshui (清水河大桥), con 11,7 km de longitud, es también el puente construido sobre permafrost más largo del mundo.

Ferrocarril Qinghai-Tíbet
Cota máxima de la línea férrea Qinghai-Tíbet

Además de los problemas ocasionados por la estructura geológica de la zona, la seguridad de los cientos de miles de trabajadores encargados del proyecto era también una cuestión de máxima prioridad. En un entorno de entre 4.000-5.000 m de altitud, los turistas que visitan la zona son propensos a sufrir mal de altura por falta de oxígeno y llegan incluso a padecer pérdidas de consciencia. Los operarios, que además realizaron duras tareas físicas, se enfrentaban con la muerte a diario. Para prevenir complicaciones, el equipo de construcción decidió trasladar un hospital hasta la zona y un equipo sanitario de más de 2.000 personas los siguió dispuesto a velar por la salud de los trabajadores en cualquier momento en que fuera necesario. Durante su ejecución los obreros cargaban a sus espaldas botellas de oxígeno y se turnaban para ir descansando cada varias horas. Dentro de los túneles, el equipo de ingenieros instaló suministros de oxígeno adicionales para evitar que los trabajadores cargaran en exceso con el peso de las botellas de este gas. En los hospitales también se instalaron habitaciones de oxígeno, en las que los trabajadores podían descansar en caso de que sintieran alguna molestia y respirar aire puro. Además de la escasez de oxígeno, el contagio de enfermedades infecciosas en un lugar donde convivía tal cantidad de gente constituyó también un problema al que se prestó suma atención. Finalmente, y tras cinco años de esfuerzo conjunto de los ingenieros, del equipo médico y de todos los trabajadores, el grupo chino logró finalizar la construcción del “camino hacia el cielo”. Esta maravillosa obra de ingeniería batió además numerosos récords, entre los cuales destacan el de la estación ferroviaria de Tanggula (唐古拉车站), cuya localización a 5.068 m sobre el nivel del mar la convierte en la más alta del mundo; y el túnel de Fenghuoshan (风火山隧道) que, con 1,3 km de longitud y situado a 4.905 m de altura es también la vía subterránea construida a una mayor altitud. Debido al frágil equilibrio ecológico de la meseta Qinghai-Tíbet, fue necesario volver a replantar los pastos destruidos por la construcción y erigir puentes y otros pasos para permitir el desplazamiento de los animales y así proteger el ecosistema natural.

Ferrocarril Qinghai-Tíbet

Los trenes que circulan por esta línea férrea también se fabrican mediante un procedimiento especial: cada vagón está equipado con sistemas de suministro de oxígeno y está sellado herméticamente para evitar escapes. También incluyen, asimismo, herramientas proveedoras de oxígeno de uso individual y todo ello reforzado por la presencia de médicos para asegurar el bienestar de los pasajeros.

Ferrocarril Qinghai-Tíbet
Túnel de Fenghuoshan

A lo largo de su recorrido se puede disfrutar de vistas únicas y espectaculares. Los viajeros se quedan maravillados al contemplar el lago Cuona (措那湖), fuente del río Nu (怒江) y al que la población local considera sagrado, cuando la vía del ferrocarril atraviesa su orilla este que se halla a menos de 20 m de distancia. También es posible apreciar la majestuosa apariencia de la cordillera Kunlun (昆仑山脉), cuya superficie se extiende a lo largo de 2.500 km en los que se sitúa a una altitud media de 5.500 a 6.000 m sobre el nivel del mar. El tren pasa, además, cerca del mayor lago de China, el Qinghai (青海湖), que pertenece a la cuenca de Qaidam (柴达木盆地), y de uno de los principales afluentes del Yangtsé (长江), el río Tuotuo (沱沱河). Durante todo el trayecto, las extraordinarias vistas de la naturaleza logran fascinar a los pasajeros y alivian la pesadez de las doce horas de viaje.

Ferrocarril Qinghai-Tíbet
Lago Cuona

Los antepasados chinos se valieron del sudor de su trabajo y de su sabiduría para erigir maravillosas estructuras arquitectónicas. En la actualidad, el relevo está asegurado con proyectos como este ferrocarril Qinghai-Tíbet, un hito de la ingeniería que, a la vez que permite a sus pasajeros disfrutar del viaje y de las vistas de los impresionantes parajes por los que transita, también sirve como muestra de la espléndida dedicación con la que los trabajadores no escatimaron esfuerzos para lograr finalizar un proyecto de tales dimensiones.


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pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 40. Volumen I. Enero de 2017.
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