Cerdo al vino de Shaoxing, o cerdo dongpo, guisado con salsa de soja y vino de arroz. Foto: By Sjschen, CC BY-SA 3.0. Wikimedia para «dongpo pork».
El cerdo al vino de Shaoxing (dōngpōròu, 东坡肉), es el plato más famoso de la cocina de Hangzhou. La gastronomía de Hangzhou, se integra en la de la provincia de Zhejiang,una de las ocho escuelas culinarias tradicionales chinas.Desde hace siglos estas tierras han sido prósperas en agricultura y cultura, lo que ha propiciado el aspecto alimenticio y el arte culinario.
La gastronomía de la provincia de Zhejiang forma parte de las ocho escuelas culinarias tradicionales chinas, y está compuesta por las especialidades de Hangzhou, Ningbo, Shaoxing, Wenzhou, etc., entre las que destaca el estilo de Hangzhou, su capital. Desde las dinastías Tang (唐, 618-907) y Song (宋, 960-1279), las regiones de Jiangsu y Zhejiang han sido prósperas en agricultura y cultura, lo que ha propiciado el aspecto alimenticio y el arte culinario.
Con el transcurso del tiempo, la gastronomía de Hangzhou se ha divido en dos ramas principales: la de Hushang (sobre el lago) y la de Chengxiang (el casco urbano). La primera, está especializada en saltear, estofar o freír rápidamente pescados y aves, conservando así su sabor original con un toque tierno, crujiente y exquisito. Sin embargo, la otra variedad recurre mayoritariamente a las carnes rojas utilizando técnicas como la de cocer al vapor, guisar a fuego lento o freír para distinguirse por su combinación salada, deliciosa, suave y tierna. De todas maneras, el famoso estilo de Hangzhou se fundamenta en su gusto ligero, en la cocina muy bien elaborada y en la cultura culinaria de gran nivel.
Una de las leyendas milenarias relacionadas con la ciudad de Hangzhou relata el romance entre Xuxian y la Serpiente Blanca, cuento este que ha ayudado además a difundir la popularidad de la Pagoda Leifeng y del Puente Duan ubicados en esta bella ciudad. Asimismo, los platos más conocidos de la gastronomía de Hangzhou, tales como las gambas salteadas con hojas de té Longjing, la carpa agridulce del Lago del Oeste, la sopa espesa de pescado de la cuñada Song, el pollo del mendigo envuelto en barro, el cerdo al vino de Shaoxing (conocido como Dongporuo) y el pato cocido con salsa al estilo de Hangzhou, entre otros, no solo cuentan con una excelente presentación, un aroma peculiar y un sabor muy exquisito, sino que también tienen su origen en una leyenda china.
Pagoda Leifeng en el lago Oeste de Hangzhou. Es uno de los escenarios de la Leyenda de la Serpiente Blanca y Bay Suzhen. Foto: 123RF.
Un buen ejemplo de ello es el cerdo al vino de Shaoxing (dōngpōròu, 东坡肉), el plato más famoso de la cocina de Hangzhou. A la hora de elaborarlo hay que estofar la carne en una cazuela de porcelana a fuego lento añadiendo la salsa de soja, cebolleta, jengibre, azúcar y sobre todo el huángjiŭ (黄酒, vino chino fermentado). De esta manera, el cerdo cocido sale de color rojo brillante tras absorber el caldo espeso. La textura en la boca es aceitosa, aunque no grasienta, con un toque crujiente.
Este plato también tiene su propia historia. El gran escritor de la dinastía Song llamado Su Dongpo (苏轼, 1037-1101) asumió dos veces la alcaldía de la ciudad de Hangzhou donde convocó a miles de trabajadores para dragar el Lago del Oeste a fin de consolidar la infraestructura hidráulica, facilitar el riego y mejorar el nivel de vida de sus conciudadanos. Durante el año nuevo chino los vecinos que tuvieron buena cosecha gracias a la ejecución de la obra, le regalaron a Su, el alcalde, carne de cerdo y vino de Shaoxing para manifestarle su gratitud. No obstante, Su Dongpo ordenó a sus familiares que preparasen la carne y se la llevaran a los jornaleros de la obra junto con copas de ese vino.
