rutas marítimas chinas.

Las rutas marítimas chinas y las innovaciones navales

Las rutas marítimas chinas se impusieron a las terrestres a partir del siglo VII debido a la mayor capacidad y seguridad que ofrecían las flotas para el transporte de mercancías. Los trayectos a mar abierto se vieron favorecidos  por las innovaciones en construcción naval y navegación que culminaron en la invención de la brújula hacia el siglo IX.

Reportaje de
Victòria Rosselló
El comercio que propició la antigua Ruta Marítima de la Seda permitió construir un efectivo entramado económico que pervivió a lo largo de los siglos. Geográficamente, la antigua travesía náutica se dividía en dos: una que transcurría desde China hasta el mar de la China oriental, que enlazaba con la península coreana; y una segunda ruta que se dirigía hacia el mar de la China meridional, el sur de Asia, el mar Arábigo y el golfo Pérsico. Aunque hay evidencias arqueológicas de transporte marítimo anteriores al establecimiento de la conocida ruta, fue en la época de la dinastía Han (202 a. C.-220 d. C.) cuando se establecieron las rutas comerciales marítimas.

Chinos y romanos florecieron al calor del comercio generado por los caminos abiertos por la seda, pero fueron los árabes quienes jugaron un papel preponderante en el desarrollo de las rutas marítimas. Uno de los mayores puertos de la antigüedad, Berenice, situado en el mar Rojo, fue fundado en el siglo III a. C. y alcanzó su máximo esplendor en el siglo I d. C.  Recientes trabajos arqueológicos han permitido ubicar el emplazamiento de la antigua ciudad portuaria y evidencias del comercio existente con Asia, al hallar inscripciones en 11 lenguas incluyendo griego, hebreo, copto y sánscrito. Aunque el establecimiento de esta travesía náutica se produce durante la dinastía Han, no es hasta el reinado de los Tang (618-907) cuando se aprecia una fuerte presencia china en el mar Rojo, Persia, Mesopotamia y Egipto. 

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Mapa adaptado de www.unesco.org

Las rutas marítimas chinas se impusieron a las terrestres debido a la mayor capacidad y seguridad que ofrecían las flotas para el transporte de mercancías. Los avances tecnológicos en astronomía y en las técnicas de construcción naval facilitaron la navegación a gran escala. La ruta marítima de la seda, y el comercio entre las diferentes regiones, facilitó un escenario donde coexistieron diversidad de culturas y religiones. Alrededor del siglo VII los trayectos a mar abierto favorecieron un comercio extensivo entre China, el sudeste asiático, la India y Oriente Medio. Múltiples ciudades costeras florecieron y, como ejemplo, Guangzhou llegó a contar con una población de 200.000 residentes que incluía árabes, persas, indios, africanos y habitantes procedentes de Oriente Medio.

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Sin embargo, las rutas marítimas chinas contaban con la desventaja esencial del tiempo meteorológico impredecible y las tormentas que ocasionaban naufragios y grandes pérdidas de vidas y bienes. Antes de que China inventara la brújula en el siglo XI, la navegación a gran escala solo era posible gracias al conocimiento del régimen de vientos dominante en las distintas zonas y de la astronomía. El monzón estacional era el que controlaba la navegación. Las grandes embarcaciones aprovechaban el monzón que las transportaba hacia el este en los meses de julio, agosto y septiembre; y hacia el oeste, desde China hacia Oriente Medio, en diciembre, enero y febrero.

El frente de “las lluvias de la ciruela”

La palabra “monzón” proviene del árabe y significa “estación” porque hace referencia a los cambios estacionales de los vientos en superficie dominantes sobre el sur del continente asiático. El ciclo anual del monzón está regulado por el calor transportado a través del ecuador tanto por la atmósfera como por el océano. Un rasgo característico del monzón de Asia Oriental de primavera y comienzos del verano es el frente Mei-Yu, que es una zona de inestabilidad semipermanente y cuasiestacionaria que se extiende desde la meseta tibetana hacia el este-nordeste, alcanzando a Japón. Su periodo comienza a mediados de mayo y continúa hasta principios o mediados del verano, con un desplazamiento hacia el norte.

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El legendario Xu Fu en busca del elixir de la vida

Mei-Yu se traduce como “las lluvias de la ciruela”, porque son las lluvias persistentes que se registran en la época del florecimiento de dicho fruto. En este frente se generan sistemas convectivos mesoescalares que ocasionan fuertes y persistentes precipitaciones, a menudo de intensidad torrencial, que se forman y desplazan hacia el este a lo largo del mismo. La inestabilidad, los fuertes movimientos ascendentes y la persistente convección profunda están asociados a un chorro de niveles bajos que trae aire cálido y húmedo desde el mar de la China meridional y la bahía de Bengala.

