Xu Guangqi y Matteo Ricci: Encuentro entre oriente y occidente

El mandarín Xu Guangqi, futuro ministro del gabinete del emperador Wanli de la dinastía Ming, viajó en 1600 a Nanjing para visitar y conocer en persona al misionero jesuita Matteo Ricci, el primer encuentro sincero de la cultura oriental y occidental.

Xu Guangqi y Matteo Ricci
Estatua de Xu Guangqi (1562-1633) en el parque que lleva su nombre en Shanghai.

Reportaje de
Wang Wen
王文
La calle Xújiāhuì (徐家汇, conocida en shanghainés como Zikawei) está situada en el distrito de Xuhui, al suroeste del centro de la ciudad de Shanghai. Aunque no es tan bulliciosa ni famosa como la calle Nanjing, es uno de los centros comerciales más concurridos de la urbe y está repleto de rascacielos de cristal con oficinas y hombres de negocios. Al estar formado el barrio por cientos de chalets ajardinados que en su momento pertenecieron a la concesión francesa y que se han conservado casi intactos hasta hoy en día es, además, una de las zonas más características y entrañables de Shanghai. También cuenta con dotaciones culturales tales como la escuela secundaria Xuhui, que se alza detrás de los rascacielos, una biblioteca, una iglesia católica, un observatorio y la tumba de Xu Guangqi (1562-1633), entre otros.

Xu Guangqi y Matteo Ricci
Tumba de Xu Guangqi, fallecido en 1633.

El origen del topónimo Xujiahui está estrechamente relacionado con el mandarín Xu Guangqi y sus descendientes. Así, en 1607, Xu Guangqi, ministro del gabinete del emperador Wanli (1572-1620) de la dinastía Ming (1368-1644), enterró aquí a su padre y promovió la fundación de nuevos pueblos en esta zona y la exploración de estas tierras. Dedicó su vida a la investigación científica agrícola y redactó múltiples tratados sobre agricultura. Además, investigó sobre fertilizantes, el control de las aguas, la horticultura o la silvicultura entre otros muchos aspectos. Xu Guangqi murió en Beijing en 1633 donde fue enterrado, posteriormente en 1641 los familiares decidieron trasladar su cuerpo y depositarlo junto al lugar donde descansaba su padre. Sus descendientes, que seguían viviendo aquí, formaron un pueblo que perduró y creció generación tras generación. Debido a que esta zona se sitúa en la concurrencia de tres ríos y es el lugar donde viven los descendientes de Xu Guangqi, se le puso el nombre de Xujiahui (literalmente algo así como “reunificación de la familia Xu”), aunque, en verdad, el estudioso chino nació en Shanghai, cerca de la calle Qiaojia en el distrito de Huangpu.

En 1593, cuando Xu Guangqi enseñaba en Shaozhou (provincia de Guangdong), conoció por casualidad a Guo Jujing, un misionero italiano. Ésta fue la primera vez que vio a un extranjero occidental, y también la primera vez que pudo observar un mapamundi y darse cuenta que más allá de las fronteras de China existía un gran mundo

En 1593, cuando Xu Guangqi enseñaba en Shaozhou (provincia de Guangdong), conoció por casualidad a Guo Jujing, un misionero italiano. Ésta fue la primera vez que vio a un extranjero occidental, y también la primera vez que pudo observar un mapamundi y darse cuenta que más allá de las fronteras de China existía un gran mundo. Entonces descubrió además que la tierra bajo sus pies era redonda, que navegantes como Fernando de Magallanes (1480-1521) habían dado la vuelta al mundo en barco y vio por primera vez un telescopio astronómico. Supo por parte de Guo Jujing que había otro misionero occidental que aún tenía mayores conocimientos sobre el mundo más allá de las fronteras de China. En la primavera de 1600, Xu Guangqi viajó a Nanjing para visitar y conocer en persona a Li Madou.

Xu Guangqi y Matteo Ricci
Estatua de Matteo Ricci y Xu Guangqi. Su amistad y afán de conocimento vencieron los prejuicios y permitieron un profundo acercamiento entre Occidente y Oriente.

El nombre original de este jesuita nacido en Macerata (Italia) era en realidad Matteo Ricci (1552-1610). Poseía un alto dominio en las matemáticas, física, astronomía y medicina, además de una gran destreza en la manufacturación de relojes, cuadrantes y en la elaboración de mapas y esculturas. Se graduó en un seminario cuando tenía treinta años y La Compañía de Jesús lo envió a China a difundir y predicar el cristianismo. Tras pasar primero dos años en Goa (actual India), donde se ordenó sacerdote, el 7 de agosto de 1582 llegó a la colonia portuguesa de Macao con el fin de, en teoría, facilitar las relaciones diplomáticas con China. Posteriormente se dedicó en realidad a difundir la religión entre los chinos. Para familiarizarse más con el país, empezó a estudiar la lengua china con mucho entusiasmo, llegándola a dominar perfectamente, incluso los clásicos, conoció y participó activamente de la cultura china, cambió sus hábitos de monje por indumentaria tradicional china, realizó actividades según los ritos, las costumbres y las tradiciones chinas, e incluso se puso a sí mismo un nombre chino: Lì Mǎdòu (利玛窦).

