Shanghai, la perla de Oriente sobre el mar

Shanghai, con sus más de 20 millones de habitantes, es uno de los centros económicos, industriales, comerciales y financieros más importantes de la República Popular China. A pesar de los cambios que se han producido en la ciudad y del desproporcionado crecimiento demográfico procedente de las tierras del interior, Shanghai no ha perdido su espíritu revolucionario.

Shanghai

Un artículo de César Rancés

Shanghai (上海) significa literalmente según versiones “la ciudad sobre el mar” o, según otras, “la ciudad que se dirige hacia el mar” (1) y tanto es así que se alza poderosa a las puertas de la desembocadura del río Yangtsé en el Mar del Este de China y está atravesada por los ríos Huangpu y Suzhou.

Con sus más de 20 millones de habitantes –es la segunda ciudad más poblada del mundo después de México D.F.– es uno de los centros económicos, industriales, comerciales y financieros más importantes de la República Popular China. Vitrina de la vida urbana de esta inmensa nación, es uno de los cuatro municipios del país directamente subordinados al poder central (2) y la primera de todas las ciudades que desempeña un papel importante en la promoción de la economía nacional. Produce para China una octava parte del valor global industrial, una sexta parte de los ingresos nacionales y un tercio de los artículos para la exportación, además de servir de puerto de salida de casi todo lo que se fabrica en China, que no es poco, con un tráfico portuario de más de 450 millones de toneladas, lo que la convierte en el mayor puerto del mundo.

Shanghai
El puerto de Shanghai es uno de los más grandes del mundo por su tráfico de mercancía.

Considerada en Occidente durante mucho tiempo como la “París del Este” o la “Perla de Oriente”, encierra entre sus callejuelas increíbles historias de marineros, jugadores, traficantes de droga, caballeros y casas de opio. Lugar tradicional de vagabundos, aventureros, estafadores, gente de bien, conductores de triciclos –rickshaw–, mendigos, niñas de alterne, ladronzuelos, estudiantes revolucionarios, manifestantes, huelguistas, intelectuales, comunistas, modistos y empresarios, fue durante los años 30 una mezcla entre París y Nueva York donde millones de almas se entrelazaban para crear lo que fue lo más occidental del mundo oriental. Faro de luz que cegaba impasible la celosa mirada de la capitalina Beijing.

Tras años de estancamiento, la gran metrópolis de Shanghai es en la actualidad una de las ciudades con mayor crecimiento económico de toda Asia. No en vano, esta inmensa urbe se ha convertido en el eje financiero y económico de China, superando en renta per cápita incluso a la todopoderosa Beijing.

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Mientras sus calles se llenaban de centros comerciales de última generación y tiendas de lujo, de hoteles de cinco estrellas superior, de vehículos prohibitivos, su paisaje se atiborraba de infinitos rascacielos de cristal y acero y sus gentes se acostumbraban a la buena vida de una urbe moderna que huele a perfume caro, sus máximas autoridades hacían todos los esfuerzos posibles para que el nombre de esta ciudad, anclada irremisiblemente a su pasado colonial, brillara con toda su fuerza en todo el planeta gracias a ser, con un éxito irrepetible, la sede de la Exposición Universal de 2010.

Datos geográficos y de población

Incluyendo los ocho distritos de sus suburbios, los ocho distritos centrales, un condado, el área de Pudong y 23 islas, Shanghai, la mayor urbe de China con permiso de la municipalidad de Chongqing, cubre una superficie de 6.340 kilómetros cuadrados y cuenta con una población, entre residentes fijos y flotantes, de casi 20 millones de almas, aunque hay datos que aseguran que llegan a los veinte tres millones.

Rodeada por las provincias de Jiangsu por el noroeste y Zhejiang por el suroeste, se topa por el este con el Mar del Este de China y por el sur con la bahía de Hangzhou. La ciudad descansa en realidad sobre un delta natural con una elevación media de 4 metros sobre el nivel del mar.

La mejor época para visitar Shanghai es de marzo a abril y de octubre a noviembre. En invierno las temperaturas pueden llegar a helar, aunque no nieva, mientras que en el verano, caluroso y húmedo, se pueden alcanzar los 40 grados centígrados.

Los shanghaineses tienen una imagen exterior de presuntuosos, amantes del dinero, arrogantes, siempre a la última moda, inteligentes y abiertos a nuevas tendencias. Si se dice que los beijineses son capaces de hablar de cualquier tema y los cantoneses de comerse cualquier cosa, los shanghaineses pueden hacer lo que se propongan sin la menor dificultad.

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Mapa de Shanghai donde se aprecia la muralla que envolvía la ciudad (1860).

