Gun

Gun, el héroe que robó la tierra

El dios Gun () es un héroe de la mitología china, que salvó a los humanos de las inundaciones que les asolaban tras lograr robar en secreto al dios del Cielo (天帝) un trozo de xirang (息壤), un tipo de tierra existente en el suelo celestial capaz de crecer por sí misma. El control sobre el xirang acabó desatando una guerra entre dioses y Gun murió asesinado.

Un reportaje de
Liu Yanqin
刘艳琴
En la mitología china el cielo era redondo y la Tierra plana. Cuatro columnas, erigidas cada una sobre una de las esquinas de la Tierra, eran las encargadas de soportar el peso del cielo, garantizando la supervivencia de la paz y la armonía en el reino celestial. Hace más de cuatro milenios, según los registros más antiguos, estalló una guerra entre las tribus de la Llanura Central cuyos líderes, Zhuan Xu (颛顼) y Gong Gong (共工), sostuvieron una encarnizada lucha por el trono imperial y por el liderazgo de la alianza existente entre todas las tribus. Tras la contienda, Gong Gong fue derrotado y, tratando de aplacar la ira que sentía en su interior, dio un tremendo cabezazo a la montaña Buzhou (不周山), que acabó desplomándose al no poder soportar la fiereza del golpe. La montaña era una de las cuatro columnas que sostenían el firmamento, por lo que el equilibrio existente entre el cielo y la Tierra se vio gravemente comprometido. Ello hizo que, en el cielo, la bóveda celeste se inclinara hacia el noroeste y la Tierra lo hiciera hacia el sureste, con lo que se desviaron los ríos y toda el agua existente sobre la superficie del planeta se desplazó hacia la parte sureste. Cuanto se conocía quedó sumergido bajo el agua. Quienes por entonces habitaban nuestro planeta huyeron hacia las cumbres más altas. Sin embargo, en la superficie rocosa de las montañas, la capa de tierra era demasiado fina y los recursos naturales escaseaban. La vida humana se sumió en una crisis sin precedentes mientras la supervivencia se hacía prácticamente imposible.

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El dios Gun (), testigo de las calamidades que estaban sufriendo los humanos, robó en secreto al dios del Cielo (天帝) un trozo de xirang (息壤, tipo de tierra existente en el suelo celestial capaz de crecer por sí misma) y descendió personalmente al reino terrenal. En aquellos lugares devastados por las inundaciones, Gun utilizó xirang para bloquear las corrientes y crear embalses de agua. En estos depósitos, la tierra divina crecía al mismo tiempo que lo hacía el nivel del agua, hasta que llegaban a alcanzar ambos la misma altura, de forma que se convirtió en una barrera capaz de proteger las zonas habitadas por los humanos y, con ello, su vida y sus propiedades. Durante el tiempo en que Gun desempeñaba su tarea, el dios del Cielo se percató de que este se había apropiado indebidamente de un trozo de xirang y envió inmediatamente a Zhu Rong (祝融), dios del Fuego, a capturarlo y recuperar lo que se había llevado. Cuando Gun descubrió que Zhu Rong tenía la misión de detenerlo, recogió toda la tierra que había depositado y la ocultó en Dongzhou (东洲), la zona que hoy en día ocupa la ciudad de Yucheng (禹城), en la provincia de Shandong. Las aguas quedaron, por tanto, liberadas y se formaron potentes y caudalosos torrentes que volvieron a ocupar grandes superficies de tierra, destruyendo todo lo que encontraban a su paso. Finalmente, Zhu Rong logró capturar a Gun, quien mantuvo una feroz batalla a vida o muerte con el dios del Fuego y otras divinidades. La corpulencia de Zhu Rong resultó no tener rival posible y Gun sucumbió ante su poder en Yujiao (羽郊).

En aquellos lugares devastados por las inundaciones, Gun utilizó xirang para bloquear las corrientes y crear embalses de agua. En estos depósitos, la tierra divina crecía al mismo tiempo que lo hacía el nivel del agua, hasta que llegaban a alcanzar ambos la misma altura, de forma que se convirtió en una barrera capaz de proteger las zonas habitadas por los humanos y, con ello, su vida y sus propiedades.