Xu Guangqi y Matteo Ricci
Monumento de Matteo Ricci (1552-1610) en su ciudad natal de Macerata (Italia).

Xu Guangqi le expresó al italiano su profunda admiración y su deseó de estudiar de su mano la ciencia y los conocimientos occidentales. Por otro lado, Li Madou también quería aprender de él todo lo necesario sobre la antigua cultura china. Al conocerse por primera vez, como si de viejos amigos se tratara, se hablaron de una manera muy fraternal. Al despedirse, Li Madou le regaló dos folletos de divulgación católica. En 1603, después de tres años de cautelosa consideración, Xu Guangqi se bautizó con el nombre de Paul e hizo lo mismo con toda su familia en Nanjing, e ingresaron en la religión católica. Eran siempre los creyentes más devotos de la iglesia y cumplían las normas religiosas, incluso abandonó la idea de tener una concubina, a pesar de que en aquel entonces contaba con tan solo un hijo.

Al segundo año de conocerse, Xu Guangqi se presentó como candidato al examen imperial y lo aprobó, por lo que fue a Beijing, capital de la dinastía Ming, a trabajar como funcionario. Ese mismo año, Li Madou también fue a Beijing y le regaló al emperador Wanli un ejemplar de La Biblia, así como diversas pinturas al óleo, relojes de música, pianos occidentales, un globo terráqueo, una brújula, un cuadrante y otros objetos traídos desde Venecia, tales como un espejo de maquillaje, una lupa, un telescopio, unas gafas para miopes, etc. De entre todos el que más le impresionó al emperador fue el llamado “mapa de la mirada de países del mundo” (1) , primer mapamundi chino al estilo europeo realizado en 1602 por el misionero italiano, que sirvió para derribar completamente por primera vez la concepción que siempre habían tenido los chinos de que China era el centro de todo el mundo.

Después de un período de estudio sobre las teorías básicas y los razonamientos lógicos de Euclides, Xu Guangqi adquirió una profunda admiración por su obra y le propuso a Li Madou traducir juntos ese libro al chino.

El emperador Wanli estaba muy contento con la llegada de Li Madou y sus compañeros, por ello les permitió que se alojaran en el palacio y enseñaran a los eunucos las técnicas de reparar relojes y tocar el piano. Posteriormente, consiguieron el permiso imperial para asentarse fuera de la Puerta Xuanwu para realizar actividades misioneras. Xu Guangqi solía visitar a Li Madou en su tiempo libre y fue así como ambos establecieron una profunda y duradera amistad. Ese mismo año, China se desvinculó de La Compañía de Jesús perteneciente a la parroquia japonesa y Li Madou fue asignado como el mayor responsable de la congregación china. Por una curiosa casualidad, ambos ascendieron en su carrera profesional hasta un cargo en el cual mostrar con plenitud todo su talento.

Xu Guangqi y Matteo Ricci
Euclides, el padre de la geometría, en un panel de la serie “Hombres famosos” de Joos van Wassenhove (c. 1474). Su obra Los elementos fue traducida gracias a la colaboración entre Matteo Ricci y Xu Guangqi bajo el nombre de Jǐhé (几何).

En 1605, Xu Guangqi volvió a pedirle a Li Madou que le enseñara conocimientos científicos occidentales. Por fin, el segundo lo aceptó como pupilo sin vacilación. A través de la obra maestra titulada Los elementos del matemático griego Euclides (siglo III a.C.), más conocido como “El padre de la geometría”, le explicó al investigador chino los conceptos de la ciencia occidental basados en los cinco postulados de las formas regulares de los objetos y la teoría de la divisibilidad. Después de un período de estudio sobre las teorías básicas y los razonamientos lógicos de Euclides, Xu Guangqi adquirió una profunda admiración por su obra y le propuso a Li Madou traducir juntos ese libro al chino.