Historia y cultura

Hasta el siglo XV, Shanghai no fue más que un pequeño poblado pesquero. En el siglo XVI se construyeron unas murallas para proteger la ciudad de los ataques de los piratas japoneses. Poco después comenzó su dedicación al comercio, aunque su verdadero progreso no llegaría hasta la venida de los extranjeros en el siglo XIX.

Reaccionando contra la voluntad china de cerrar el puerto de Cantón a los ingleses para cortar el tráfico de opio, la flota inglesa se apoderó de Shanghai en 1842. Por el tratado de Nanjing de ese mismo año, los ingleses, y posteriormente los franceses y americanos, obtuvieron el derecho a establecer unas delegaciones que escapaban absolutamente a la autoridad china. Aprovechando las revueltas que agitaban la vida de la cuidad y sus alrededores, los occidentales se adueñaron en 1854 del control de las aduanas. La comunidad extranjera creció enormemente y las actividades comerciales se desarrollaron de un modo vertiginoso. Las inversiones extranjeras en Shanghai fueron en aumento favoreciendo el crecimiento e importancia de la ciudad.

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Edificio típico del Jardín Yu.

A principios del siglo XX Shanghai se había convertido ya en la cuidad más grande de China extendiéndose más allá del recinto amurallado, en el centro de operaciones de los medios financieros occidentales y en el epicentro principal de los movimientos obreros, fundándose en ella en 1921 el Partido Comunista Chino. A pesar de los cambios que se han producido en la ciudad y del desproporcionado crecimiento demográfico registrado en las últimas décadas procedentes de las tierras del interior, Shanghai no ha perdido su espíritu revolucionario. El proletario urbano, así como la elite intelectual alcanzan en esta ciudad unas proporciones mucho más grandes que en cualquier otra urbe china.

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Las grandes marcas de moda internacionales también están presentes en Shanghai.

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Atractivos turísticos y naturales

Los vestigios de la época más floreciente se traducen todavía hoy en el aspecto monumental del centro urbano, en el que destaca el Malecón o Bund –conocido en chino como wàitān (外滩) o “playa exterior”–, amplia avenida a lo largo del río, lugar de encuentro y paseo de nativos y foráneos. Ideal para ver, ser visto, hacer miles de fotos y admirar la espectacular panorámica de la ciudad, sobre todo de noche.

En el margen izquierdo de la concesión francesa se alzan majestuosos los más hermosos edificios construidos al más puro estilo neoclásico de los años 30 de Chicago o Nueva York. Esta avenida está considerada como el Wall Street chino. Aquí se alineaban bancos, tiendas, hoteles, clubes, residencias y consulados extranjeros del más puro estilo art decó. El edifico de la aduana era el baluarte del poder occidental sobre el control de los aranceles aduaneros de China. En el antiguo edificio del Banco de Hong Kong existió en su día la sede del Gobierno Popular y el Comité del Partido de Shanghai, aunque hoy alberga el Banco Shanghai para el Desarrollo de Pudong.

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Shanghai consta en la actualidad de tres núcleos principales: el antiguo, en el que se hallan el Templo de Confucio, la Casa de Té Huxin, el Jardín Yu, el Templo del Buda de Jade y el Palacio de la Cultura del Pueblo; el nuevo, formado alrededor del primero, que abarca una ciudad más moderna, con grandes barrios aparecidos como consecuencia del desarrollo comercial del siglo XIX; y un tercero, conocido como Pudong, impulsado por el actual Gobierno chino donde se pretende construir la cuidad más moderna de Asia, o, incluso, del mundo.

Este nuevo barrio, todavía en plena construcción, se encuentra al otro lado del río Huangpu y está diseñado para albergar a los mayores rascacielos del planeta –de hecho el segundo edificio más alto del mundo ya está en construcción (se prevé que tendrá 632 metros de alto, 150 plantas y se llamará Shanghai Tower), mientras que el tercero más alto se inauguró hace apenas tres años y se conoce por el nombre de Shanghai World Financial Center con 101 pisos y 492 metros de altura– y los más prestigiosos centros comerciales y financieros de China, en lo que se ha llamado el barrio CBD (de las siglas en inglés Central Business District).

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El rascacielos Centro Financiero Mundial (SWFC), con sus 492 metros de altura, es el más alto de la ciudad

Destaca entre tanta vorágine la Perla de Oriente –sede de la televisión local–, un edificio de 468 metros de alto de dudoso gusto arquitectónico que no pasa inadvertido en el conjunto del paisaje shanghainés y que forma parte del eje primordial de la vida de la ciudad. También sobresale poderoso el precioso rascacielos con forma de pagoda llamado Torre Jinmao y que con sus 93 plantas y 397 metros fue durante un tiempo el edificio más alto de toda China.

