Ji Xianlin. Ilustración de Xavier Sepúlveda.

Ji Xianlin, el incansable maestro orientalista

El intelectual chino Ji Xianlin  (1911-2009) fue experto en especialidades tan diferentes como la historia del budismo, la literatura y obras clásicas hindúes o la creación de prosa literaria. Su existencia estuvo caracterizada por un raciocinio sublime y una constante pugna por ver colmadas sus aspiraciones espirituales. Su propósito no fue jamás la fama o el reconocimiento sino el desarrollo de su valor como persona y la consagración de su vida al bien de su nación.

Un reportaje de
Yin Yiqiao
尹艺桥
A pesar de haber nacido en el seno de una humilde familia de la provincia de Shandong, logró ser un reputado escritor y se convirtió en profesor permanente de la Universidad de Beijing. Aun durante su vejez comenzaba su jornada de estudio a las cuatro de la mañana para, más tarde, llegar con hasta tres horas de antelación a su puesto de trabajo. No dudó en donar a su alma mater la colección de reliquias, pinturas y caligrafías que había compilado y coleccionado a lo largo de toda su vida. Y, sin pretender la fama, fue distinguido con los calificativos de “maestro de la cultura nacional”, “máxima autoridad intelectual” y “tesoro nacional”. Tales atributos describen a Ji Xianlin, un personaje considerado por el pueblo chino como uno de los verdaderos líderes espirituales.

Fue un intelectual lógico y racional que contribuyó a la comunidad académica con sobresalientes aportes dirigidos a una decena de especialidades, a saber: lenguas clásicas de la India, historia del budismo, lenguas tocarias, historia de los intercambios culturales entre China e India, historia de los intercambios culturales entre China y el extranjero, literatura y obras clásicas hindúes, literatura comparada, cultura de Asia oriental, preservación y conservación de clásicos de China y creación de prosa literaria.

Ji Xianlin. Ilustración de Xavier Sepúlveda.
Ji Xianlin. Ilustración de Xavier Sepúlveda.

Se le podría definir como una persona emotiva. Se dejaba embelesar por la hermosura del loto que flota sobre las cristalinas aguas de un estanque y enloquecía ante la conmovedora imagen de las adelfas bajo la luz de la luna. Tal era así que la pesadumbre que lo invadió por la desaparición de un ejemplar de visperia china talado por error en el parque Yan, lo motivó a escribir la Tragedia del camino solitario, un ensayo en prosa en cuyas líneas daba rienda suelta a la aflicción que sentía por la pérdida de la longeva planta.

Ji Xianlin creía que la reflexión no debía ser un ejercicio exclusivo de filósofos, ya que también las personas ordinarias tenían la necesidad de meditar en profundidad sobre el valor y el significado de su vida

Ji Xianlin pasó 10 años en Alemania donde asentó las bases de su carrera académica. Durante su periodo como estudiante, a menudo se sentía turbado por una desgarradora añoranza provocada por el recuerdo de sus dos madres: la que lo había traído al mundo y su querida patria. La vida en el extranjero era ardua pero, por mitigar la sed de conocimiento de su corazón, se mostró dispuesto a desplazarse hacia tierras lejanas y a sobrellevar de buena manera el desconsuelo de la soledad. Como si de una esponja se tratase, absorbía y se nutría del conocimiento, una habilidad que aprovechó estudiando hasta tres idiomas a la vez. Tras su vuelta a China, siguió empecinado en aprovechar al máximo su tiempo y en entregarse en cuerpo y alma a su trabajo. Incluso pasados los 90 años, mantuvo la costumbre de levantarse a horas muy tempranas pues, según afirmaba, “pasar los días sin escribir nada es una absoluta pérdida de tiempo”.

Ji Xianlin. Ilustración de Xavier Sepúlveda.
Ji Xianlin. Ilustración de Xavier Sepúlveda.

Ni siquiera en sus últimos días abandonó la escritura a pesar de estar enfermo, pues no aceptaba la posibilidad de desperdiciar ni un segundo de su vida. Su existencia estuvo caracterizada por un raciocinio sublime y una constante pugna por ver colmadas sus aspiraciones espirituales. Su propósito no fue jamás la fama o el reconocimiento sino el desarrollo de su valor como persona y la consagración de su vida al bien de su nación.

En su obra Ensayo de Ji Xianlin sobre la vida, describió asuntos de la vejez, habló de la cortesía, trató el espíritu de China y profundizó en los sentimientos de la satisfacción y el desagrado, entre otras cuestiones. Cada una de sus palabras y líneas reflejaba su propio entendimiento sobre el mundo y sobre la vida. Se valía de un lenguaje sencillo pero profundo, austero y, a la vez, sincero. Con una redacción sobria y discreta, era capaz de originar en el lector una imperiosa necesidad de reflexión. Entendía que el tiempo ha de emplearse en cuestiones de utilidad. En todo momento instruyó a los más jóvenes para que asumieran el pasado, adquirieran la responsabilidad que les correspondía con el futuro y se comprometieran como ciudadanos. Creía que la reflexión no debía ser un ejercicio exclusivo de filósofos, sino que todas las personas tenían la necesidad de meditar en profundidad sobre el valor y el significado de su vida y, de esta forma, decidir qué tipo de persona querían llegar a ser. Los caracteres y las líneas escritas por Ji Xianlin revelaban mensajes motivacionales, expectativas y esperanzas dirigidas hacia las generaciones más jóvenes.

Ji Xianlin. Ilustración de Xavier Sepúlveda.
Ji Xianlin. Ilustración de Xavier Sepúlveda.

Durante toda su vida, fue muy admirado por sus coetáneos y ello no se debía solo a su erudición sino, sobre todo, a sus virtudes. El ex primer ministro de China, Wen Jiabao, le visitó en cinco ocasiones y le expresó que: “su mayor singularidad es la capacidad de haber dedicado su vida a la escritura con gran perseverancia. Melocotones y ciruelas permanecen en silencio, mas dejan huella tras de sí”. Esta frase es un proverbio utilizado para expresar que, cuando una persona posee unas habilidades extraordinarias, no necesita hacerlas públicas pues ya de por sí la gente se percatará de ellas y las admirará llegado su momento. Wen Jiabao no dudaba en aplaudir las obras de Ji Xianlin puesto que las consideraba, además de un retrato de la vida del autor, un fiel reflejo del camino transitado por el pensamiento de los intelectuales chinos durante los últimos 100 años.

A sus 95 años de edad, Ji Xianlin fue seleccionado como uno de los personajes chinos más conmovedores de 2006, el motivo de ello fue descrito durante la ceremonia de entrega de tal reconocimiento: “aquel que acumula inteligencia sabe ser feliz, el virtuoso disfruta de una vida longeva, quien alcanza una edad anciana puede gozar de una absoluta libertad. […] Siendo una persona normal, siempre habló con fundamento y basó sus actos en la más absoluta rectitud. A pesar de carecer de riquezas, jamás abandonó sus metas, manteniéndose siempre impasible ante los logros y también ante las derrotas”. Al fin y al cabo, siempre predicó con el ejemplo y, mediante sus actos, creó un perfecto modelo de lo que debe ser un intelectual y de la ética y los sentimientos que ha de mostrar un verdadero patriota.

Ji Xianlin falleció el 1 de julio de 2009 y se marchó acompañado por la tristeza y el desconsuelo del pueblo. Pero, aun desaparecido el hombre, su espíritu sigue morando en nuestro mundo, pues la imagen del diligente, persistente, patriótico y audaz intelectual seguirá brillando por siempre en el corazón de las personas.


pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 57. Volumen VI. Noviembre de 2019.
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