Las Fallas de Valencia y sus similitudes con la cultura china

Las Fallas de Valencia son una fiesta popular con una larga historia con grandes semejanzas con la Fiesta de la Primavera o Año Nuevo chino. Ambas nacen con el propósito de conmemorar la llegada de la primavera, del buen tiempo, de las cosechas, de los árboles en flor, de la luz y del renacer. Ambas celebraciones comparten los festejos en la calle, donde el ruido, la pólvora, los petardos, los castillos artificiales y el fuego purificador no pueden faltar.

Ninot indultat 2024 perteneciente a la Falla Antiga de Campanar. Foto: Javier Pérez.
Ninot indultat 2024 perteneciente a la Falla Antiga de Campanar. Foto: Javier Pérez.

Artículo de Oliver Martínez

¿En qué podrían parecerse las Fallas de Valencia con la cultura china? A priori se trataría de dos puntos contrapuestos que no comparten nada en común. Es más, ni en Valencia se conoce bien la cultura china —aunque este error cada vez se corrige con mayor interés—, ni en China saben bien qué es la popular fiesta de las Fallas. Nos resulta pues extraño y difícil encontrar semejanzas en dos aspectos que a simple vista parecen estar a años luz.

Debido a que las Fallas son una fiesta popular de carácter internacional con una larga historia y tradición, lo mejor es intentar buscar su homólogo con la cultura china: la Fiesta de la Primavera o Año Nuevo chino. Ambas nacen con el propósito de conmemorar la llegada de la primavera, del buen tiempo, de las cosechas, de los árboles en flor, de la luz y del renacer.

Como los chinos siguen el calendario lunar, para ellos la primavera hace su entrada entre finales de enero y principios de febrero —dependiendo del año—, mientras que en Valencia se sigue el calendario occidental y no lo hace hasta el 21 de marzo. Es por eso que las Fallas se celebran del 14 a 19 de ese mes invariablemente.

Falla de la Plaza del Pilar la noche del 15 de marzo de 2015. Foto: 123RF.
Falla de la Plaza del Pilar la noche del 15 de marzo de 2015. Foto: 123RF.

El largo y duro invierno se despide para dar la bienvenida al calor, a los tiernos rayos de sol y al resurgir de la vida. Este gran acontecimiento —en otros lugares del planeta se festeja con los Carnavales— merece una fiesta por todo lo alto. Así, en China la Fiesta de la Primavera se conmemora con reuniones familiares, comidas pantagruélicas y con festejos en la calle, donde el ruido, la pólvora, los petardos, los castillos artificiales y el fuego purificador no pueden faltar.

Los valencianos comenzaron hace varios siglos a gestar la fiesta de las Fallas quemando trastos viejos en las calles, simbolizando así el paso de lo viejo a lo nuevo, donde el fuego purificador era el protagonista principal. Hoy en día, lo que se queman son gigantescos monumentos de cartón, madera y papel llamados “fallas”. Los chinos expresan el renacer de la vida después del letargo invernal con el fuego de los farolillos —simbolizado por el color rojo y por la Fiesta de las Linternas— que sirve para ahuyentar los malos espíritus y enfrentarse al nuevo año con la alegría del buen augurio.

El colorido y la imaginación de los «ninots» de las Fallas es inagotable. En la foto uno de los aspirantes a ser indultado del fuego en 2024. No lo consiguió. Fue quemado como todos. Foto: Javier Pérez.
El colorido y la imaginación de los «ninots» de las Fallas es inagotable. En la foto uno de los aspirantes a ser indultado del fuego en 2024. No lo consiguió. Fue quemado como todos. Foto: Javier Pérez.

En Valencia se disparan petardos de una forma encadenada y armoniosa, como de una orquesta sinfónica en plena actuación se tratara, en lo que se le denomina popularmente como “mascletà”, haciendo rugir el sonido atronador por todas las calles de la ciudad y llenado el ambiente de pólvora con un inconfundible olor a azufre quemado. Las plazas y avenidas de las ciudades de China, su cielo y su aire, se llenan de petardos y cohetes lanzados ruidosamente para conmemorar la llegada de un nuevo inicio. Recorrer cualquier calle de una ciudad china durante la nochevieja es introducirse en el corazón mismo de una “mascletà”. Durante dos semanas, mayores y pequeños, hombres y mujeres, encienden petardos, bengalas, salidas y castillos para celebrar el cambio de año y la llegada de un nuevo animal auspicioso. Esto ha sido así durante siglos, por lo que podemos decir que tanto los chinos como los valencianos llevamos la pólvora en la sangre y nuestra pirotecnia goza de fama mundial.

