La enseñanza del gongfu (功夫 Kung-fu) en España

El gongfu (功夫), más conocido como kung-fu, disfruta de un gran popularidad en todo el mundo. Actualmente en España hay más de doscientos mil practicantes de artes marciales chinas. Zhu Qihui, discípulo de la trigésimo segunda generación del Templo Shaolin y nombre budista Shixinghui, encontró en Valencia la oportunidad de cumplir su sueño: establecer su propia academia.

gongfu kungfu
Zhu Qihui, profesor Shaolin de artes marciales

Artículo de Zhu Qihui  
Academia de Artes Marciales Shaolin de Valencia
朱启辉   西班牙中华武术学院
Las artes marciales chinas –wushu– tienen una larga historia con profundas raíces. Durante miles de años, han sido respetadas tanto por aficionados y practicantes como por meros entusiastas en multitud de países, siendo un valioso y magnífico patrimonio cultural de la nación china, ya que engloba características tales como la aptitud física, la defensa personal, la rivalidad o el entretenimiento. No sólo en China existe un gran número de aficionados al wushu, sino también en el extranjero aumenta la cifra día a día gracias a la popularidad alcanzada por las películas de gongfu —o kung-fu—, protagonizadas por Bruce Lee, Jackie Chan o Jet Li y que han alcanzado un gran éxito sobre todo entre el público juvenil. Actualmente, sólo contando España, hay entre doscientos mil y trescientos mil practicantes de wushu. Lo más interesante es que cuando se llevan a cabo actuaciones en fiestas españolas o chinas, la mayoría de personas que participan en las demostraciones de gongfu son occidentales, sin menoscabar en la perfección de sus movimientos, apariencia y cumplimiento de las reglas.

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En la playa de Valencia se puede ver al maestro Zhu Qihui y a sus discípulos practicando wushu

Además, países como Francia, Italia, Holanda, Bélgica y Suiza, también tienen miles de aficionados al gongfu chino. Valencia es la tercera ciudad de España y se la conoce mundialmente gracias a su famoso puerto, a ser una ciudad mediterránea con más de dos mil años de antigüedad, por su bonito paisaje, sus lugares de interés turístico, su clima agradable y, sobre todo, por la merecida reputación de sus naranjas y ser la cuna original de la paella. Por otra parte, en Valencia casi siempre hace sol y la playa se extiende relajante durante varios kilómetros. Esto hace que muchos europeos y americanos pasen sus vacaciones aquí.

Zhu Qihui, discípulo de la trigésimo segunda generación del Templo Shaolin y nombre budista Shixinghui, encontró en Valencia la oportunidad de cumplir su sueño: establecer una academia propia para la enseñanza del wushu, siendo la primera en su género en esta ciudad. Ubicada en pleno centro, su nombre es Academia de Artes Marciales Shaolin de Valencia.

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Zhu representando la figura del águila

Los discípulos de wushu de esta academia son de varios países, además de los españoles y los chinos que viven en España, hay gente procedente de Cuba, Francia, Italia, Argentina, Uruguay, Colombia y Bulgaria. Tienen diferentes colores de piel y distintos idiomas maternos y, sin embargo, en esta academia todos aprenden wushu chino con el mismo entusiasmo e interés, y ansían conocer con profundidad este arte corporal lleno de encanto y leyenda oriental. La edad de los estudiantes abarca casi 3 generaciones: desde los 4 hasta los 60 años. La academia no sólo ofrece cursos de wushu, sino que también es una plataforma para aprender el idioma chino y entender la cultura e historia china. Imperceptiblemente, los estudiantes ya entienden y saben algunas palabras chinas y son capaces de establecer una conversación básica gracias a la enseñanza bilingüe chino-español del entrenador, le saludan con cariño al comienzo de las clases y se dirigen cortésmente a él como shifu (maestro). Cuando Zhu Qihui ve a los niños extranjeros sosteniendo los puños, y saludándole en chino en voz alta “¡Hola shifu!”, “¡Adiós shifu!”, “¡Ánimo shifu!”, etc. no puede dejar de sonreír con cierto orgullo.

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La edad de los estudiantes abarca casi 3 generaciones: desde los 4 hasta los 60 años.

Ahora, en la amplia playa de Valencia, en el césped del parque o en la plaza de algún barrio bullicioso, se puede ver al maestro Zhu Qihui y a sus discípulos practicando wushu. Allá donde lo hacen, se llena de gente curiosa y de exclamaciones emocionadas. El kung-fu y el wushu nacieron en una tierra muy lejana, sin embargo comienzan a formar parte de un modo silencioso de la vida de todos los pueblos del mundo. En Valencia, el sudor y el esfuerzo tenaz de una sola persona han conseguido un gran seguimiento y reconocimiento en la actualidad.

