Picasso y su amistad con dos grandes pintores chinos

Picasso mantuvo un especial interés por China y su cultura, e incluso dos famosos pintores chinos, Zhang Ding y Zhang Daqian, le visitaron en su villa en Francia.

Picasso en su estudio.
Picasso en su estudio.

Reportaje de
Wang Wen
王文
Hasta la fecha, el genio español Pablo Picasso (1881-1973) sigue siendo uno de los mejores artistas del mundo occidental contemporáneo, no sólo para los chinos, sino también para todo el mundo. Él mismo y sus obras ocupan un lugar destacado en la historia del arte universal, siendo el primer pintor en exhibir jamás sus creaciones en el museo parisino del Louvre cuando aún estaba vivo. Según una encuesta realizada por un periódico francés en el febrero de 1999 sobre los artistas más influyentes de la humanidad, Picasso se situó a la cabeza de los diez pintores más importantes del siglo XX con el 40 por ciento de los votos.

La fama que tiene el gran pintor en China se debe también a los siguientes motivos: El Guernica, quizá su obra más representativa, fue incluido en los libros de textos chinos para la enseñanza de las Bellas Artes en las escuelas primarias; la imagen de la paloma de la paz que creó el pintor es conocida mundialmente y alcanzó gran fama sobre todo durante los años cincuenta del siglo pasado; su interés especial por China y la cultura del país asiático, sus famosos líos de faldas, etc.

El diseñador Zhang Ding  en la única visita que le hizo a Picasso.
El diseñador Zhang Ding en la única visita que le hizo a Picasso.

Zhang Ding, el primer amigo chino de Picasso

Zhang Ding fue el primer amigo íntimo chino de Picasso. Zhang, aunque era un pintor contemporáneo de renombre en China, nunca logró, debido quizá a su humildad y sencillez, la fama de otros artistas de su época tales como Qi Baishi, Xu Beihong, Huang Binhong o Li Keran, sin embargo sus obras son reconocidas por todos aún sin saber que son suyas.

Alrededor de los años cincuenta del siglo pasado, fue el primer diseñador de la imagen de la nueva China recién nacida, así diseñó el emblema de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh), así como el interior de la Huairentang y de la Qinzhengdian, dos salas importantes de Zhongnanhai, sede del Gobierno central de China. En 1949, se encargó de la dirección artística de la gran ceremonia de la fundación de la República Popular China. De la tribuna de Tian’anmen colgó ocho grandes linternas rojas, símbolo tradicional de esplendor nacional. En el mismo período dirigió también el diseño del sello postal de la Conferencia Consultiva Política del país, así como el de los sellos conmemorativos de la fundación y del décimo aniversario de la República Popular China.

En aquel entonces, Zhang Ding y Liang Sicheng, famoso arquitecto chino, dirigieron respectivamente dos equipos creativos -el del Instituto Nacional de Bellas Artes y el de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Tsinghua-, para la realización del diseño del escudo nacional. El proyecto planteado por el equipo de Zhang incluía los siguientes componentes: ruedas de engranaje rojas y espigas de color oro, símbolos de la alianza entre los obreros y los campesinos, así como también una estrella en representación de la dirección del Partido Comunista Chino (PCCh). Tal idea fue aprobada por el primer ministro chino Zhou Enlai. En 1950, mandó colgar él mismo el primer escudo gigante de más de 3 metros de diámetro en la tribuna de Tian’anmen. El mismo año, con tan sólo 32 años, participó también en los proyectos de diseño como la “porcelana de la fundación” y el Monumento a los Héroes Nacionales del pueblo chino también situado en la plaza de Tian’anmen.