Su Dongpo, también llamado Su Shi (蘇軾). Este grabajo está pintado en la obra «Las dos odas al Acantilado Rojo» (赤壁二賦冊), un trabajo del calígrafo Zhao Mengfu, quien también pintó el retrato de Dongpo. Imagen: Wikimedia Commons, dominio público para «Su Shi».
Después de probar aquel plato tan delicioso, la gente, deseando estudiar el secreto de la elaboración, descubrió que se había echado bastante vino de Shaoxing durante el proceso de cocción para lograr ese aroma y sabor tan peculiares. Este truco de cocina no tardó en difundirse por toda la ciudad y la gente lo copió para preparar la carne de cerdo, llamándole “carne Dongpo”. Así es como se ha convertido en el plato más representativo de la cocina de Hangzhou y el que más demandan tanto visitantes como locales.
Escondida en el profundo suroeste de China, Kunming se presenta ante el viajero como una ciudad vibrante que sorprende por su variopinta diversidad étnica, la incesante naturaleza que la rodea y su estratégica ubicación como puerta de entrada a esta maravillosa área geográfica.
Las guías turísticas destacan de Kunming, sobre todo, su clima: en la también capital de la provincia de Yunnan, se vive una eterna primavera de flores donde no hay inviernos crudos ni veranos calurosos. En ellas también se suele recomendar la antigua villa de Guandu, el brillante lago Dian o el turístico Pueblo de las Nacionalidades. Todo esto se halla dentro del área municipal de Kunming. Unas atracciones, sin duda imponentes, que no desmerecen al resto de encantos que oculta la ciudad de las mil caras.
Visitar Kunming en cualquier estación del año siempre es una experiencia gratificante. Generosa por su clima templado y cálido, de inviernos secos y veranos lluviosos, su diferencia térmica no alcanza más de 12 °C entre el fresco enero, con unos 8,4 °C de temperatura media; y el húmedo julio, que se mantiene en los 20,3 °C de promedio mensual. Quizá sea por ello que, desde antaño, se la cite como capital de la primavera y que las referencias a la naturaleza y a las flores, que aquí se multiplican en progresión geométrica, sean una constante. Debido a su aventajada posición central en la provincia de Yunnan, y a su placentero y confortable clima, Kunming se ha convertido en una de las más aceptadas ciudades turísticas. No todos sus visitantes son nacionales pues también se puede ver entre sus masas la presencia de extranjeros. Esta es la cara más amable y acogedora con la que recibe Kunming a lo largo de todas las estaciones a quienes la visitan procedentes de todas partes.
Vista de las agujas de piedra caliza en el Bosque de Piedra de Shilin, cerca de Kunming, en la provincia de Yunnan, China. La roca más famosa del lugar recibe el femenino nombre de Ashima (阿诗玛), pues presenta una figura vertical que recuerda a una muchacha sani ataviada a la usanza de su etnia. Foto: 123RF.
Situada en la meseta de Yunnan, disfruta de una protegida localización a 1.890 m sobre el nivel del mar, gracias a las montañas que la rodean por tres de sus lados y por el lago Dian. A vista de pájaro, y hacia el oeste, quedan las primeras estribaciones de la cordillera del Himalaya. Sus 4.785.000 habitantes de su área urbana residen en una superficie de 4.615 km2 alejados de los grandes y bulliciosos mercados industriales y comerciales del sur del país. Sin embargo, en esta milenaria ciudad y su zona de influencia, hay importantes centros de producción de cobre, plomo o zinc, así como minas de sal y fosfato que se encuentran entre las más grandes de China. También es un centro de ingeniería y de máquinas, herramientas, electricidad, equipos y automóviles, así como de una potente industria química, de plásticos, cemento y textiles.