En primer lugar, la traducción se realizaba por medio de la interpretación oral palabra por palabra al chino hecha por Li Madou, y Xu Guangqi se encargaba de anotarla. Posteriormente, Xu corregía e interpretaba cada palabra y cada frase y la transformaba en un concepto entendible en mandarín. Posteriormente, después de minuciosos estudios y repetidas discusiones entre ambos, intentaron expresar cada significado con palabras exactas que ya existían en chino. Al final, Li Madou revisó el resultado con la obra original de Euclides. Los términos traducidos al chino como “punto”, “línea”, “plano”, “superficie”, “línea paralela”, “oblongo”, “rombo”, “diagonal”, “triángulo”, “cuadrilátero”, “polígono”, “ángulo recto”, “ángulo agudo”, “ángulo obtuso”, “figuras semejantes”, “figura circunscrita”, etc. fueron la cristalización de la sabiduría de los dos, uniendo la mentalidad occidental con la oriental. El uso de estos términos esta generalizado hoy en día, incluso estas palabras se difundieron posteriormente por países como Japón o Corea. Destaca mencionar que el libro se denominó en chino Jǐ (几何), que, en realidad, es un pronombre interrogativo, pues significa “cuánto, cuántos”, adquiriendo posteriormente el significado de “geometría”. Esta denominación, utilizada para dar título al libro y posteriormente para denominar ese tipo de ciencia es, como vemos, muy imaginativa, creativa y extraordinaria.

Xu Guangqi y Matteo Ricci
El “mapa de la mirada de países del mundo” realizado por Matteo Ricci es el primer mapamundi chino al estilo europeo.

En 1607 se publicaron oficialmente los primeros seis volúmenes traducidos de Los elementos, convirtiéndose en la primera traducción de un manual occidental en la historia de China y en la primera obra sobre ciencia natural en la historia de la comunicación y el intercambio entre la ciencia oriental y la occidental. Por ello, a Xu Guangqi se le conocía como “la primera persona que vio el mundo con ojos bien abiertos”, doscientos años antes que Lin Zexu (2), de la dinastía Qing (1664-1911). Tras el fallecimiento de Li Madou en 1610, junto con la cooperación del misionero católico español Diego de Pantoja (1571-1618) y del jesuita italiano Sabatino de Ursis (1575-1620), Xu revisó y republicó la obra Los elementos.

Cuando Xu Guangqi conoció a Li Madou y empezó a estudiar de él la cultura científica occidental, el italiano ya era una persona de mediana edad y llevaba en China más de veinte años, con lo que su relación duró un tiempo. Sin embargo, fue tan intensa que supuso un importante punto de viraje en su vida y además le ayudó a conseguir una gran reputación en toda China. Xu vio que la ciencia occidental era un conocimiento que beneficiaría en muchos aspectos la vida de las generaciones posteriores, por ello la estudió concienzudamente y consultó a muchos otros eruditos extranjeros.

Los funcionarios de letras en la corte de aquel entonces se burlaban que todo lo que estudiaba Xu eran simples trucos sutiles, ridículos e inútiles, a lo que él les refutó diciendo que la ciencia occidental “era la base fundamental de todos los usos”.

Además de traducir la obra Los elementos, aplicó los conocimientos científicos occidentales como la topografía, la hidráulica y la astronomía en los sectores de la agricultura, en la elaboración de calendarios o en los campos militares. Por otro lado, durante su tiempo libre realizaba experimentos científicos agrícolas en Beijing, Tianjin y Shanghai, introduciendo además técnicas avanzadas para el cultivo del boniato y el algodón. Los funcionarios de letras en la corte de aquel entonces se burlaban que todo lo que estudiaba Xu eran simples trucos sutiles, ridículos e inútiles, a lo que él les refutó diciendo que la ciencia occidental “era la base fundamental de todos los usos”. La modestia, sinceridad y confianza que mostró cuando contactaba con la cultura occidental, por un lado reveló su erudición y su conducta personal y por otro, reflejó la apertura y la confianza de la dinastía Ming. Después de todo, Zheng He (1371-1433) siglos antes dirigió majestuosas flotas por los “océanos occidentales” y, en aquel entonces, la fuerza nacional de China todavía era muy poderosa. Pudiera ser que el emperador de la dinastía Ming considerara que China era comparable a Occidente en muchos aspectos. Sin embargo, en un imperio cerrado y autocrático como el que le tocó vivir a Xu, el erudito chino se atrevió a tomar a expertos extranjeros como maestros, e ingresó públicamente en la Iglesia Católica. Así, por un lado mostró su extraordinaria perspicacia y su inteligencia y por otro, se benefició de la tolerancia y la mente abierta del emperador que no le acusó de traidor, a pesar de que había muchos cortesanos que le tacharon de ello.

Xu Guangqi y Matteo Ricci
Catedral de San Ignacio en Xujiahui (Shanghai) construida por los jesuitas a principios del siglo XX. Xu Guangqi se convirtió al catolicismo de la mano del italiano Ricci.