Entre 1951 y 1956 las obras dirigidas por él fueron exhibidas en diversas ciudades europeas, tales como Praga, Moscú, París, Varsovia, Leipzig, Roma, etc., demostrándole al mundo una imagen positiva y activa, una imagen de lo que la nueva China necesitaba en los primeros años de su fundación. Las exposiciones, en las que el diseñador solía incluir los más importantes elementos culturales chinos –caligrafía, pintura tradicional, tela azul estampada, sombras chinescas, jardines del sur de china, etc.-, siempre atraían oleadas de visitantes. Algunas de las imágenes diseñadas por Zhang fueron usadas para la elaboración de sellos en los países donde se exhibían las exposiciones.

Los murales de la sala principal del aeropuerto de la capital fueron diseñados también por él en 1979 y en ellos se expresaban la renovación y la resucitación de la concepción del arte contemporáneo chino.

Zhang encontró un día por azar un álbum de pinturas de Picasso en la casa de un compañero de una familia acaudalada y se quedó conmovido por su temperamento fuerte, su espíritu rebelde, su gran imaginación y su libre expresión.

El mismo año dirigió el diseño de los murales del metro de Beijing creando dos frescos grandes: Nezha conquistando el Rey Dragón y Gran muralla en Yanshan, los cuales tuvieron una gran repercusión dentro y fuera del país. Sus obras se guardan también en varias mansiones famosas de China, tales como el Hotel Gran Muralla de Beijing o en la Torre del Banco de China en Hong Kong.

El diseñador Zhang comentó en una ocasión que la primera vez que vio las obras de Picasso fue cuando estudiaba en la Academia de Bellas Artes de Beijing en 1932. Un día encontró por azar un álbum de pinturas de Picasso en la casa de un compañero de una familia acaudalada y se quedó conmovido por su temperamento fuerte, su espíritu rebelde, su gran imaginación y su libre expresión. En aquella época, se trasladó a Beijing con tan sólo 16 años tras abandonar su pueblo natal en el noreste de China. Se sentía cada día más descontento con la atmósfera conservadora de la academia y las pinturas tradicionales, conceptualizadas y divorciadas de la vida real, de modo que empezó a dibujar caricaturas políticas. Más tarde, fue detenido y encarcelado por su propaganda anti japonesa. Aún en la cárcel, reprodujo la obra de Picasso titulada “Payaso”, gracias a su buena memoria. Al estallar la guerra chino-japonesa se trasladó a Yan’an (provincia de Shaanxi, en el noroeste del país). Dictó clases en la famosa Academia de Bellas Artes Lu Xun dando a conocer a Picasso, Van Gogh, el impresionismo, así como la aplicación del color y la metamorfosis en la pintura moderna occidental. Cabe mencionar que la Exposición Anual de Éxitos del Gran Movimiento de Labores Productivas en Yan’an diseñada por Zhang impresionó mucho a la misión observadora estadounidense y a las delegaciones de periodistas nacionales e internacionales de aquel entonces, pues para ellos era increíble ver un diseño de exposición tan exquisito y único en una ciudad pequeña del interior de China.

En 1956, Zhang Ding fue mandado a París a dirigir el diseño del pabellón chino en la Feria Internacional de Arte. El diseñador, emocionado por viajar al país donde Picasso pasó la mayoría de su tiempo, preparó de antemano un regalo muy especial para él: un par de grabados de los dioses chinos que él mismo atesoró durante muchos años y que guardó expresamente para entregárselos al artista español si algún día tenía el placer de conocerlo.

En una ocasión, cuando Zhang se encontraba todavía en París, recibió un telegrama del Ministerio de Cultura chino ordenándole acompañar a una delegación cultural china a visitar toda Francia. Inmediatamente le propuso al jefe de la delegación visitar a Picasso en el sur de Francia. Debido a que el pintor español era también miembro del Partido Comunista Francés, la propuesta fue aprobada y hecha realidad.

Aquella tarde, cuando llegaron los visitantes chinos a la villa costera de Picasso, el pintor acababa de levantarse de la siesta y les dio una calurosa bienvenida. Les llevó a conocer su estudio repleto de sus nuevas obras. Sin embargo, el resto de muebles y utensilios de la casa eran muy viejos. El afamado artista parecía no darse cuenta de las paredes con pintura desprendida, del sofá con muelles salidos y de otras incomodidades impropias de un hombre de su categoría.

