La etnia Buyi: el pueblo que cultiva arroz en una fortaleza de piedra

La etnia buyi (布依族, Bùyīzú) habita en la provincia de Guizhou, posee su propio sistema de escritura, son diestros en el cultivo del arroz y tienen por costumbre habitar en viviendas fabricadas a partir de losas de piedra.

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Artículo de
Yu Chuan
于川
La población de la etnia buyi (布依族, Bùyīzú) asciende aproximadamente a 2.870.000 personas, de las que un 97% habita en la provincia de Guizhou (贵州). Los buyi no solo poseen su propio sistema de escritura, sino que también son diestros en el cultivo del arroz y tienen por costumbre habitar en viviendas fabricadas a partir de losas de piedra.

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Hace seis o siete mil años, este grupo étnico puso en práctica el cultivo del arroz salvaje en arrozales y realizó así una importante contribución a esta cultura. Ello les granjeó el sobrenombre de “pueblo del arroz” (水稻民族, shuǐdào mínzú). Los Anales de Guizhou, que datan de la época del emperador Qianlong (乾隆, 1711-1799), recogen que: “los zhongjia (仲家, antiguo nombre de la etnia buyi) destacan en el cultivo, especialmente en el del arroz, y se dedican también al cultivo de árboles frutales…”. El término “zhongjia” alude aquí al pueblo buyi ubicado en la meseta de Guizhou. A lo largo de su historia, han acumulado una sólida experiencia en las técnicas de cultivo del arrozal, con unos procesos exclusivos de producción. Los buyi dividen las tierras por tipos, y conforme a las características de cada uno, diseñan distintos métodos de cultivo, fertilización e irrigación. Al mismo tiempo, los buyi utilizan el modelo de simbiosis conocido como “sistema del arroz, pato y pez” (稻鸭鱼, dào yā yú) para mejorar la calidad del arroz y preservar las tierras. La crianza de patos y peces en los arrozales les permite que se alimenten de semillas e insectos que son dañinos para el cultivo, y controlan así la propagación de enfermedades y plagas que afectan a las plantas y limpian las aguas, mientras que sus excrementos también se emplean como fertilizante orgánico para los cultivos. De este modo, en el arrozal libre de fertilizantes químicos y pesticidas puede “cultivarse una cosecha de arroz, criar una bandada de patos o un banco de peces”.

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Fideos de harina de arroz

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Zongzi

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Tofu de arroz
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Pasteles de almohada
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Pastel de arroz glutinoso

Las desarrolladas técnicas de cultivo de arroz de la etnia buyi permitieron que el arroz se convirtiese en el centro de la cultura gastronómica. Entre los productos alimenticios elaborados a base de este cereal podemos destacar, entre otros, el tofu de arroz (米豆腐, mǐ dòufu), los fideos de harina de arroz (米线, mǐxiàn), el mipi (米皮) o fideos de arroz glutinoso, el de tipo inflado (米花, mǐhuā), el glutinoso (糯饭, nuòfàn), el pastel de arroz glutinoso (糍粑, cíbā), las bolitas fritas de arroz glutinoso (油团粑, yóutuánbā), los zongzi (粽子) o pasteles de arroz glutinoso típicos del Festival de los Botes de Dragón, el licor de arroz (米酒, mǐjiǔ) o su variante dulce (甜酒, tiánjiǔ). Por su parte, platos como los “pasteles de almohada” (枕头粽, zhěntouzòng), típicos del primer mes del año lunar, los “pasteles triangulares” (三角粽, sānjiǎozòng), propios del Festival de los Botes de Dragón; o las bolitas de arroz (米团子, mǐtuánzi), del sexto día del sexto mes; son todos regalos imprescindibles que se hacen las visitas y con las que se celebran el Año Nuevo Chino y otras festividades. La larga historia del cultivo del arroz ha dado lugar a la que se convirtió en la sólida “costumbre del culto al arroz” (崇稻习俗, chóng dào xísú), y las festividades importantes están todas estrechamente ligadas al cultivo de este cereal y a sus labores agrícolas.

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Arroz glutinoso
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Pasteles triangulares
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Mipi o fideos de arroz glutinoso
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Bolitas de arroz
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Bolitas fritas de arroz glutinoso
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Arroz glutinoso de cinco colores al vapor

El tercer día del tercer mes lunar marca la fecha de un festival tradicional para la etnia mayoritaria han y otras muchas minorías étnicas. Según la tradición, el tercer día del tercer mes es el cumpleaños del Emperador Amarillo (皇帝, que reinó aproximadamente entre 2697 y 2597 A.C.), y en China existe desde tiempos remotos el siguiente dicho: “En el segundo día del segundo mes, el dragón levanta la cabeza; en el tercer día del tercer mes, nació Xuanyuan (轩辕, nombre alternativo del Emperador Amarillo).” No obstante, distintas etnias ofrecen interpretaciones diferentes al tercer día del tercer mes y crean así diferentes tradiciones y costumbres. Por ejemplo, las etnias li (), yao () y zhuang () convierten esta fecha en una celebración en la que se une danza y canto con un carácter festivo, mientras que para los buyi, el barrido de las tumbas como señal de respeto, se convirtió en una forma de mostrar agradecimiento a la naturaleza, los ancestros y la sociedad. Todavía hoy, la mayoría de los buyi comen arroz glutinoso de cinco colores al vapor (五色花糯米饭, wǔsèhuā nuòmǐ fàn), un plato que oculta una tradición.