La Ruta de la Seda
En su versión histórica, Kunming presenta su cara más antigua allá por el 279 a. C., durante el final del periodo de los Reinos Combatientes (战国, 475-221 a.C.), cuando se funda la primitiva ciudad de Dian. Más tarde, teniendo en cuenta su posición clave en la Ruta de la Seda, así como las importantes líneas de comunicación hacia el sur que conectan con Birmania y la India, el emperador Wu de la dinastía Han la incorporó a China. Durante la dinastía Sui (隋, 581-618), se lanzaron dos expediciones militares contra el área y fue rebautizada como Kunzhou. Tras sucesivos cambios de nombre, e incorporaciones a nuevos reinos, a mediados del siglo XIII ostentó la capitalidad de Yunnan. Durante esa época creció como un importante enlace comercial entre las zonas del lejano sudoeste y el resto de China.
Arcos iluminados en el centro de la ciudad de Kunming. Al fondo, los edificios de la ciudad moderna. Foto: 123RF.
Se considera la primitiva ciudad de Yachi Fu (“Ciudad de la Laguna del Pato”), precedente de la actual Kunming, donde sus habitantes usaban cauri como moneda de cambio. Al menos así lo narra Marco Polo en el segundo libro de su famosa obra de viajes. El cauri es el caparazón de ciertos moluscos que sirvieron como objetos de intercambio y símbolo de riqueza en distintas épocas y partes del mundo. En China jugaron un papel fundamental en la economía, desde la época de la dinastía Zhou del Oeste (西周, 1046-771 a. C.), en la que constituyó un medio de intercambio, una unidad de cuenta y una medida de valor. En el siglo XIV Kunming pasó a manos de la dinastía Ming, que construyó una muralla, hoy en día desaparecida, que la rodeaba. En el año 1833 se registró un terremoto que forzó el desplazamiento de muchos habitantes fuera del área urbana.
Los tejados del Templo Yuantong en Kunming. Foto: 123RF.
Gran diversidad étnica
Seguir hablando de su dilatada historia, y no hacerlo de su gran diversidad étnica, sería no mostrar la cara más integradora de una urbe que acoge a una gran cantidad de grupos étnicos. Aquí, uno de cada siete de sus residentes procede de diferentes etnias, sobre todo hui, yi, miao y dai. Una razón de más para que en 1950 se fundara en Kunming la Universidad de las Nacionalidades de Yunnan, cuya misión fundamental es la de promover el entendimiento mutuo y el acceso a la educación universitaria de esta población multiétnica. En la actualidad cuenta con unos 15.000 estudiantes de los que más de la mitad son de minorías étnicas.
Para profundizar en el estudio, comportamiento, tradiciones y cultura de todos estos pueblos, se recomienda en primer lugar visitar el Museo de las Minorías de Yunnan. Se descubren en este edificio aspectos inéditos de la cultura, así como una gran cantidad de objetos relacionados con su folklore e idiosincrasia. La entrada al museo es gratuita y las salas son amplias y se encuentran bien distribuidas. El recorrido por las estancias se puede efectuar en poco más de una hora, si bien quienes se dediquen a la investigación del patrimonio cultural de estos pueblos se pueden pasar días entre sus valiosas colecciones.
El Pueblo de las Nacionalidades
El otro lugar consagrado a la pluralidad étnica china es el llamado Pueblo de las Nacionalidades de Yunnan, situado frente al referido museo, y que muestra el encanto artístico, la historia, las costumbres o la estructura de las casas de las decenas de etnias que habitan esta provincia. Junto a la orilla norte del lago Dian, y al pie de la colina occidental, a 8 km del centro de la ciudad, este lugar es un importante atractivo turístico nacional. Se abrió al público en 1992 y, desde entonces, se ha hecho un hueco en la agenda de lugares a visitar de Kunming y su provincia porque les permite admirar, en poco tiempo, lo que les llevaría muchas más jornadas de viaje y centenares de kilómetros.