La construcción naval se convirtió en una gran industria y permitió que se armaran flotas tecnológicamente más avanzadas tanto para fines comerciales como militares

China tiene una milenaria tradición de observación astronómica. El primer registro conocido de un eclipse se hizo en el 2137 a. C. y fueron astrónomos chinos quienes observaron la supernova del año 1054. Se trata de la conocida actualmente como la nebulosa del Cangrejo de la que observaron que permaneció brillante casi un año antes de desaparecer. Entre los años 1436-1449, durante la dinastía Ming (1368-1644), se construyó en Beijing el célebre observatorio astronómico que cuenta con instrumentos de bronce de gran tamaño.

La esfera armilar era uno de los instrumentos utilizados en la navegación de la antigüedad. Eratóstenes (255 a. C.) la mencionó por primera vez. Se trata de un modelo de esfera astral constituido por anillos de metal que representan diferentes planos celestes y reproducen el movimiento aparente de las estrellas. Observando la posición de algunas de ellas, cuya ubicación constaba en los mapas estelares que los astrónomos chinos confeccionaron desde tiempo inmemorial, era posible estimar la localización de algunos puntos geográficos y ello permitía una relativa orientación en la navegación.

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Mapa estelar de Dunhuang (ca 650)

Cabe destacar el mapa estelar de Dunhuang. Las investigaciones más recientes señalan al astrónomo imperial Li Chunfeng (李淳风, 602-670) como el autor del mismo. Contiene la descripción y ubicación de 1.339 estrellas y pudo haber sido una guía para los viajeros de la Ruta de la Seda terrestre puesto que Dunhuang era un punto clave en el histórico recorrido comercial y su última parada antes de llegar a Xi’an.

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Li Chunfeng

Invención de la brújula

La actividad económica y la mayor demanda de bienes, junto con el endurecimiento de las condiciones climáticas en las rutas terrestres, acrecentaron las posibilidades de las rutas marítimas chinas y resultaron un incentivo para la innovación tecnológica que culminó en la invención de la brújula. La construcción naval se convirtió en una gran industria y permitió que se armaran flotas tecnológicamente más avanzadas tanto para fines comerciales como militares. Durante la dinastía Song (960-1279), las naves chinas que navegaban por el océano Índico hasta el mar Rojo para comerciar con los mercados de Oriente Próximo eran mucho más numerosas que los mercantes árabes e indios. Además, la evidencia arqueológica registra porcelana de la dinastía Song en lugares tan remotos como el este del continente africano.

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Zheng He.

La referencia más temprana a un dispositivo magnético que señala el rumbo se halla en el libro Colección de las más importantes técnicas militares (武经总要, Wujing Zongyao) datado entre los años 1040-1044. La primera referencia a una aguja magnetizada aparece en 1088, en un tratado escrito por Shen Kuo, y el primer registro del uso explícito de la misma para la navegación se encuentra en el libro de Zhu Yu (萍洲可谈; Pingzhou Ketan) en 1117. En Europa las propiedades magnéticas de los metales fueron atribuidas a fuerzas ocultas o sobrenaturales hasta la publicación de la obra De Magnete (1600) de William Gilbert, que se conoció seis siglos más tarde que la primera cita en la literatura china.

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Navío recuperado del naufragio del Quanzhou

El barco de Quanzhou (泉州湾古船), uno de los mayores hallazgos de la arqueología marina en China, es un navío del siglo XIII cuyo estudio ha permitido evidenciar las avanzadas técnicas de construcción naval en la dinastía Song, que demuestran el dominio chino en el arte de navegar y en el comercio internacional del periodo. Entre 1405 y 1433, las expediciones de Zheng He auspiciadas por el emperador Yongle, mostraron al mundo el esplendor del Imperio Chino con su ingente potencia marítima. Se estima que recorrieron más de 160.000 millas náuticas, lo que equivale a dar siete veces la vuelta a la circunferencia terrestre. La más importante de las expediciones, compuesta por una flota de 317 barcos y una tripulación de 30.000 hombres, contaba con el mayor barco de madera jamás construido, de 370 pies de eslora (112 m de longitud) y ocho mástiles. Se puede mencionar que la travesía de Cristóbal Colón dispuso solo de tres navíos, el más grande de los cuales medía 85 pies de eslora (25 m) y una tripulación de 90 hombres.

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Réplica de un navío de la flota de Zheng He

La flota de Zheng He incluía marineros, eunucos, centenares de oficiales, decenas de médicos, adivinos, artesanos navales, herreros, carpinteros, sastres, cocineros, mercaderes, intérpretes en multitud de lenguas, astrólogos, predictores del tiempo, astrónomos, botánicos y especialistas en protocolo para organizar recepciones oficiales. Durante las siete expediciones los navíos transportaron toneladas de seda, cerámica y monedas de cobre que cambiaron por especias tropicales, gemas exóticas, maderas fragantes, animales desconocidos, textiles y minerales. Entre los bienes más preciados se hallaban las hierbas medicinales, el incienso, la pimienta, determinadas maderas tropicales, los cacahuetes, el opio, el marfil africano y los caballos árabes. Menos interés despertaba Europa, que solo podía ofrecer lana y vino, que el Imperio podía producir por sí mismo con creces.

Gavin Menzies y la ruta china del descubrimiento


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pdfPublicado originalmente en: Revista Instituto Confucio.
Número 47. Volumen II. Marzo de 2018.
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