Zhu Qihui, ex entrenador de monjes del monasterio Shaolin y sexto dan, se proclamó en una ocasión campeón de wushu tradicional en una competición organizada en la ciudad de Jilin (provincia de Jilin, noreste de China). Perteneció a un grupo artístico chino con el que recorrió diversos países, siendo en una ocasión recibido por el presidente de Indonesia, quien alabó su maestría. Zhu ha presentado kung-fu en diversas revistas de artes marciales tales como Boxeo y lucha libre y Wushu espiritual en repetidas ocasiones. A menudo ha realizado actuaciones en la cadena de televisión española Tele 5 y en Canal 9, televisión regional valenciana; también ha interpretados papeles en algunas películas realizadas por productoras españolas. El Instituto Confucio de la Universitat de València le contrata de forma temporal para impartir clases de wushu o realizar actuaciones en sus actos culturales. También es además entrenador de wushu del Ayuntamiento de Valencia.

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La edad de los estudiantes abarca casi 3 generaciones: desde los 4 hasta los 60 años.

El maestro Zhu Qihui piensa que los alumnos extranjeros muestran normalmente una buena actitud de aprendizaje, pues se atreven a dudar y a preguntar, ya que les gusta asimilar concienzudamente la esencia de cada movimiento y así alcanzan un nivel bastante elevado.

Todos los alumnos comienzan desde lo más básico y tras practicar durante tres años ya son capaces de comprenden los métodos esenciales del boxeo. Tras esto comienzan a usar las armas de wushu tales como el cuchillo, la pistola, la espada, el palo, el garrote de tres secciones o el látigo, y asimilan su empleo tanto individualmente como en parejas. Desde el primer momento son conscientes de que aprender wushu no es algo que se puede conseguir en poco tiempo y que no hay que tratar de buscar atajos ni mostrarse ansioso. Tanto la habilidad y la formación necesitan de la practica incesante durante mucho tiempo. Un refrán chino dice: En invierno, mantente en forma haciendo ejercicio durante los días de mucho frío y en verano haz lo mismo durante los días de mucho calor.

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La edad de los estudiantes abarca casi 3 generaciones: desde los 4 hasta los 60 años.

Esto quiere decir que cuando practican kung-fu influye el estado físico y estacional en una rutina científica. Estos conocimientos pueden ayudar a los practicantes a mejorar más con menos. El maestro Zhu siempre enseña a sus alumnos extranjeros que lo primero que tienen que aprender en wushu es la palabra “moral”, y lo segundo es el significado de “habilidad”. Cuando era pequeño, descubrió que su maestro observaba el carácter moral de cada alumno, por lo que entendió que aprender wushu no sólo es aprender kung-fu y hacer rudos ejercicios, si no aprender cómo ser una buena persona; asimilando así plenamente la moral intrínseca del wushu. Además, las artes marciales enfatizan en el aprendizaje de lo externo y lo interno. A través de manejar estas ideas, los alumnos extranjeros comprenden que el kung-fu chino no sólo tiene profundidad, sino que también ayuda a comprender la filosofía oriental básica.

Santiago, un joven español de 27 años, dice que después de practicar wushu con el maestro Zhu durante tres años “mi cuerpo se siente extremadamente relajado tanto en el interior como en el exterior, se convierte en espíritu y en fuerza para ayudarme en mi quehacer diario, en realidad, un verdadero héroe tiene que tener un espíritu fuerte”.

En la academia de wushu, la buena figura de las chicas constituye un paisaje agradable. Ina con 26 años, una guapa chica de Bulgaria dice que después de practicar wushu durante un año en la academia “siento que mi cuerpo se encuentra muy bien, las artes marciales no son solo un deporte, también son una filosofía y una forma de cultura. Ahora lo considero además una manera de vivir”.

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Zhu Qihui manifiesta que el tiempo de desarrollo de wushu chino en España no es muy largo, pues “sólo tiene veinte años”, mientras que el karate japonés o el taekwondo coreano se introdujeron hace más de cuarenta. El wushu no sólo es un deporte físico, también sirve para mejorar la salud y la fuerza de voluntad. Al mismo tiempo para que la gente entienda la vida, experimente la vida y disfrute de la vida. Los españoles anhelan el wushu chino y la cultura china cada vez más. En realidad, lo que le atrae a la gente del wushu no es lo violento ni la conquista de lo letal, sino el aprendizaje de lo interior frente a lo exterior, esencia de civilización oriental. Lo más atractivo para los españoles es que no sólo llegan a dominar las artes marciales, sino que llegan a comprender profundamente las características del wushu desarrollando su ser interior, además mucha gente empieza a considerar el espíritu del wushu como algo oculto en su ser interior. Algo que ni el mismo Zhu Qihui hubiera imaginado cuando comenzó a enseñar su talento.

Más sobre el Kungfu en ConfuciusMag (En inglés)


Revista Instituto Confucio 4

pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 4. Volumen I. Enero de 2011.
Ver / descargar el número completo en PDF 

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