La arrolladora moda de aprender chino

La arrolladora moda de aprender chino

Cada día son más los hispanoparlantes que, por diversas razones, empiezan a aprender chino. Para ellos, la pronunciación, los tonos y los caracteres son los aspectos más complicados del idioma mandarín, pero animan a los curiosos a aprenderlo superando estas barreras. Aprender chino significa una aproximación a una cultura milenaria casi desconocida pero tremendamente atractiva.

Artículo de
Sergio Delgado
Hasta hace poco, el chino era objeto de estudio por parte de un pequeño grupo de curiosos interesados en conocer las particularidades de este lenguaje asiático. Poco a poco, el número de alumnos ha ido in crescendo y todo parece indicar que este repunte continúe en los próximos años. Aprender chino está de moda en España, como también lo está el español en este país oriental.

Tan solo en Valencia, cerca de un millar de estudiantes van a clase de chino en el Instituto Confucio y aproximadamente trescientos lo estudian en los diferentes cursos que imparte la Escuela Oficial de Idiomas de esa misma ciudad. Los estudiantes que aprenden chino allí suponen un porcentaje muy pequeño comparado con los de otros idiomas más solicitados, como el inglés, francés, alemán o portugués, pero están igual de entusiasmados e incluso son hasta más perseverantes. Al menos esto es lo que defiende Yang Qing, directora del Departamento de Chino y profesora de dos grupos de intermedio y uno de avanzado.

La arrolladora moda de aprender chino

Lleva once años en España y cuatro en Valencia y está asombrada de la creciente popularidad por estudiarlo. “Mucha gente en Valencia tiene interés por la cultura china y muchos llegan incluso con algún leve conocimiento porque, por interés y afición, han estudiado algo”, defiende Yang. Sabe que las situaciones económicas dispares que viven ambos países es otra de las razones de esta moda, “los hay que empiezan a aprenderlo como un reto laboral más e incluso sus propias empresas aquí tienen clientes chinos y logran así una mejor posición dentro de la misma y eso les beneficia”.

A la hora de estudiarlo ve como en todas las lenguas “muchos empiezan pero no lo terminan, sin embargo quien estudia chino dura más porque es un idioma que atrapa”. Para los estudiantes lo más complicado son los tonos y la pronunciación, “más que memorizar los caracteres”.

Nuria Bonastre es alumna de Yang y da fe de ello, “En chino, una sílaba puede tener hasta cuatro tonos y puede cambiar el significado. Es lo que más nos cuesta” y añade “soltarse a hablar es complicado, nos da vergüenza por la complejidad”. Está en el nivel avanzado y le apasiona el idioma, le ha conquistado. “Ánimo a la gente que duda en estudiarlo y que le llame la atención que pruebe”, bromea Yang “y para aquellos que como Nuria tienen un buen nivel que marchen a cualquier ciudad del norte de China donde hay un lenguaje más estándar, sin la influencia de los dialectos del sur”. Pero tanto profesora como alumna están de acuerdo en una cosa, “hay que tener confianza, no es un idioma sencillo como el inglés y hay que dedicarle tiempo pero merece la pena”, sentencia Nuria.

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Erradicar el mito del chino como lenguaje complicado

Laura Sánchez tiene 28 años, es licenciada en Periodismo y es de Madrid. Está a punto de terminar un año de intenso aprendizaje de chino en Hong Kong, gracias a una beca del Ministerio de Educación. Viaje que ha aprovechado para conocer diferentes ciudades de China como Cantón o Shanghái. Siempre ha tenido una facilidad innata para los idiomas. “Si me beneficia para mi futuro profesional, que estoy convencida de que sí, será un plus”, afirma desde su escuela de chino tradicional para extranjeros de la Universidad.

“La pronunciación es lo que más cuesta, ya que a veces las diferencias son muy sutiles”

Al empezar a estudiar el idioma pensaba que la escritura era lo más difícil, “pero una vez que empiezas todo se basa en las mismas reglas, es decir, en ideogramas, pictogramas y fonogramas”, y esto es a su juicio lo que hace creer a la gente que se trata de un idioma demasiado complicado. “La pronunciación es lo que más cuesta, ya que a veces las diferencias son muy sutiles”, explica Laura, “además cambiar un tono hace que pases de decir madre a decir caballo, por ejemplo, o de decir dormir en vez de ravioles”.

La arrolladora moda de aprender chino

Laura no cree en el mito de que sea uno de los idiomas más complicados, “la gramática japonesa es muchísimo más complicada. En el chino apenas hay conjugaciones verbales, plurales y géneros” y confiesa que aunque algunas estructuras gramaticales nos pueden resultar un poco raras no es difícil y en muchas ocasiones las frases se organizan igual a como lo haríamos en español. Idioma que, según ella, es complicado para la gente que habla chino precisamente por los tiempos verbales, los cambios de personas y “la letra r les resulta dificilísima de pronunciar”.

