Octavio Paz

La influencia de la poesía china en Octavio Paz

La figura de Octavio Paz emerge en el siglo XX como uno de los poetas y ensayistas más grandes de la literatura latinoamericana. El insigne escritor mexicano (1914-1998) ganó, entre otros muchos galardones, el Premio Miguel de Cervantes en 1981 y el Nobel de Literatura en 1990. Su interés por la literatura y la filosofía chinas, reflejado en su obra, ha influido sobremanera en diversas generaciones de escritores latinoamericanos.

Reportaje de
Liao Yanping
廖燕平 
Octavio Paz nació en 1914 en Ciudad de México. Tanto su abuelo paterno como su padre fueron reconocidos escritores y periodistas de la época. Cuando tenía cinco años, Paz empezó a estudiar en los colegios francés e inglés de México, y también se educó durante un breve periodo de tiempo en EE.UU. Tuvo pues una infancia y una educación enriquecedora caracterizadas por un ambiente multicultural. Con esos mimbres, cultivó un pensamiento dinámico y abierto, que se desarrollará a lo largo de su vida, con el que dotar de una sólida base a su estilo literario. Un estilo que combina los elementos indígenas americanos y la tradición española, así como las culturas oriental y occidental. 

Fue un niño inteligente y trabajador que, a los 14 años, empezó a cursar clases de filosofía, literatura y derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. Además se apresuró a leer obras clásicas. Desde muy joven manifestó un gran interés por la creación literaria y, a los 17 años, comenzó a publicar poemas en las revistas que él mismo editaba con lo que, a los 23, ya se le consideraba un poeta con mucho talento.

En 1945, con el final de la II Guerra Mundial, el autor inició su carrera diplomática al asumir el cargo de embajador en la India y Japón. Fue su primer contacto de cerca con la cultura oriental y le permitió explorar en profundidad los conocimientos sobre geografía, historia, religión, lengua, política y arte de esa parte del mundo. En ese momento sintió un gran entusiasmo por la poesía clásica china en la que apreció su profundidad e infinita sabiduría. Unas singularidades que le brindaron un gran impulso creativo a sus versos.    

Para Octavio Paz, Oriente no es el “otro” de Occidente sino que, juntos, forman el mismo mundo en el que sus dos culturas y modos de entender la vida se complementan. Al intentar comprender Oriente, Paz procuraba evitar el dualismo occidental para tratar las dos partes como un solo conjunto. Por eso, llegó a captar el peculiar significado de la descripción de la naturaleza en la poesía china y comprendió que, para los chinos, las plantas o la piedra representan la objetiva existencia integral de todas las cosas de este mundo en el que no se puede separar a la persona de la naturaleza. Se sentía atraído por el encanto y la fluidez que contenía la poesía idílica clásica de la antigua China y tradujo, del inglés, los poemas de Wang Wei, Li Po, Du Fu, Yuan Zheng y Su Dongpo, todos ellos poetas de las dinastías Tang y Song, de modo que los lectores hispanoparlantes pudieran tener acceso a esta sabiduría. 

Octavio Paz

Al acometer el siempre complejo proceso de la traducción, se dio cuenta pronto de que los temas de la poesía china solían versar también sobre la reunión, la despedida y la añoranza. Considerando que todos los hombres son como hermanos, y que la relación humana es fraternal, Octavio Paz se identificaba con la importancia que se daba en China al afecto y a la amistad. Por eso le interesó especialmente el poema de Wang Wei (701-761) titulado Canción de la ciudad de Wei que recitaba: “La lluvia matinal de Wei moja ligeramente la tierra, / el verde sauce brilla con frescor alrededor de la venta. / ¿Por qué no te tomas una copa más de vino? / al este de Yangguan ningún amigo te encontrará.”

El poeta mexicano se acercaba a la cultura oriental por intuición y afecto. Y, para comprenderla, no utilizaba la racionalidad sino que la experimentaba a través de la vista, los oídos, el olfato y el corazón: por eso se imbuyó con su esencia y pudo sentir su cultura. Oriente no solo le influyó en la creación poética sino también en lo más hondo de su alma. Fue un gran admirador de Zhuangzi a quien consideraba filósofo y poeta al mismo tiempo. Aparte de la belleza, Octavio Paz percibía un gran esplendor de sabiduría en las obras de este pensador chino. Cuando conoció la historia de “Zhuangzi ha soñado con la mariposa”, se identificó con la pregunta que se planteó el autor a sí mismo: “¿No sé si soy la mariposa transformada en Zhuangzi o Zhuangzi convertido en la mariposa?” Al reflexionar sobre este dilema, Paz profundizó en su visión sobre la relación entre la realidad y la ficción, así como en la limitación que vivía el hombre entre el tiempo y el espacio. De hecho, solía centrar su argumento poético en relación a la existencia humana y su espiritualidad. Consideraba que la experiencia temporal y la conciencia de la historia podrían producir impresiones falsas o dudas, tal y como sucede en los sueños donde la persona se pierde a sí misma. Por eso, comprendió con certeza la duda filosófica que asaltó a Zhuangzi sobre su identidad ante la mariposa del sueño.     

Al acometer el siempre complejo proceso de la traducción, Octavio Paz se dio cuenta pronto de que los temas de la poesía china solían versar también sobre la reunión, la despedida y la añoranza. Considerando que todos los hombres son como hermanos, y que la relación humana es fraternal, el escritor se identificaba con la importancia que se daba en China al afecto y a la amistad.

Para Octavio Paz, la poesía es un medio de comunicación entre las personas y un modo de vencer a la soledad, así como también una salida del enclaustramiento que causa el egoísmo. Con este espíritu comunicativo se empeñó en traducir la poesía china a medida que integraba su pensamiento en el desarrollo de su propia creación literaria. Sus traducciones transmitieron la sabiduría clásica oriental a los occidentales y promovieron los intercambios y la comprensión entre ambas partes. A la inversa, las obras de Paz también han sido editadas en chino, de modo que los lectores de esta lengua tienen la oportunidad de leer y sentir el mundo espiritual escrito por el gran poeta. Por ejemplo, El laberinto de la soledad, uno de los libros más destacados del escritor mexicano, provocó un notable entusiasmo entre los amantes de la literatura del país asiático. Se identificaron fuertemente con el esfuerzo del autor por explorar a fondo la individualidad mexicana en un contexto multicultural. En 2014, cien años después de su nacimiento, se celebró en la embajada de México en la capital china, la presentación de la versión para ese país de Piedra de sol, una ilustre antología del ya universal autor mexicano. Una voz apasionante, emitida desde lo más profundo del corazón por este gran maestro, resuena una vez más entre los millones de lectores en lengua china.

Más sobre la relación de los escritores latinoamericanos con China en ConfucioMag:

Neruda y sus lazos de amistad con la nación china


revista instituto confucio 46

pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 46. Volumen I. Enero de 2018.
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