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La historia gira en torno a las tres hermanas de una familia buyi, que se desposaron al mismo tiempo y fueron a vivir a un pueblo-fortaleza. Diligentes en el cultivo llevaban vidas plenamente felices. Un año, coincidiendo con la época de la floración, su anciano padre hizo llegar a sus tres yernos recado de su próxima visita a los nietos. Al escuchar las nuevas, las tres familias al completo, hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, se sintieron extremadamente dichosas y compitieron por el honor de ser la primera en invitar al anciano padre a su hogar. Por ello, este puso una condición y emplazó a sus tres yernos a esperarle, llevando consigo el más delicioso plato elaborado a partir de arroz glutinoso, en la bifurcación bajo el gran baniano a los pies del pueblo. La familia que llevara el plato más sabroso sería premiada con su primera visita. Así, la familia de la hija mayor se ocupó de preparar bolitas fritas de arroz glutinoso, la familia de la hija mediana hizo lo propio para preparar pasteles de arroz glutinoso y la familia de la hija menor se decantó por el arroz glutinoso de cinco colores. Al emplearse en esta receta al vapor, las fragancias y sabores diferenciados de las hojas de arce, laurel y mangle rojo, la flor del arroz glutinoso y el Lithospermum erythrorhizon (紫草, zǐcǎo) no solo añaden intensidad al aroma y al sabor del plato, sino que también le confieren un original color y lustre. Al llegar a los pies del árbol, el anciano padre se decidió por el arroz glutinoso de cinco colores como su plato favorito y fue así como la casa de la hija menor le recibió primero. Este suceso se difundió rápidamente, y cada año, en el tercer día del tercer mes, cada familia buyi prepara este plato para recibir a familiares y amigos y agasajar a sus huéspedes. También en el tercer mes de la primavera tiene lugar la festividad dedicada a trasplantar el arroz. Dicha celebración se convierte asimismo en la fiesta del comienzo del cultivo en el nuevo año, cuando los brotes de arroz se plantan y echan raíces.

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Una vez plantado el arroz en los campos, los buyi se sirven también de los usos festivos para bendecir y agradecer los frutos de su trabajo. El octavo día del cuarto mes se conoce como la “fiesta del crecimiento de las plantas de arroz” (开秧门节, kāiyāngmén jié), en el transcurso de la cual cada casa debe plantar algunos brotes de arroz en los campos, contribuyendo así al “crecimiento de las plantas”.

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A mediados del octavo mes tiene lugar otra festividad, dedicada en esta ocasión a degustar los productos de temporada (尝新节, chángxīn jié). Cuando las plantas de arroz comienzan a espigar, las primicias se ofrecen a los ancestros en altares en señal de respeto y se desgranan algunas espigas que se cocinan al vapor junto al arroz. Esto representa la “degustación” de los productos de la estación y marca la inminencia de una abundante cosecha. El noveno día del noveno mes recibe el sobrenombre de “fiesta de la cosecha abundante” (丰收节, fēngshōu jié), el momento posterior a la siega de los arrozales, cuando cada familia buyi prepara y come los pasteles de arroz glutinoso y disfrutan de la buena cosecha.

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Los pueblos-fortaleza de los buyi se ubican en su mayoría en mesetas de bellos paisajes o en regiones de colinas, rodeados por las cuatro esquinas de ancianos árboles que alcanzan el cielo, el lento fluir de los arroyuelos y la sombra creada por el exuberante crecimiento de los árboles frutales. Al aproximarse al pueblo, se advierte que la piedra se ha empleado aquí de manera homogénea como material de construcción: desde los marcos de las puertas a las celosías de las ventanas, desde las superficies de las paredes a los suelos, desde puentes llanos a puentes con forma de arco, desde las encimeras de cocina hasta los caballones de las terrazas, en las deidades que en todo lugar saltan a la vista, incluyendo mesas y bancos, vasijas, morteros o piedras de molino; ¡se ha hecho una solemne entrada en el “reino de la piedra” (石头王国, shítou wángguó)! Ello se debe al hecho de que en las regiones habitadas por los buyi abundan los montes y la piedra, creados en muchos casos por las rocas sedimentarias. Los estratos rocosos quedan expuestos, con una dureza moderada y diaclasas estratificadas, de grosor variable. Los pueblos que allí residen se adaptan a las condiciones locales, recogen materiales y emplean este material para construir “fortalezas de piedra” (石头寨, shítouzhài) con un marcado carácter étnico. En estas fortalezas, las casas construidas a partir de losas modelan la generosidad de la naturaleza y no solo son firmes, duraderas, simples y pesadas e impenetrables, sino que también son confortables, protegen contra el viento y resisten al agua, mantienen a raya el frío y están hechas a prueba de incendios, también son cálidas en invierno y frescas en verano. Una de las ocho maravillas de la provincia de Guizhou, las “piedras convertidas en tejas” (石片当瓦盖, shípiàndāngwǎgài), no se refiere sino a las viviendas de piedra de los buyi.

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Las viviendas de piedra y los arrozales representan la extraordinaria forma de vida y relación con el entorno tradicional de la etnia buyi. Un pueblo que se sirve de su diligencia y sabiduría para descubrir en profundidad y utilizar con tino los recursos naturales de la buena tierra del suroeste chino. Al contemplar los pueblos buyi en la distancia, desde las altitudes, emerge un paisaje en el que se alternan espacios con los tejados de las viviendas, la mirada planea sobre caminos que se cruzan, una profusión encantadora de arrozales forma una ola dorada, y los riscos naturales se solapan unos a otros en la profundidad de antiguos árboles y bambúes de un exuberante verde. Un paraje que ofrece a quien lo contempla un disfrute inacabable por su calidad de “reflejo humano de lo divino y remanso de júbilo y plenitud” (人间仙镜,世外桃源, rénjiān xiānjìng, shìwàitáoyuán).

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Revista Instituto Confucio 32

pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 32. Volumen IV. Marzo de 2015.
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