De momento ha empezado a hacer intercambio de chino y poco a poco se atreve con películas y canciones originales en este idioma, “es la única forma de asentar realmente lo que has aprendido”, sonríe Laura, que destaca haber conocido más de la cultura gracias al idioma. “Entendiendo algunas cosas del idioma eres capaz de entender cosas de la cultura o de su modo de pensar” y pone como ejemplo una nota curiosa “la aversión por el número 4, la llamada tetrafobia, ya que la pronunciación del 4 y muerte difiere en un tono, como comenté los tonos son muy importantes”.

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Idea como lenguaje de futuro

Álvaro tiene 26 años y se encuentra en Shanghái. No parte de cero como Laura, pero sus conocimientos eran básicos, “aproveché que no tenía trabajo para irme a China y perfeccionar el idioma. Anteriormente hice un máster en comercio internacional, donde tenía chino y volví a encontrarme con el idioma, lo cual me motivó mucho más”.

Aprenderlo para él siempre ha sido algo que ha tenido presente, “será uno de los idiomas predominantes en el futuro”, confiesa y piensa que la escritura es lo más difícil del idioma, “hay mucha gente que decide estudiar el idioma sin aprender a leer o a escribir. De esta forma se consigue un nivel aceptable bastante rápido, ya que la gramática es sencilla. Sin embargo, primero hay que superar los problemas que surgen con la fonética, ya que tienen muchos sonidos ajenos al registro de las lenguas occidentales”.

Asiste cada día a clases de chino organizadas por la Cámara de Comercio de España en Shanghái y anima a la gente a aprenderlo, “lo lejano, lo diferente, es precisamente lo que enriquece la experiencia de estudiarlo. Es un idioma diferente desde su raíz, incluso la lógica que utilizan para construir las palabras es diferente”. Piensa que no es como aprender inglés o francés ya que “al principio puede resultar abrumador, pero a medida que se profundiza también se obtienen más cosas que sólo nuevo vocabulario y gramática”. No obstante aconseja que la gente cambie la mentalidad a la hora de aprender el idioma, “la lógica que se utiliza para elaborar el idioma es diferente a la nuestra, y a la vez guarda relación con aspectos culturales”.

“Lo lejano, lo diferente, es precisamente lo que enriquece la experiencia de estudiarlo”

En su día a día, Álvaro se muestra encantado con su estancia en Shanghái de la que asegura “no dista mucho de cómo se vive en Occidente, aunque ves claros aspectos diferenciados en cuanto a trabajo, relaciones personales, etc.” y cree que el chino, al saber mucho inglés, parte con ventaja respecto a nuestro idioma. “La comida y el fútbol es lo más famoso por aquí como imagen de España”, bromea.

La arrolladora moda de aprender chino

Virginia Delgado tiene 32 años y es licenciada en Filología Española. Apenas lleva dos meses estudiándolo. “Me gusta aprender idiomas y quería empezar uno completamente diferente a lo que había aprendido antes”. Está convencida de que es este uno de los idiomas del futuro “y también del presente”, matiza, “el desarrollo que está viviendo China en todos los aspectos durante estos últimos años nos hace prestarle más atención”. Por ahora, es para ella una afición más, le encanta seguir aprendiendo y le encantaría “tener la oportunidad de trabajar con chinos en España o directamente vivir allí, me sentiría recompensada por el esfuerzo”.

Ella piensa que para los chinos, la gramática española es lo más complicado y para los españoles los tonos, “identificarlos, recordar dónde van en cada palabra y, sobre todo, usarlos correctamente al hablar”. Por ahora ha aprendido temas como “los saludos, las supersticiones relacionadas con los números y la historia que va a ligada a algunos ideogramas”, pero espera pronto empezar a leer algún libro para afianzar sus conocimientos “y viajar a China me encantaría, vaya que sí, he descubierto gracias al idioma una cultura que me encanta. Es gente muy amable, trabajadora y que simpatiza fácilmente, al menos con los españoles”. Confiesa que nos perciben como gente “amable y divertida, tienen buena imagen de nosotros” y lanza un mensaje para todos aquellos que quieran emprender el reto de aprender un nuevo idioma, “el chino es un lenguaje muy bonito, no es tan complicado como parece y hay muchas escuelas y universidades con un personal y una metodología idónea para aprender chino de la mejor manera posible”.  En definitiva, la aventura empieza cuando el alumno así lo desea.

Estudiar en China: la experiencia de una española en Beijing


pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 14. Volumen V. Septiembre de 2012.
Leer este reportaje en la edición impresa

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