Como Zhang Ding era el único que conocía bien a Picasso dentro de la delegación china, se convirtió en el protagonista durante la visita al artista. Debido a la rígida disciplina diplomática de aquel entonces y a los problemas de la traducción, los visitantes no podían hablar mucho de lo que les apetecía con el maestro, sin embargo, hubo un par de detalles que Zhang nunca olvidaría.

En un principio, el diseñador chino quería nombrar a Picasso “ciudadano de honor” de China, pero como no tenía poder de decisión ni tiempo para consultar a sus superiores, le propuso al artista que visitara su país. Tras pensárselo un momento, Picasso le contestó que China era un destino muy preciado, pero como ya era muy mayor, temía que ver de primera mano el arte chino significara una influencia muy poderosa que le supondría un cambio radical en su propio estilo. La respuesta era lógica y conforme a la personalidad de Picasso, ya que perseguían sin cesar la innovación artística y el cambio en el medio ambiente podía influir en su forma de trabajar. Sin embargo, con una edad de 76 años ya no podía absorber tanto de la cultura china como antaño hiciera con la africana.

El diseñador chino quería nombrar a Picasso “ciudadano de honor” de China, pero como no tenía poder de decisión ni tiempo para consultar a sus superiores, le propuso al artista que visitara su país. Tras pensárselo un momento, Picasso le contestó que China era un destino muy preciado, pero como ya era muy mayor, temía que ver de primera mano el arte chino significara una influencia muy poderosa que le supondría un cambio radical en su propio estilo.

Otro detalle fue que Zhang, por más que lo intentó, no consiguió regalarle el par de grabados que le había llevado con tanto esmero, ya que un miembro de la delegación no se lo permitió al considerar que los dioses de la puerta podrían simbolizar las creencias supersticiosas y atrasadas de la antigua China, afectando así la imagen de la nueva nación recién fundada. Entonces, el diseñador le regaló en su lugar un extraordinario álbum de pinturas de Qi Baishi.

Toda la visita se desarrolló en un tono muy agradable, puesto que el maestro español tenía mucho carisma y buen sentido del humor. Antes de terminar la entrevista, les llevó a todos a la sala de descanso. Allí delante de un espejo grande, el pintor se puso una armadura y un casco y se convirtió de inmediato en un caballero medieval, lo que produjo mucha risa a los visitantes. En ese momento Picasso les dijo: “Cada uno tiene su propia manera de descansar. Soy español, así que cada vez que me siento cansado me entretengo así”. Además, le regaló a Zhang un álbum suyo recién publicado, en el que el pintor escribió en rojo y azul los dos caracteres del nombre chino de Zhang Ding, imitando lo que estaba impreso en la tarjeta de visita del diseñador chino y pintó a continuación una paloma con una rama de olivo, debajo de la cual puso su rúbrica.

Esta entrevista fue el único contacto físico entre Zhang Ding y Picasso. A causa de la situación política de China en esa época, los dos artistas no tuvieron más correspondencia epistolar hasta 1973, año en el que falleció el gran artista malagueño. Durante ese período, aunque la influencia de Picasso en China no dejaba de crecer, sus obras aparecían muchas veces como materiales de enseñanza negativos, circunstancia que deprimía mucho a Zhang Ding, gran admirador del maestro.

No fue hasta 1983 cuando las obras originales de Picasso se expusieron por primera vez en China. En una entrevista Zhang manifestó: “Antes no quería hablar de Picasso, no porque recibiera presiones sino porque su arte es ilimitado, por lo que es difícil expresar mi adoración hacia él con mis limitadas palabras. Hoy en día existe todavía mucha gente que no entiende del todo la obra de Picasso. A ellos les tengo que decir que si uno sólo sabe sumar y restar, no puede creerse capaz de entender las teorías de la física de Einstein, y lo mismo sucede con Pablo Picasso y su excelsa obra”.