Antes de Li Madou, muchos misioneros de La Compañía de Jesús, fundada en París (Francia) en 1534 por San Ignacio de Loyola, intentaron en vano difundir la religión católica en China. Casi ninguno de ellos hablaba chino, ni conocía la historia y la sociedad chinas, y aún menos las costumbres tradicionales del país. Michele Ruggieri (1543-1607), jesuita italiano en China, se convirtió en el primer sinólogo occidental, y fue con él con quien Li Madou aprendió el idioma. Más tarde, Matteo Ricci inició contactos para conocer la cultura, la sociedad y la situación de la época de China, intentó realizar actividades misioneras según el sistema y la etiqueta local y entendió las costumbres de rendir homenaje a Confucio y la de celebrar una ceremonia en memoria de los ancestros. Li Madou, muy inteligente, incluso ideó una estrategia para difundir la religión en China a través de los funcionarios oficiales y la clase alta. Su conducta y prácticas no sólo sirvieron como modelo para los posteriores misioneros en China, sino que también fueron bautizadas por el emperador Kangxi (1654-1722) de la dinastía Qing como las “reglas de Ricci”. Ya sea por motivos estratégicos o de otro tipo, la actitud que tomó el italiano durante su período en China básicamente era cortés, templada e igualitaria. El profundo respeto que mostró Matteo Ricci hacia el gobierno chino, a la cultura china y a los creyentes chinos correspondió con la doctrina católica que predicaba y le sirvió para ganarse el cariño y la confianza de todo el pueblo chino.

Xu Guangqi y Matteo Ricci
Explicación técnica en chino de la astronomía europea escrita por Matteo Ricci con ayuda de su amigo Li Chih-tsao.

Tras la caída de la dinastía Ming llegaron los manchúes y China una vez más cerró sus puertas al exterior. En consecuencia, la ciencia occidental también fue abandonada. Las obras maestras occidentales como Los elementos solamente se convirtieron en las aficiones exclusivas de los emperadores Kangxi, Yongzheng (1678-1735) y Qianlong (1711-1799). Además, para poder sobrevivir la ciencia occidental tuvo que adaptarse a la sociedad china de aquel entonces. A finales de la dinastía Qing, en 1905, se abolió es sistema de exámenes kējŭ (科举) –vigente desde el año 606- y las enseñanzas pasaron a impartirse en las escuelas, donde también se instituyó la geometría, casi 300 años después de que Xu Guangqi y Matteo Ricci tradujeran y publicaran en chino la famosa obra de Euclides.

A finales de la dinastía Qing, en 1905, se abolió es sistema de exámenes kējŭ (科举) –vigente desde el año 606- y las enseñanzas pasaron a impartirse en las escuelas, donde también se instituyó la geometría, casi 300 años después de que Xu Guangqi y Matteo Ricci tradujeran y publicaran en chino la famosa obra de Euclides

Sin embargo, en aquel momento, el imperio Qing ya no tenía la capacidad y la fuerza que poseía la dinastía Ming. Por lo que la ciencia y la cultura occidental perdieron el porte majestuoso y la tolerancia de la que gozó durante la época de Xu Guangqi. Así, se limitaban a plantear eslóganes como “Aprender de los técnicos extranjeros para resistir su invasión” o “Los conocimientos chinos como principio y los occidentales como usos”. Esto hizo que la corte Qing perdiera la valentía y la determinación que tenían los gobernantes de la dinastía Ming. Ya no se trataba de una cuestión de sinceridad o modestia, sino de conciencia culpable y desasosiego.

Por eso, consideramos al contacto entre Matteo Ricci y Xu Guangqi como el primer encuentro sincero de la cultura oriental y occidental. Aunque ese primer acercamiento tuvo lugar realmente en Nanjing y prosiguió en Beijing –donde el jesuita italiano fue enterrado y con él toda su obra y logros-, en la calle Xujiahui de Shanghai sobrevive esa mezcla de cultura entre Oriente y Occidente de una forma pacífica y natural, apoyada y edificada por los descendientes de Xu. Ahora, la majestuosa iglesia católica, los creyentes de nacionalidad china y el barrio francés emulan un riachuelo de cultura mixta que ha perdurado hasta nuestros días. 

Notas: 

(1) A este mapa se le conoce en chino como Kūnyu Wànguó Quántú o 坤舆万国全图 y mide 1,52 m. de ancho por 3,66 m. de largo.

(2) Lín Zéxú (林则徐) fue un erudito y mandarín oficial de la dinastía Qing reconocido por su lucha por lograr una conducta moral ejemplar en la sociedad china y por haber sido líder contra el comercio de opio en Guangzhou.


Revista Instituto Confucio 9

pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 9. Volumen VI. Noviembre de 2011.
Leer este reportaje en la edición impresa

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