Liu Changchun, primer atleta chino en los Juegos Olímpicos (1932)

En julio de 1932, Liu Changchun representó a  China en la línea de salida de la prueba de los 100 metros lisos de los X Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Era la primera vez que una delegación china tenía el honor de concurrir a la gran cita deportiva desde su nacimiento en 1896. 76 años después, ya en 2008, China ejerció con éxito de anfitriona en la XXIX edición de los Juegos Olímpicos y la magnificencia de Beijing encandiló al mundo entero.

Un reportaje de
Gao Hongbo
高洪波
El 31 de julio de 1932 es una fecha que merece recordarse en la posteridad. Ese día, el estadio de la X Olimpiada, que se celebró en la ciudad estadounidense de Los Ángeles, daba la bienvenida al primer atleta chino en participar en unos Juegos Olímpicos. Su nombre era Liu Changchun.

Participar en unos Juegos Olímpicos suponía para China poco más que un ilusorio sueño. En 1896, varios países entre los que se encontraba China, fueron invitados a participar en la primera edición de los Juegos Olímpicos de la era moderna en Grecia. Sin embargo, el entonces gobierno de la dinastía Qing desconocía qué era aquello de las olimpiadas y no prestó atención al asunto. Más tarde, el desarrollo del deporte moderno propició que en este país se comenzaran a percibir ciertas ideas sobre dicha competición global. El 24 de octubre de 1907, el director académico y educador moderno Zhang Boling (1876-1951), uno de los propulsores y promotores de los Juegos Olímpicos en China, y primer rector de la Universidad de Nankai, planteó por vez primera la posibilidad de que se participara en dicha competición, lo que obtuvo una respuesta positiva muy generalizada. En 1922, Wang Zhengting (1882-1961), famoso diplomático y uno de los principales partidarios de las Olimpiadas, al que se conoce como el “padre chino de los Juegos Olímpicos” fue elegido miembro del Comité Olímpico Internacional. Esta elección hizo entrar al país en la carrera olímpica. En julio de 1932, Liu Changchun representó al país en la línea de salida de la prueba de los 100 metros lisos. Dicho acontecimiento destacó como la primera vez que una delegación china tenía el honor de concurrir a la gran cita deportiva. A partir de ese momento China se convirtió en miembro de pleno derecho del Comité Olímpico Internacional.

Liu Changchun

Patas de conejo

El atleta Liu Changchun nació en el seno de una familia pobre de Dalian, ciudad de la provincia de Liaoning, allá por el año 1909. Durante su infancia, las montañas y los campos de su ciudad natal fueron su verdadero paraíso, que ejercía como escenario de juegos y entretenimiento. En su niñez iba y venía de la escuela corriendo para ahorrar tiempo. Así pues, para disminuir la carga económica que suponía para su familia, llegó incluso a correr y a jugar al fútbol descalzo. Corría todos los días lo que, además de entrenar su resistencia y explosividad, también le brindó al joven Liu un par de piernas dotadas de unas excelentes condiciones. A los 14 años participó en una competición local y logró un magnífico resultado al finalizar la distancia de 100 m en 11,8 segundos. Tal éxito le concedió el sobrenombre de “patas de conejo”. Su futuro pasaría a estar muy estrechamente vinculado a las carreras y, por tanto, también a la vida deportiva de China.

En 1929, a sus 20 años, se ganó la admiración y el respeto del primer rector de la Universidad del Nordeste, Zhang Xueliang, que lo admitió, de forma excepcional, en la facultad de Educación Física de su universidad. En ella, el deportista contó con el apoyo de un entrenador extranjero, que lo dirigió a través de un entrenamiento más sistematizado y regulado.

El deportista llegó a Los Ángeles a falta de solo un día para el comienzo de la competición. El largo camino discurrido, y el malestar acumulado en el barco, produjeron una importante sobrecarga en su estado físico y en su resistencia, por lo que se encontraba en unas nefastas condiciones.

En realidad, por su pequeña estatura, Liu no gozaba de las cualidades más favorables para dedicarse al esprint en las carreras. Sin embargo, desde siempre confió en la fuerza innata de sus piernas para finalizar las competiciones en las que participaba. Durante su entrenamiento, se centró en la necesidad de mejorar, metódica y científicamente, los distintos aspectos de su actividad, como puedan ser la salida, la llegada a meta, el balanceo de brazos, la respiración, la aceleración y el esprint final. Con ello, amplió enormemente sus horizontes deportivos y cambió su estilo, ya anticuado y caracterizado por pasos cortos, por otro más vanguardista consistente en proyectar su zancada a una zona más lejana con respecto al centro de gravedad del corredor.