Visita de Zhang a Picasso.
Visita de Zhang a Picasso.

Zhang Daqian, huésped inesperado de Picasso

Un mes después de la visita de Zhang Ding a Picasso, ocurrida el 29 de julio de 1956, otro famoso pintor chino, Zhang Daqian, acudió a la villa del famoso artista español para conocer en persona su obra.

En mayo de 1956, Zhang Daqian, a la edad de 57 años, viajó a París, junto con su esposa Deng Wenbo, en respuesta a la invitación del director del Museo de Arte Moderno de la Villa. El pintor chino realizó dos exposiciones: una, titulada “Obras Recientes de Zhang Daqian”, que fue expuesta en el Museo del Louvre; y la otra, denominada “Copias de frescos de Dunhuang” y mostrada en el Museo Oriental. Cabe mencionar que el director del Museo de Arte Moderno de la Villa de París organizó al mismo tiempo una exposición de titulada “Obras inéditas de Matisse” en el Museo de Louvre con la intención de facilitar el intercambio y la confrontación de los dos representantes artísticos con orígenes tan distintos.

La crítica francesa consideraba que las obras de Zhang podían igualarse a las de Picasso por el color, la forma y la técnica. Por lo tanto, a Daqian se le ocurrió la idea de hacer una visita al famoso pintor malagueño. Como Zhang no conocía mucho la obra de Picasso, pidió ayuda a Zhao Wuji, pintor chino que residía en Francia y al director del Museo de Arte Moderno de la Villa. Sin embargo, ambos eran conocedores del carácter excéntrico y de la gran fama del maestro español y se sintieron incapaces de ayudarle por temor a recibir una negativa como respuesta. Entonces, a Daqian no le quedó otro remedio que llamar directamente a Picasso usando la ayuda de un intérprete de francés. La secretaria del pintor, Jacqueline, quien llegó a ser su esposa, anotó el teléfono de Zhang al recordar la admiración que Picasso siempre sentía por la pintura china. Dos horas más tarde, llamó a Daqian para comunicarle que al día siguiente podría reunirse con Picasso en la inauguración de una exposición de cerámica que se iba a celebrar en un pueblo cercano a donde ellos residían.

Al día siguiente, los esposos Zhang y su intérprete llegaron muy contentos a la ceremonia, en la que reinaba un ambiente festivo. Un poco más tarde, Picasso fue llevado a hombros por los admiradores mientras el artista, a sus 75 años y de pelo cano, saludaba con la mano y sonreía a la gente. Daqian nunca había visto un pintor con tanta popularidad. Su intérprete se dirigió a hablar con el maestro español y quedaron en entrevistarse al día siguiente en la casa del artista.

Ese día, para recibir al pintor chino, Picasso se afeitó la barba y se vistió con una camisa a cuadros. Cuando Zhang Daqian entró en su estudio, el pintor sacó las reproducciones de las acuarelas de Qi Baishi para pedirle consejo al maestro chino. A Daqian le sorprendió el gran interés que mostraba el famoso pintor occidental por la pintura china. Le explicó entonces las características y los usos de los pinceles chinos, así como la importancia de la concepción artística en la pintura tradicional china. Todo eso lo escuchó Picasso con mucha atención, pues desde que el diseñador chino Zhang Ding le regalara ese álbum de Baishi Qi un mes antes, empezó a sentir cada día más interés por el arte tradicional chino.

Picasso insistió con más emoción: “Los chinos sois los primeros en el mundo artístico. Los japoneses son los segundos, aunque su arte también proviene de China, y los terceros son los africanos. ¡Los occidentales no somos nadie en este campo!”

Luego, a petición del pintor español, Daqian escribió con un pincel chino y tinta negra los tres caracteres de su nombre. Al presenciar la técnica caligráfica de Zhang, Picasso exclamó con admiración: “!No entiendo de verdad por qué los chinos venís a París a estudiar arte!”

