Pabellón del Príncipe Teng

El inmortal pabellón del Príncipe Teng

El Pabellón del Príncipe Teng se encuentra en Nanchang (Jiangxi), frente a la orilla del río Gan. Fue construido en el año 653, pero durante los posteriores mil años fue derribado y reconstruido en más de veinte ocasiones. El actual edificio sufrió dramáticos cambios hasta ser completado en el año 1989.

Reportaje de
You Zhichao
尤智超
 
“El magnífico Pabellón del Príncipe Teng se alza frente al río. Sonidos de colgantes de jade y campanas de carruajes: los cantos y los bailes se detienen”. El Pabellón del Príncipe Teng, una de las tres grandes torres del sur de China, se encuentra en Nanchang, en la provincia de Jiangxi, frente a la orilla del río Gan. Durante el pasado milenio acogió a incontables eruditos y poetas, siendo testigo del ascenso y caída de numerosas dinastías. Fue construido en el año 653, cuando el vigésimo segundo hijo del emperador Gaozu, llamado Wang Liyuan, fue asignado como gobernador en Hongzhou, la actual Nanchang. Allí construyó el Pabellón del Príncipe Teng, que se convirtió en su nuevo hogar. Durante los posteriores mil años fue derribado y reconstruido en numerosas ocasiones, lo que ha sido registrado en más de veinte ocasiones a lo largo de las dinastías Tang (, 618-907), Song (, 960-1279), Yuan (, 1271-1368), Ming (, 1368-1644) y Qing (, 1644-1911). Al ver pasar tantas generaciones, este lugar tuvo sus momentos dulces y penosos. El actual edificio sufrió dramáticos cambios hasta ser completado en el año 1989.

Pabellón del Príncipe Teng

La última vez que el pabellón fue reconstruido por la dinastía Qing data del año 1909, cuando dicha dinastía se acercaba a su fin, pero su reconstrucción no se realizó tan bien como en otras ocasiones. El pabellón fue destruido durante la guerra en el año 1926 y, más tarde, los planes para su reconstrucción fueron retomados y de nuevo abandonados. En 1942 el famoso arquitecto chino Liang Sicheng fue a Jiangxi a examinar este antiguo edificio y, para ello, consultó los planos de la dinastía Song. El objetivo era redactar un “plan de reconstrucción” del Pabellón del Príncipe Teng pero, debido al caos de la época, estos planos se perdieron. Por suerte, los planos fueron a parar a manos del coleccionista Wang Zichen que, a lo largo de su vida, estudió el material histórico de este pabellón. Al ser consciente de su gran valor, decidió donarlos a un museo. Esos bocetos tuvieron un gran papel en la construcción del actual edificio.

Pabellón del Príncipe Teng

En las vastas tierras de China, lujosos palacios e impenetrables muros han sido reducidos a escombros con el paso del tiempo. ¿Por qué resulta tan difícil dejar atrás este pabellón? ¿Por qué se ha reconstruido una vez tras otra y ha sido añorado por todas las generaciones? Quizás sea porque hace más de 1.300 años un joven de gran talento escribió aquí una de las piezas más hermosas y famosas de la literatura china: Prefacio al Pabellón del Príncipe Teng (滕王阁序).

Pabellón del Príncipe Teng

Este talentoso joven es el famoso poeta Wang Bo, de nombre de cortesía Zi An, que fue uno de los “Cuatro Modelos” de la dinastía Tang. Desde pequeño fue muy inteligente y estudioso y, con ese talento y al proceder de una familia de confucianistas, se convirtió muy pronto en oficial de la corte. Sin embargo, al ser tan orgulloso y disoluto, a menudo se frustraba con la burocracia. “Junto a este muro que rodea los tres distritos Qin, a través de una niebla que convierte cinco ríos en uno, nos despedimos tristemente, y el cielo se convierte en nuestro vecindario. No hay motivo para quedarse en el cruce de la calle, secando las lágrimas como un niño apenado”. En su poema, Wang Bo lamenta los altibajos políticos y además se despide con optimismo de un amigo suyo. Sin embargo, también vivió amargas experiencias durante su carrera que le desanimaron. En el año 675, Wang Bo fue al sur hasta Jiaozhi para visitar a su padre, pasando primero por Jiangxi. En aquel entonces, el gobernador de Hongzhou, celebraba la nueva reconstrucción del Pabellón del Príncipe Teng con un gran banquete y numerosos invitados, entre los cuales se encontraban diversos eruditos que bebían vino y componían versos. Contento y algo ebrio, el gobernador invitó a todos a concebir un poema en el que loasen al pabellón. Los invitados ya sabían que esto lo hacía para que su yerno pudiera presumir de su reputación y que había tenido tiempo para preparar su poema, así que rechazaron la propuesta. Inesperadamente Wang Bo, que no estaba al corriente de la situación, utilizó alegremente pincel y tinta. El gobernador se enfureció al enterarse pero ordenó que le comunicasen el contenido de su poema. Cuando escuchó “El rosado crepúsculo cae y los patos vuelan solitarios, el agua otoñal y el amplio cielo muestran un único color”, dijo asombrado “¡Vaya talento, continúa!”. Rápidamente ofreció a Wang Bo que bebiese vino con él. A partir de entonces, el Pabellón del Príncipe Teng se hizo conocido en toda China gracias al hermoso escrito de Wang Bo.

Pabellón del Príncipe Teng

Actualmente existe una copla que dice así: “El refinado y espléndido edificio aguarda un talento tan inmortal como los ríos y las montañas”. Así, este pabellón y Wang Bo se fusionan en la historia de la cultura china. Shang Rong, poeta de la dinastía Qing, escribió en Memorias del Pabellón del Príncipe Teng (忆滕王阁): “Bajo el cielo hay hermosos paisajes y torres que deben ser preservados por las palabras.” Después de Wang Bo, hubo numerosos estudiosos que llevaron su talento al pabellón, pero ninguno se le pudo comparar. Se podría decir que el motivo por el que el Pabellón del Príncipe Teng fue reconstruido en tantas ocasiones a lo largo de mil años, y todavía se mantiene en pie, es que al pueblo chino le resulta difícil abandonar el legado cultural que este edificio alberga. Como dice el poema de Shang Rong: “Si no fuera por el prefacio de Zi An, este pabellón ya habría desaparecido”. Además, en el palacio imperial de Japón existe una copia del manuscrito del Prefacio al Pabellón del Príncipe Teng escrito veintisiete años después de que lo hiciera Wang Bo, y que fue transcrito en aquella época durante las misiones japonesas a la China Imperial. Tiene una gran importancia en el estudio de este documento y también muestra el interés cultural que los japoneses tenían por él.

Pabellón del Príncipe Teng

“Oh, esos famosos lugares no pueden ser eternos, y el espléndido banquete puede ser difícil de encontrar”, dijo Wang Bo emocionado hace más de mil años. Pero el tiempo vuela, e incluso si las estrellas más grandes mueren, las palabras siempre brillarán en el vasto cielo con todo su esplendor. 


Revista Instituto Confucio 36

pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 36. Volumen III. Mayo de 2016.
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