Liu Guoliang

Liu Guoliang, leyenda por partida doble del tenis de mesa de China

Liu Guoliang es una auténtica leyenda viva del tenis de mes en China. Tras conquistar como jugador el oro olímpico, la copa del Mundo y el campeonato mundial, se convirtió con 27 años en el entrenador del equipo nacional masculino de China más joven de la historia.

Artículo de
Tan Huixin
谭惠心
No cabe duda de que el tenis de mesa, también conocido popularmente como ping-pong, es el deporte que más orgullo y confianza genera entre la población china. Desde su introducción a principios del siglo XX, su futuro ha quedado íntimamente vinculado al del país. Desde entonces ha brindado numerosos momentos de gloria en China donde se le considera su deporte nacional. Si hablamos de tenis de mesa es inevitable pensar en uno de sus representantes más célebres que, después de haber llegado a lo más alto como jugador, se retiró para dirigir al equipo nacional y forjar a toda una generación de indiscutibles talentos. Su nombre es Liu Guoliang y su mayor mérito ha sido el de convertirse en la auténtica leyenda viva de esta disciplina deportiva por partida doble: primero como jugador y más tarde como entrenador.

Tenis de mesa (ping-pong), deporte nacional chino

Fue su padre el responsable de que el destino de Liu Guoliang quedara por siempre ligado al tenis de mesa. Había sido campeón en la categoría masculina individual del torneo amateur de Henan en sendas ocasiones y, más tarde, había pasado a dedicarse a la formación de nuevos jugadores como entrenador. Su mayor deseo era transmitir a su hijo la pasión que él mismo sentía por este deporte, para que su descendiente pudiera prosperar a nivel profesional e, incluso, llegar a convertirse en el mejor. Por eso, cuando Liu Guoliang tenía 4 años, su padre lo llevó a Beijing a visitar a un antiguo paisano suyo, el campeón del mundo Zhang Li (1951-2019). La presencia de todos los trofeos y medallas, que el legendario jugador conservaba en su hogar, originaron en el aspirante la motivación que necesitaba para implicarse de lleno en la consecución de un sueño, que comenzaba a tomar forma en su interior: el de llegar a ser algún día campeón del mundo.

Gracias al apoyo y a la minuciosa instrucción recibida, el joven Liu Guoliang fue forjando su camino al éxito.

Al cumplir 6 años, su padre comenzó a entrenarlo según un sistemático plan que ambos cumplían todos los días. Años después, al evocar su infancia, llegaría a afirmar que su progenitor se comportaba como un verdadero entrenador, pues lo instruía en las habilidades del ping-pong 365 días al año, incluido el de la Fiesta de Año Nuevo, en el que tan solo se le concedía media jornada de descanso. Cada temporada, el padre costeaba los viajes que fueran necesarios para llevar a su pupilo a participar en todo tipo de campeonatos, en los que encontraba la oportunidad de observar y practicar con jugadores de muy consumada habilidad procedentes de todos los rincones del país. Siempre que ganaba un partido, lo recompensaba con un tazón de fideos con carne de cordero caliente.

Gracias al apoyo y a la minuciosa instrucción recibida, el joven Liu Guoliang fue forjando su camino al éxito con cifras y logros dignos de la más brillante carrera. A los 13 años entró a formar parte del equipo nacional juvenil, a los 15, la organización hubo de hacer una excepción para permitirle el ascenso al equipo nacional absoluto y, ya con 19, se convirtió en el campeón olímpico más joven de China en la modalidad individual. A los 23 años demostró su excepcional valía al convertirse en el primer jugador masculino del país en completar el Grand Slam, designación que recibe la gesta consistente en conquistar el oro olímpico, la copa del Mundo y el campeonato mundial.

Liu Guoliang
Liu Guoliang. Ilustración de Xavier Sepúlveda.

Madurar en la adversidad

Los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996 supusieron un punto de inflexión en su vida pues, de ellos, salió victorioso tanto en la categoría masculina individual como en la de dobles. Dichos logros fueron los primeros pasos de una gloriosa carrera, cuya tendencia a la victoria no se detendría hasta la culminación del Grand Slam. En un periodo relativamente corto de tiempo había mejorado su posición hasta convertirse en el líder del equipo nacional.

Sin embargo, antes de eso, un periódico había estado a punto de poner fin al sueño olímpico al que aspiraba. En las vísperas de las Olimpiadas de Atlanta, y cuando el equipo chino de tenis de mesa aún estaba decidiendo quiénes serían los jugadores participantes en representación del país, Liu Guoliang tuvo que competir con su compañero, Ding Song, por hacerse un hueco en la plantilla. Quiso el destino que, durante esos días y de forma fortuita, acabara en sus manos un periódico cuya lectura significó un terrible golpe para él. Como consecuencia, su estado de ánimo se enfrentó a una grave crisis que, además de arrebatarle la motivación que necesitaba en sus sesiones de entrenamiento, le hizo disminuir el nivel de su juego.