Zhang se quedó sorprendido por sus palabras y le pidió que lo repitiera creyendo que el intérprete se lo había traducido mal. Y Picasso le volvió a decir que no sólo no había arte en Francia, sino que en todo el mundo occidental tampoco lo había. Al ver la actitud modesta de Zhang, el gran pintor le insistió con más emoción: “Los chinos sois los primeros en el mundo artístico. Los japoneses son los segundos, aunque su arte también proviene de China, y los terceros son los africanos. ¡Los occidentales no somos nadie en este campo!”

Sin embargo, no podemos omitir que el comentario que hizo Picasso sobre el arte oriental y el occidental lo contó Daqian en repetidas ocasiones cuando ya era un pintor retirado. Aparte de eso no hay más registros sobre la conversación entre los dos pintores. Por lo tanto, no sabemos si Zhang recordaba las palabras de Picasso tal cual las dijo él o cometió algún error por motivos psicológicos o emocionales. No nos extrañan los elogios del maestro español al arte chino, japonés o africano, pero parecen irracionales sus críticas tan agudas al arte occidental.

Ese día, Picasso incluso cenó con los esposos Zhang. Pasearon por el jardín y se hicieron algunas fotos juntos. El maestro le regaló a Daqian una pintura suya titulada “Fauno Español”. La noticia de su entrevista se divulgó pronto por toda la ciudad de París.

Más tarde, Daqian dibujó especialmente una acuarela de bambúes para Picasso y, además, le regaló un juego de copias calcadas de las pinturas chinas de la dinastía Han (206 a.C.-221 d.C.) y unos pinceles preciosos.

Seis años después de la visita, Daqian volvió a París. En el restaurante de su buena amiga Feiman el pintor observó con sorpresa una pintura de Picasso hecha con tinta china llamada “Santa Teresa en hierbas”. Dicen que se la regaló el maestro español a la dueña del restaurante por su gentil hospitalidad y la relación íntima de ella con Daqian.

Diez años después, Picasso recibió dos pinceles chinos que Zhang le envió desde Brasil, donde encontró un ranchero que le elaboró ocho pinceles de gran calidad con los pelos escogidos en las orejas de 2500 vacas de tres años y regaló dos de ellos a su viejo amigo en Francia.

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La famosa diseñadora española Benedetta Tagliabue del prestigioso estudio de arquitectura Miralles Tagliabue, 44 años después, visitó el pueblo de Neijiang (provincia de Sichuan), ciudad natal de Zhang Daqian, con el fin de contribuir a la construcción del museo del pintor chino. La diseñadora es muy conocida en China, ya que participó en la evaluación del Estadio Olímpico de Beijing, siendo la única mujer en el equipo de diseño de los pabellones olímpicos de Beijing, y también fue la diseñadora del Pabellón de España en la Expo de Shanghai en 2010.

A Daqian le gustaba viajar. Aparte de vivir en China continental y en Taiwán, residió también en Brasil, Argentina y en los Estados Unidos. Participó en conferencias en Darjeeling (India) y organizó exposiciones en Tokio, Hong Kong, Singapur, Bangkok, París, Bruselas, Atenas, Madrid, Ginebra y otras ciudades europeas y americanas, dedicándose a difundir la cultura china. En el año 1958, la Academia Internacional de Arte en la Exposición Internacional de Bellas Artes Modernas de Nueva York nombró a Zhang Daqian “Primer Pintor Universal”.

Hasta la fecha, una foto de Daqian y Picasso, que representa su íntima amistad, cuelga todavía en la sala de la planta baja de la residencia antigua del maestro chino, convertido en la actualidad en el Mausoleo de Zhang Daqian. 


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pdfPublicado originalmente en la Revista Instituto Confucio.
Número 3. Volumen III. Noviembre de 2010.
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