té chino Dahongpao

‘Dahongpao’: el supremo té ‘oolong’ del monte Wuyi

La variedad de té dahongpao, conocido como el “té de los acantilados del monte Wuyi”, es una variedad de primera categoría del oolong, al que se considera un tesoro nacional en China por su inmenso valor. Crece entre abruptos e inaccesibles acantilados para las personas, hasta el punto que al llegar la época de la cosecha, los monjes locales utilizan frutas como cebo para entrenar a monos que sí son capaces de recolectarlas en lugares tan escarpados.

Reportaje de
Mu Xiuwen 
牟秀文
China es la cuna del té y la región de Fujian una de las principales productoras de esta planta que se consume en todo el país. El monte Wuyi, situado en la frontera existente entre Fujian y Jiangxi, conforma un valioso patrimonio mundial por su valor cultural y natural, y es una atracción turística que está catalogada con el nivel nacional 5A, la más alta calificación aplicada en China. No solo alberga hermosas vistas y paisajes asombrosos sino que de sus montañas emana en abundancia un tipo de té extremadamente preciado: la variedad dahongpao.

El término dahongpao, literalmente “toga grande y roja”, no aparenta ninguna relación con el té, aunque su nombre procede de una historia poco conocida. Se cuenta que en el año 1385, en tiempos del emperador Hongwu de la dinastía Ming, un muchacho llamado Ding Xian acudió a Beijing para asistir a los exámenes imperiales. A lo largo del camino, mientras cruzaba el monte Wuyi, enfermó gravemente con un dolor irreprimible de estómago. Entonces se encontró por casualidad con un monje que, al comprobar el pésimo estado en el que se encontraba el muchacho, le dio unas hojas de té que llevaba consigo y se las preparó para beber, lo que inmediatamente le alivió el dolor. Ding Xian logró asistir al examen y obtuvo la máxima nota.

té chino Dahongpao

De vuelta a su hogar, fue primero a visitar al monje para darle las gracias y preguntarle en qué lugar nacían esas hojas que había bebido. El solitario de las montañas llevó al joven ante el arbusto que buscaba y este, conmovido, se deshizo de la toga que le habían concedido como premio por su puntuación en el examen, conocida como dahongpao, y lo tapó con ella. Decidió pues darle al arbusto el nombre por el que se conocía a ese tipo de prendas y, posteriormente, llenó de hojas de té una caja que también había conseguido para llevárselas a la capital.

Dio la casualidad de que también durante aquellos días la emperatriz había enfermado de gravedad. Fue tratada con gran variedad de remedios pero en ninguno encontró la cura a su malestar. El resuelto Ding Xian, seguro de poseer la solución, fue a visitarla y le ofreció su jarra de dahongpao. En cuanto lo recibió, la emperatriz se tomó la infusión y comenzó a sentirse mejor. Al recuperar, por fin, el ánimo, le entregó una nueva toga a Ding Xian y le pidió que volviera al monte Wuyi para tapar al arbusto pero, al mismo tiempo, también encomendó a una comitiva de sus siervos la misión de vigilarlo noche y día, recolectar sus hojas y entregarlas a la corte imperial. Desde ese momento, el té del monte Wuyi pasó a ser propiedad de la corte y su fama se propagó por todo el reino.

Conocido también como el “té de los acantilados del monte Wuyi”, es una variedad de primera categoría del oolong, al que se considera un tesoro nacional por su inmenso valor. Crece entre abruptos e inaccesibles acantilados para las personas. Al llegar la época de la cosecha, los monjes locales utilizan frutas como cebo para entrenar a monos que sí son capaces de recolectarlas en lugares tan escarpados, por lo que en China también se le conoce a menudo como el “té que recogen los monos”. No es de extrañar pues que, al prosperar en semejante localización estratégica, sea totalmente natural y esté libre de cualquier tipo de contaminación al mantener su gran pureza.

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Un tesoro de un valor tan desmesurado ha generado una gran cantidad de leyendas sobre sus orígenes. Narra otra que hace mucho tiempo, sobre la roca Huiyuan, una de las 99 rocas del monte Wuyi, vivía una existencia diligente y sencilla una anciana famosa por su bondad. Tras el suceso de una devastadora catástrofe, encontró a un anciano de pelo grisáceo y gravemente enfermo, a quien ella le sirvió como soporte, lo ayudó a entrar en su morada y, una vez dentro, le ofreció la única sopa de verduras silvestres de la que disponía, y con la que logró salvarle la vida. El anciano, en agradecimiento, le llevó más tarde un bastón con la forma de la cabeza de un león y dos semillas y le explicó a su salvadora que debía excavar un agujero en el suelo usando el bastón, introducir las semillas, cubrirlas bien con tierra y esparcir un poco de agua sobre ellas, tras lo que desapareció volando sin dejar rastro. La anciana sembró las semillas tal y como le había explicado el anciano y, poco tiempo después, sobre la tierra comenzaron a germinar dos arbustos de té.

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Quienes más tarde los observaron quedaron estupefactos pues creían que eran un regalo mágico que los dioses les habían enviado. Cuando los funcionarios supieron de su existencia, se apresuraron a recolectar el té que producían pero, al llegar al lugar en el que estos se erigían, sus hojas habían desaparecido. Cuando se dieron cuenta, los funcionarios no pudieron reprimir su indignación y los talaron de raíz y la anciana, incapaz de soportar la aflicción que sentía, se sumió en una depresión permanente.

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Un día, sin embargo, se levantó rebosante de fuerzas y, apoyándose en el bastón con forma de cabeza de dragón, se fue a pasear. De camino se encontró con un grupo de musculosos hombres que cargaban sobre sus hombros las raíces de un árbol y que se dirigían hacia la anciana. Le pidieron que colocase su bastón sobre las raíces y, cuando lo hizo, ocurrió lo que nadie esperaba: el bastón se convirtió en una nube de colores y se elevó hasta el cielo cargando con las raíces del árbol, dibujó en el aire tres círculos y se marchó volando lentamente hasta llegar a una montaña conocida como “el nido de los nueve dragones”. Al año siguiente, en la ladera de la montaña, brotaron tres arbustos de té que resultaron ser los primeros de dahongpao de la historia.



Si misteriosa es la historia que acompaña al té, no lo son sus muy saludables propiedades. Además de los beneficios que aportan otros tipos de esta bebida, como refrescar la mente, suavizar  la fatiga por el cansancio, calmar la sed o eliminar la grasa, también ayuda a reducir el colesterol y ralentizar el envejecimiento de quienes lo toman. Desde el punto de vista científico, estas propiedades deben estar relacionados directamente con las condiciones especiales del terreno en el que se desarrolla.

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El monte Wuyi cuenta con un clima templado, cálido en invierno y fresco en verano, con una temperatura anual media de unos 18 ºC y unas precipitaciones anuales de aproximadamente 2.000 mm. Siempre arropados por una neblina que difumina el ambiente, y con una humedad media del 80%, los arbustos del té arraigan aislados entre terrenos rocosos, cuyos picos actúan como pantallas naturales que sirven de protección y les ayudan a reducir las horas del día en los que están expuestos al sol y así disminuir la fuerza del viento que sopla contra ellos. 

Más información sobre el té chino en ConfucioMag:

El té maofeng, más que una leyenda


 

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pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 47. Volumen II. Marzo de 2018.
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