Los fuegos artificiales y los petardos son una seña de identidad de Valencia. Omninpresentes en las Fallas. Foto: 123RF.
Los fuegos artificiales y los petardos son una seña de identidad de Valencia. Omninpresentes en las Fallas. Foto: 123RF.

 Al encanto del ruido atronador y de la pólvora se le une la fascinación por la música. Pequeñas bandas populares tocan temas sencillos para que dragones y seres mitológicos dancen al compás –los dragones echan fuego por la boca-, haciendo piruetas, pasacalles, dando saltos o realizando acrobacias que encandilan a más de uno. Vestidos con sus trajes típicos de seda de color rojo, artistas improvisados entretienen al público ávido de emociones mientras degustan un pincho de frutas caramelizadas o un plato de ravioles rellenos de carne. En la puerta de los templos se montan ferias para divertir a la gente y mercados que venden todo tipo de productos artesanales, con lo que todo el mundo sale a la calle a celebrar el comienzo de un nuevo año. Nosotros, en Fallas, hacemos algo parecido, siendo la calle el principal protagonista de la fiesta.

Ofrenda floral a la Verge dels Desamparats de València, también llamada «Geperudeta». Foto: 123RF.
Ofrenda floral a la Verge dels Desamparats de València, también llamada «Geperudeta». Foto: 123RF.

En Valencia, las bandas de música recorren las vías, las arterias, las avenidas, las ramblas, los callejones y las calzadas de la ciudad acompañando a las comisiones falleras llenado el ambiente de canciones pegadizas y tonadillas que son fácilmente reconocidas por todos y canturreadas mientras se degusta una taza de chocolate caliente acompañada de buñuelos de calabaza. Miles de falleras y falleros, ataviados con sus trajes regionales de seda natural —otra coincidencia con la cultura china—, desfilan durante dos días con ramos de flores que entregan a la Virgen de los Desamparados a las puertas de la Catedral de la ciudad. Los chinos, por su parte, acuden a los templos donde rezan a la figura de Buda y les depositan varillas de oloroso incienso.

En China, la industria sedera tiene siglos de historia. Desde siempre se ha considerado que los telares de la ciudad de Hangzhou (provincia de Zhejiang) son los que mejores tejidos de seda produce. Su textura, calidad, belleza de los brocados y diseño los hace únicos. Algunos de estos tejidos bien se pueden utilizar para realizar trajes de fallera, aunque muchos diseños –sobre todo los que presentan figuras de dragones, aves fénix o caracteres chinos como el de la longevidad- difieren bastante de lo que usamos en Valencia para vestirnos de falleros, donde la flor es la protagonista de los dibujos de las telas.

Trajes regionales valencianos, omnipresentes en las fiestas de las Fallas. Foto: 123RF.
Trajes regionales valencianos, omnipresentes en las fiestas de las Fallas. Foto: 123RF.

El amor por el arte une una vez más a los chinos y a los valencianos. Nosotros creamos obras artísticas efímeras que se queman a los cuatro días de ser expuestas, los chinos crean arte imperecedero, bello y duradero. La cerámica es, una vez más, un punto de encuentro entre estas dos culturas: en Valencia brilla con luz propia la porcelana tradicional –desde la policromada, hasta los “socarrats”, pasando por las codiciadas obras de Lladró-. De la porcelana china poco se puede añadir que no se haya dicho ya: sublime, antigua, preciosa, milenaria.

Los valencianos no concebimos la fiesta de las Fallas sin nuestro plato más internacional nacido de nuestra huerta: la paella. Los ingredientes principales de la misma son la verdura, el pollo, el conejo, el azafrán y, ¡cómo no!, el arroz, cereal básico de la cultura china que es consumido a diario cocinado de múltiples formas y que durante la Fiesta de la Primavera se degusta en los típicos niángāo –pastel de arroz glutinoso de la buena suerte-.

En definitiva, tanto a los chinos como a los valencianos nos encanta festejar, pasar buenos momentos con la familia y los amigos, el fuego, la pólvora, la música, el buen comer, el arte y la diversión en general. Estas aptitudes se reflejan en nuestras fiestas y tradiciones, las cuales nos acercan a chinos y a valencianos en muchos puntos que hasta ahora desconocíamos.


Revista Instituto Confucio 5

Publicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 5. Volumen II. Marzo de 2011.

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