En los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, no solo se alzaron con la medalla de oro por equipos sino que, además, colmaron los tres puestos del podio de la categoría individual, haciendo ondear tres banderas chinas al mismo tiempo.

En dicho artículo se relataba que Cai Zhenhua, el por entonces entrenador del equipo masculino, estaba comparando las habilidades de Liu Guoliang con las de su compañero Ding Song y, de forma implícita, había dejado ver que tenía todas las papeletas para perderse los Juegos Olímpicos. El entrenador se percató pronto de la situación del joven jugador y le preguntó cuál era el motivo del bajón que estaba sufriendo su rendimiento deportivo. Liu Guoliang, que hasta ese momento no había expresado su opinión sobre el asunto a nadie, sacó el periódico y se lo mostró. Para su sorpresa, Cai Zhenhua negó la veracidad del contenido del artículo. Según él, nunca había concedido tal entrevista, y lo que se publicó era falso. Aliviado, Liu Guoliang fue recuperando paulatinamente su estado de forma y se ganó a pulso la última plaza en las Olimpiadas, una oportunidad que poco después aprovecharía para conseguir la medalla de oro.

En la actualidad, Liu Guoliang sigue conservando el polémico periódico pues, según él, el artículo siempre lo ha ayudado a encontrar la inspiración cuando más la necesita. Y es que esta amarga experiencia le hizo entender algo sumamente importante: en el camino hacia el éxito es imprescindible aprender a valerse de la fuerza interior, y aprovechar la oportunidad de madurar que ofrecen las adversidades.

Liu Guoliang

Un entrenador de oro

Al retirarse como profesional en 2003, a la edad de 27 años, se convirtió en el entrenador del equipo nacional masculino de China más joven de la historia. Después de haber demostrado un dominio absoluto como jugador, volvió a asombrar ejerciendo un excelente papel como entrenador de la selección hacia la victoria en ¡todos y cada uno de los torneos de tenis de mesa del mundo! Especial mención merecen los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, en que no solo se alzaron con la medalla de oro por equipos sino que, además, colmaron los tres puestos del podio de la categoría individual, haciendo ondear tres banderas chinas al mismo tiempo. El trabajo de Liu Guoliang condujo al equipo chino por la senda del oro a lo largo de tres juegos olímpicos consecutivos: los de Beijing, Londres y Río, en una época protagonizada por la más gloriosa generación de jugadores de este deporte que ha dado China.

En realidad, en su primera etapa como entrenador no se encontró con un camino fácil, sino que tuvo que lidiar con diversos contratiempos. Sin embargo, su fuerza de voluntad y su forma de ver las cosas, así como su interés en la investigación y la reflexión, lo llevaron a iniciar un lento periodo de reformas e innovaciones sin precedentes en el equipo. Además de introducir una enorme variedad de nuevos estilos de juego y tácticas, desarrolló un tipo de entrenamiento competitivo gracias al cual dio con la clave para mejorar la resistencia ante la presión de todos los miembros del equipo. Su sistema se basa en adecuarse a las características y a la personalidad de cada jugador, por lo que los métodos que pone en práctica son específicos para cada uno de ellos. Por ejemplo, con respecto a los dos ganadores del Grand Slam, Ma Long y Zhang Jike, optó por enfoques completamente diferentes. En una ocasión llegó a afirmar sobre el primero que necesitaba atención e incentivos. Y, en el caso del segundo, no dudó en señalar con franqueza que su principal problema era la educación. Para sus discípulos, Liu Guoliang es muchísimo más que un extraordinario entrenador, pues también les profesa el cariño de un hermano, que los enseña a jugar y los guía por el buen camino en su comportamiento.

Los excelentes resultados cosechados por el equipo nacional han originado en China un entusiasmo inusitado por este juego. 

Los excelentes resultados cosechados por el equipo nacional han originado en China un entusiasmo inusitado por este juego. Tanto él, como las estrellas a las que ha conducido al éxito, han pasado a ser verdaderos modelos para los jóvenes del país, idolatrados y estimados por cientos de millones de compatriotas. Sin embargo, y a pesar de su gloriosa posición, ha sabido mantener la calma necesaria para no dejarse llevar por la fama. Desde su punto de vista, ganarse el corazón de las personas es mucho más importante que obtener la victoria en una competición. Su mayor orgullo es que cada vez más jóvenes se sientan atraídos por esta disciplina deportiva. El 1 de diciembre de 2018, Liu Guoliang fue nombrado presidente de la Asociación de Tenis de Mesa de China y, en la actualidad, se encuentra preparando con gran intensidad a los miembros del equipo nacional para los Juegos Olímpicos de Japón 2020. Según afirma, “el éxito del tenis de mesa chino es la consecuencia del afanoso trabajo de varias generaciones, así como una muestra de la grandeza de un grupo de personas. Continuaremos trabajando desde la sinceridad para conducir a nuestro equipo hacia nuevos desafíos y, en definitiva, ¡a seguir cosechando éxitos!”


pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 54. Volumen III. Mayo de 2019.
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