Francisco Varó

Francisco Varo (1627-1687): un gran experto de la lengua china

Francisco Varo (1627-1687), eminente misionero español del siglo XVII, vivió 38 años en China. Bajo el nombre de Wan Jiguo dedicó gran parte de su evangélica vida a estudiar e investigar el idioma de ese país y compuso la obra Arte de la lengua mandarina, primera gramática impresa del idioma estándar chino en una lengua occidental que hoy conocemos. 

Reportaje de
Liao Yanping
廖燕平 
Originario de Sevilla y miembro de la orden dominica Francisco Varo aspiraba, como muchos de los religiosos de su época, a evangelizar en el Celeste Imperio por lo que se hizo a la mar en 1646. Atravesó el océano Atlántico, llegó primero a México y, más tarde, surcando el Pacífico de este a oeste, atracó en 1648 en el puerto de Manila, la capital de las Islas Filipinas. Consciente de la importancia del idioma para su preparación a la tarea misionera, Varo apresuró su aprendizaje entre los inmigrantes chinos residentes en Manila. Hablaban el dialecto minnan, por ser originarios de las provincias de Fujian y Guangdong, lo que proporcionó al dominico importantes conocimientos sobre el idioma chino. Poseía un gran don de lenguas y consiguió tener una sólida base de ésta en tan solo un año durante su estancia en la capital filipina.

Al llegar a Fujian, en 1649, estudió con más dedicación y así su dominio de la lengua creció sin cesar en todos los ámbitos: conversación, lectura y escritura. Se le reconocía como “experto en chino” y la iglesia dominica donde residía se convirtió por ello en una especie de “centro de formación lingüística”. El fraile se responsabilizó asimismo de instruir a los misioneros recién llegados al tiempo que profundizó en el conocimiento de su nueva lengua. Su experiencia de estudio y enseñanza le permitió completar dos diccionarios, uno portugués-chino titulado Vocabulario de la lengua mandarina (1670) y otro español-chino llamado Vocabulario de la lengua mandarina con el estilo y vocablo con que se habla sin elegancia (1692), ambos escritos para ofrecer a sus compañeros de hábitos una primera base de léxico.

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Sin embargo, a medida que avanzaba en sus estudios, Varo sintió la necesidad de elaborar una gramática, aunque dicha sugerencia no era bien acogida entre sus compañeros. Para muchos, el chino pertenecía al grupo de los idiomas considerados como “desordenados”, puesto que se pensaba que no obedecían a ninguna norma gramatical. También había quienes opinaban que, si existieran leyes, serían muy difíciles de ordenar y analizar. El monje, sin embargo, aceptó el desafío al mantener que no solo existía una gramática china sino que también podría ser descrita. Para demostrarlo, se sometió a un arduo trabajo de investigación sobre los tonos, las palabras, las frases y las oraciones, e incluso seleccionó y anotó detalladamente los usos convencionales de cada parte y los analizó uno por uno.

La tarea duró más de 20 años y en 1687, el intrépido dominico consiguió completar el manuscrito que tituló Arte de la lengua mandarina y rompió de ese modo la falacia que no era posible redactar una gramática para esa lengua tan desconocida en Occidente. Pero poco después, Varo falleció y su obra llegó a las manos de uno de sus discípulos, el misionero franciscano Pedro de la Piñuela (1650-1704) quien conseguiría imprimirla y publicarla.

De la Piñuela nació en México y, a los 26 años, llegó a China donde le dieron el nombre de Shi Duolu y se formó en la iglesia dominica de Fujian para aprender chino con Francisco Varo. En aquel entonces el Arte de la lengua mandarina estaba en plena elaboración y les sirvió como libro de texto. En el proceso de aprendizaje, profesor y alumno colaboraron para perfeccionar el manual. Pedro de la Piñuela se benefició enormemente de esa formación práctica y su nivel de chino avanzó con gran rapidez. Unos años más tarde, era capaz de escribir en esta lengua oriental materiales evangélicos, y así se convirtió en el único misionero de su orden en utilizar la lengua nativa para sus labores evangelizadoras.