Pero, ¿qué tenía de especial el xirang para ser capaz de desatar una guerra entre los dioses? Según la mitología china, esta sustancia, semejante al suelo orgánico, presentaba una apariencia glutinosa sobre la que se mezclaban los colores amarillo y negro. La tierra amarilla estaba formada por sedimentos acumulados gracias a la fuerza del agua y procedía de la cordillera Kunlun (昆仑山), un accidente geográfico nombrado en el Clásico de montañas y mares (山海经) cuya localización, a pesar de ser aún un misterio, algunos investigadores sitúan en el monte Tai (泰山). Por su parte, la tierra negra se producía en el suelo como resultado de la descomposición de la vegetación y era el mejor tipo de las que se podían utilizar en la labranza, pues su alto contenido en humus le proporcionaba una extraordinaria fertilidad. Ambos tipos de tierra combinados formaban el xirang, cuyo gran poder adhesivo lo convertía en un material idóneo para la construcción de presas, por lo que era sumamente importante para la población de esa época. En la antigüedad, prominentes montañas y caudalosos ríos regían la casi totalidad del territorio chino al mismo tiempo que las tierras cultivables escaseaban y, las que aún quedaban, contaban con una capa superficial de tierra demasiado fina. Las ciudades de Kaifeng, Zhengzhou, Luoyang y otras zonas de la presa de las Tres Gargantas (三峡) estaban repletas de imponentes cordilleras y acantilados rocosos en los que la tierra era siempre insuficiente y, en el subsuelo, toda la estructura era rocosa.

Los historiadores e investigadores afirman que las leyendas suelen reflejar aquello que realmente aconteció en el pasado, por lo que el origen de la fábula del xirang procede de la necesidad de manifestar el amor que los antepasados chinos sentían por la tierra.

Si cualquier tipo de tierra era extremadamente apreciada, aquella era útil tanto para el cultivo como para la construcción y se distinguía como un recurso tan valioso como la vida misma. La ciudad de Yucheng, situada en la llanura de Luxi, es un yacimiento cuya abundancia de este tipo de tierra parece inagotable; por eso, a lo largo de los siglos, sus ciudadanos han creído que la que emana de este lugar es precisamente el xirang que escondió en el pasado el dios Gun.

Los historiadores e investigadores afirman que las leyendas suelen reflejar aquello que realmente aconteció en el pasado, por lo que el origen de la fábula del xirang procede de la necesidad de manifestar el amor que los antepasados chinos sentían por la tierra.

Cuenta la leyenda que, tras la muerte del dios Gun, su cadáver tardó tres años en descomponerse. Zhu Rong, asombrado, hendió un cuchillo de Wu (, zona geográfica famosa por la calidad de sus cuchillos) en el cuerpo de su enemigo, provocándole en el vientre una herida de la que posteriormente nació Yu el Grande (). El alma de Gun se reencarnó en un oso amarillo e inmediatamente se sumergió en el lago Yuyuan (羽渊), donde desapareció para siempre.

Cuando Gun obstaculizaba el paso a los torrentes para evitar los desbordamientos, desvió el agua hacia otro lugar. Causó con ello unos daños irreparables al territorio habitado por otras tribus, cuyos enfadados miembros dieron comienzo a una guerra en la que más tarde Gun fue herido mortalmente.

El motivo por el que el dios Gun acabó siendo asesinado tras sus inagotables esfuerzos por controlar las inundaciones aparece también reflejado en una leyenda tradicional alternativa. Dice esta que, cuando Gun obstaculizaba el paso a los torrentes para evitar los desbordamientos, desvió el agua hacia otro lugar. Causó con ello unos daños irreparables al territorio habitado por otras tribus, cuyos enfadados miembros dieron comienzo a una guerra en la que más tarde Gun fue herido mortalmente. Los vencedores acusaron duramente al dios Gun y este pasó a formar parte del grupo de los Cuatro Males (四凶) constituido por él mismo, Gong Gong, Huan Dou (欢兜) y Sanmiao (三苗). Según esta leyenda es posible que fuera Yao (), el líder de la alianza existente entre las tribus, quien condenara a Gun a permanecer encerrado en Yujiao, donde fue ejecutado.

Su afán por controlar las inundaciones no obtuvo la recompensa por la que tanto luchó. Por el contrario, lo único que consiguió fue convertirse en un impedimento más para la vida de aquellos a quienes pretendía proteger. Su esfuerzo no fue valorado como merecía y su figura queda en la memoria como la de un héroe legendario derrotado. A pesar de ello, la gloria de sus actos, guiados por su determinación por salvar a los humanos, debería ser fácilmente equiparable a la que la mitología griega atribuye a Prometeo, recordado para la posteridad como un titán protector de la civilización por robar el fuego de Zeus para ayudar con él a los mortales. 


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pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 43. Volumen IV. Julio de 2017.
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