Durante los últimos cien años, la calle Nanjing fue y es la calle principal de Shanghai. Mina de oro del comercio chino, alberga más de mil tiendas y grandes almacenes. Prácticamente todo puede encontrarse en este lugar dispuesto en grandes escaparates con luces de neón y carteles publicitarios. Sin embargo, lo más llamativo de esta estrecha calle no son sus tiendas, sino más bien los cientos de miles de personas que pasean por ella a cualquier hora del día. Si tenemos una imagen mental de lo que significa la multitud en su estado puro se trata, sin duda, de la calle Nanjing en su hora punta. No hay nada más representativo en toda China de lo que la aglomeración humana puede llegar a ser. Por ello desde hace tiempo el tráfico en esta vía esta totalmente prohibido constituyéndose como peatonal, prohibiéndose en ella hasta las bicicletas. Pensemos que sólo el Gran Almacén Nº. 1, donde se venden más de 40.000 artículos distintos, recibe diariamente cerca de 150.000 clientes.

Otros lugares de interés son: el Templo Jin’an, la Plaza del Pueblo, el Parque Fuxing, el barrio francés Xintiandi y la antigua residencia de Sun Yatsen. También vale la pena realizar un crucero en barco por el río Huangpu, subir al piso 88 de la Torre Jinmao o pasar una tarde en el recién estrenado Aquarium.

En cuanto a museos destacables tenemos: el Museo de Shanghai, el Museo de Historia Natural, el Museo de Arte de Shanghai, el Shanghai Exhibition Center y el Museo de Urbanismo, donde se puede ver una gigantesca maqueta a escala de toda la mega ciudad.

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Los xiǎolóngbāo son las tapas tradicionales de Shanghai.

Comidas, compras y ocio

Shanghai es un auténtico paraíso para las compras, no sólo porque en la calle Nanjing Donglu existen miles de tiendas y centros comerciales abiertos los siete días de la semana, sino porque además el Bazar Yuyuan, el Mercado de las Antigüedades, el Mercado Qipulu, la barriada comercial Sijifang y la calle Huaihai ofrecen gangas irresistibles para todo turista que se precie.

La cocina de Shanghai es famosa por sus platos de pescado y crustáceos. Más grasienta, dulce y pesada de digerir que la del norte, tiene su plato más popular en las anguilas, la medusa troceada con vinagre, ensalada de algas, xiǎolóngbāo y shēngjiānbāo, cangrejos al vapor, el pollo borracho (cocinado con shaoshing, un vino chino parecido al jerez), sopa de melón y jamón y las costillas de cerdo salpimentadas.

En cuanto a la vida nocturna, Shanghai destaca por su zona de pubs y bares de última moda, ubicada en el casco antiguo de la cuidad y en la vieja concesión francesa, donde hay desde discotecas techno, pasando por salas de conciertos en directo de jazz & blues, hasta lugares de encuentros para románticos.

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Shanghai destaca por su zona de pubs y bares de última moda, ubicada en el casco antiguo de la cuidad y en la vieja concesión francesa.

Aunque la oferta cultural no es tan variada como en Beijing, en Shanghai también podemos disfrutar de una tarde en la ópera, de una obra de teatro o de una actuación de acrobacias chinas. Y es, además, la sede del Festival Internacional de Cine de Shanghai, en el que se otorgan los premios a las mejores películas nacionales y extranjeras, y por cuya alfombra roja desfilan, al más puro estilo hollywoodiense, actores y actrices de gran fama tanto fuera como dentro del país.

Desplazarse por Shanghai es muy sencillo gracias a las diversas líneas de metro –cada vez se inauguran más y llegan a más sitios– y de tren elevado que conectan todos los rincones de la ciudad. Si se hospeda uno en el centro puede llegar a todos los lugares de interés caminando y de paso saborear la bulliciosa vida diaria de los shanghaineses. Para acceder hasta el aeropuerto internacional de Pudong se puede tomar a las afueras de la ciudad el tren de levitación magnética más rápido del mundo –conocido como Maglev– y que viaja a una velocidad de 430 kilómetros por hora.

Notas:

  1. Esto es así porque el caracter shàng () significa tanto “sobre, arriba” como “subir, ir hacia, salir, dirigirse”, y hǎi () quiere decir “mar”, con lo que ni si quiera los propios habitantes de la ciudad se ponen de acuerdo con el verdadero significado.
  2. Los otros tres son: Beijing, Tianjin y Chongqing.

Revista Instituto Confucio 9

pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 9. Volumen VI. Noviembre de 2011.
Leer este reportaje en la edición impresa

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