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 Todo ello hizo que sintiera un profundo agradecimiento hacia el maestro y llegó a comprender la suma importancia de los conocimientos gramaticales. Por eso, tras la muerte de su mentor, Pedro de la Piñuela se responsabilizó en la tarea de actualizar e imprimir los manuscritos póstumos del maestro, lo que consiguió en 1703 en el taller de impresión de la iglesia cantonesa de Yang Renli. Antes del insigne Francisco Varo, sin embargo, otros religiosos dominicos habían redactado varias gramáticas chinas que nunca llegaron a ver la luz y los manuscritos se perdieron. Por eso, la tarea de impresión que realizó Pedro de la Piñuela ha resultado de un valor incalculable pues, sin ella, no conoceríamos hoy en día la valiosa obra del abnegado fraile dominico.

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Arte de la lengua mandarina

En su obra, Francisco Varo se refiere como la “lengua mandarina” o “guanhua” al habla de los mandarines en la corte imperial de la dinastía Ming (1368-1644). El autor poseía una profunda comprensión de la relación interna entre el idioma estándar y los dialectos, puesto que había estudiado el minnan anteriormente. Y consideraba que tenían la misma importancia para llevar a cabo su tarea adoctrinadora. Por eso, sugirió seguir dos fases en el aprendizaje: estudiar primero el mandarín, con el fin de comunicarse con los oficiales de la corte; y aprender después el dialecto de la localidad donde se instalaban las misiones, para evangelizar al pueblo en su lengua natal. Por otro lado, y teniendo en cuenta la finalidad práctica, Francisco Varo dedicó en su libro tres capítulos exclusivamente a explicar el uso de las frases de cortesía: categorías de respeto, de reverencia y de auto-humillación. Las oraciones, explicadas detalladamente, muestran el gran dominio del autor sobre la cultura y la práctica del idioma.

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Sin embargo, la característica más destacada de la obra reside en su método comparativo entre las lenguas latina y china a la hora de describir los fenómenos gramaticales de esta última. Consciente de que el latín es una lengua no materna ni natural sino aprendida, Francisco Varo consideraba que, para sus compañeros misioneros, aprender chino sería parecido a estudiar latín en el sentido que ambas son “extranjeras”, es decir, exigen un proceso de aprendizaje. Por eso, cuando el autor describe las categorías gramaticales del chino a la manera de los manuales escolares latinos, su intención es facilitarle al estudiante “trasladar” su experiencia del aprendizaje del latín al estudio del nuevo idioma. Este método didáctico, que considera la experiencia con otras lenguas extranjeras para adquirir una nueva, es un gran invento que Varo utilizó en la enseñanza del chino hace más de 300 años. En realidad, incluso hoy en día esta táctica tan eficaz nos recuerda que no solo debemos prestar atención a la influencia del idioma materno del alumno extranjero sino también a sus experiencias lingüísticas previas.

Así pues, el uso del latín como instrumento comparativo para analizar la gramática china no se debe entender como la imposición del primero al segundo, sino que es un método orientativo mediante el cual el alumno, basándose en la práctica del latín, capta las similitudes y diferencias respecto del chino. De este modo se centra solo en estudiar las diferencias. Por ejemplo, cuando comenta los tiempos verbales, Francisco Varo se limita a apuntar que es una categoría gramatical común en las dos lenguas solo que se expresa de diferentes modos, ya que en latín se hace con la conjugación de los verbos mientras que en chino se utilizan las partículas o adverbios. Este tipo de explicaciones, sencillas y claras a la vez, facilitan al estudiante captar inmediatamente los puntos clave a estudiar. Tal vez algunos ejemplos comparativos concretos, que el autor presentó en su momento, no son precisos y deben ser revisados por los lingüistas actuales, pero debemos aprender mucho respecto de su consideración del punto de vista de la experiencia del estudiante.

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La obra Arte de la lengua mandarina sirvió para divulgar la cultura y el idioma chinos en Occidente desde los primeros años en que entraron en contacto ambas civilizaciones. Los estudiosos y sinólogos occidentales, entusiasmados por esta lengua tan enriquecedora como opuesta a todo lo acostumbrado, han producido numerosas e innovadoras investigaciones sobre ella. En China la obra de Francisco Varo, traducida recientemente, ha llamado la atención de investigadores de diversas disciplinas como la historia de la sinología, la fonología, la filología, la historia de la enseñanza del chino en el extranjero o la elaboración de libros de texto. Florecen así nuevas ideas al explorar esta antigua obra y se le imprime un renovado esplendor más de tres siglos después de su nacimiento.


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pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 47. Volumen II. Marzo de 2018.
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