Modificar costumbres ya fosilizadas durante años no es un proceso sencillo, pero le encantaba correr y, por este motivo, fue capaz de vencer todo tipo de dificultades. Hizo de la pista de atletismo su propio hogar. En ella invirtió mucho esfuerzo hasta que, finalmente, con la ayuda de su entrenador alemán, pudo experimentar una enorme mejora en su capacidad. En 1929 rompió los récords nacionales en las pruebas de atletismo de 100, 200 y 400 m lisos. Tras dichos resultados, se convirtió en una nueva estrella del atletismo y la reputación de su nombre se propagó con rapidez por todos los rincones del país.

Con el decisivo apoyo de Zhang Xueliang, el raudo Liu consiguió representar a China de forma oficial en los Juegos de la X Olimpiada de Los Ángeles en 1932. Las dificultades derivadas de los contratiempos sufridos, tanto a nivel interno como externo, tan solo le brindaron un corto mes para prepararse. En dicho tiempo, además, tuvo que ocuparse de su registro, de la formalización de todos los procedimientos necesarios y también de la posterior ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, con lo que el tiempo real de su preparación fue sumamente escaso.

Liu Changchun

Lágrimas de emoción

El 8 de julio de 1932 una multitud se reunió en el puerto de Shanghái para despedir a Liu Changchun y a su entrenador, que se disponían a viajar desde allí hasta Los Ángeles. El viaje simbolizaba el primer paso de China hacia los Juegos Olímpicos. Antes de su partida, Wang Zhengting, el por entonces director de la Asociación de Deportistas, llegó a afirmar entusiasmado: “Es la primera vez que China envía a un representante a los Juegos Olímpicos. Esta es la primera vez y, por ello, posee un significado inabarcable.”

En aquel entonces, completar el viaje en barco que unía China y Estados Unidos precisaba 20 días, pero esta travesía, a causa del fuerte viento y oleaje, se alargó hasta las 25 jornadas. Cualquier error podía comprometer la participación china en los Juegos Olímpicos. Durante el viaje, Liu tuvo que vencer las náuseas, acostumbrarse a alimentos y bebidas a los que no estaba habituado, dormir de forma muy irregular y, en general, enfrentarse a todo tipo de inconvenientes. Finalmente, el deportista llegó a Los Ángeles a falta de solo un día para el comienzo de la competición. El largo camino discurrido, y el malestar acumulado en el barco, produjeron una importante sobrecarga en su estado físico y en su resistencia, por lo que se encontraba en unas nefastas condiciones. Además de ello, ni tuvo tiempo para adaptarse al desfase horario ni tampoco pudo llevar a cabo una sesión formal de entrenamiento de recuperación. Así de cansado y consciente de su deber se dirigió al campo de atletismo.

El 30 de julio de 1932, a las 14:00 horas, la delegación china fue la octava organización en desfilar en la ceremonia de apertura de los X Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Frente a casi 100.000 espectadores, y entre el clamor de todo el estadio, Liu Changchun alzaba bien alta su bandera marchando henchido de orgullo y abriendo camino al resto de la delegación china. Junto a él, además de su entrenador, desfilaban otras cuatro personas, todas ellas chinos de ultramar locales a los que se les había pedido que acudieran ese mismo día para tener una cantidad suficiente de participantes.

El día después de la ceremonia de apertura, y a pesar de su fatídico estado físico, se plantó en la línea de salida de la pista de los 100 m lisos. El disparo indicó el comienzo de la prueba y, entonces, el velocista de tan solo 23 años logró hacerse con la atención de todo el público. Durante los 60 primeros metros fue el más rápido, manteniendo la superioridad de la primera posición; sin embargo, al llegar a los 70 m lo alcanzaron y en los 80 m lo adelantaron, momento a partir del cual ya no pudo seguir recuperando posiciones.

El camino olímpico de China ha sido difícil y ha estado repleto de baches, pero también de esperanza y conquistas. En 1932 su primer atleta cruzó el océano para participar prácticamente solo en la décima edición. 76 años después, ya en 2008, China ejerció con éxito de anfitriona en la XXIX edición de los Juegos Olímpicos y la magnificencia de Beijing encandiló al mundo entero. Entre la derrota sufrida en 1932 y la gran victoria de 2008 consiguieron 51 medallas de oro. El acérrimo e infranqueable espíritu olímpico chino, y el estilo deportivo entusiasmado y repleto de vida de sus atletas, ha quedado ya grabado con tinta indeleble en los anales de historia de esta gran nación.


Revista Instituto Confucio 58

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Publicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 58. Volumen I. Enero de 2020.
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