Pueblo de las nacionalidades en Kunming. Foto: 123RF.
La villa se ha diseñado incluyendo una visión instantánea del paisaje natural y de su entorno. Ante los ojos del turista aparecen, pues, escarpadas colinas y hermosos lagos, frondosos parques, antiguos bosques y modernos tesoros etnográficos. En lo que se puede calificar como un microcosmos de la colorida vida y diversidad étnica de Yunnan, sus visitantes pueden disfrutar asimismo de representaciones en vivo de música, canciones y bailes tradicionales, y degustar la gastronomía típica de cada pueblo. El programa completo incluye la celebración de festividades rituales como la de la Tercera Luna de los bai, la del Agua de la etnia dai, el de la Antorcha de los yi, o el festival de las Tres Flores del pueblo naxi.
Parque del Lago Verde o Cuihu en el centro de Kunming, capital de la provincia china de Yunnan. Foto: 123RF.
De lago a lago
Aparte de los aspectos ya citados, otra de las caras de Kunming que más atrae es la de sus lagos y fuentes de agua. Se considera que su centro vital es el lago Cuihu, conocido por el sobrenombre de jade por su brillantez, que fue establecido en el siglo XVII en el vértice oeste de la montaña Wuhua. Es habitual lugar de reunión de músicos y artistas, en el que conviven en una gratificante y espaciosa área verde urbana, que también cobija a las gaviotas de cabeza negra de Siberia que, en los meses de invierno, migran hasta aquí. A esta laguna la conforman un grupo de cuatro pequeños estanques unidos por puentes de estilo tradicional. Cuihu era originalmente un depósito de agua que abastecía a la ciudad. Ahora, sin duda, sirve para deleite de sus residentes quienes se relajan con la vista de los pabellones pintados con colores brillantes en las islas que hay dentro del parque, sus senderos arbolados y la multiplicidad de las flores que lo decoran. En el borde de la lámina de agua hay restaurantes y casas de té, tiendas y lujosos hoteles.
El otro gran lago de la ciudad es el Dian al que es posible llegar a su vertiente norte a pie desde Cuihu mientras se realiza un apacible paseo de poco menos de una hora. El primero no tiene comparación en cuanto a extensión con el segundo. Dian, al que también se conoce por el apelativo de “la perla de la montaña brillante” por su color a veces plateado, ocupa un área de casi 300 km2 con una profundidad media de 5 m. La zona que lo rodea, convertida ahora en un importante centro turístico, ocupa un área de 39 km de longitud por 13 km de anchura máxima. Es de tierra fértil, montañosa y en sus orillas hay diversos parques públicos. Su parte occidental queda envuelta por las grandiosas Montañas del Oeste que acaban en acantilados sobre el agua. Al continuar el camino por la parte occidental del lago Dian, se halla el templo taoísta de la Puerta del Dragón. La propia puerta está excavada en la roca, a casi 2.500 m de altura, y ofrece unas espectaculares vistas de la ciudad y del propio lago. Se puede llegar en telesilla y, mientras se desciende en altura, se contemplan otros edificios históricos que merecen una visita, como los templos Taihua o del Supremo Esplendor, y Huating, ambos del siglo XIV.
Templo de la Puerta del Dragon. Desde él se obtiene una gran vista de la ciudad de Kunming y su área de influencia. Se puede acceder en teleférico. Foto: 123RF.
Si se retorna al centro de la ciudad, se comprobará que una parte del mismo se ha salvado de la voracidad expansiva que ha acompañado el espectacular desarrollo urbano de Kunming de las últimas décadas. Es muy recomendable aprovechar la oportunidad de pasear por las peatonales calles de la ciudad antigua de Guandu, con un recinto ejemplarmente conservado, para contemplar su mejor versión. Su historia arranca entre los siglos VII al X, durante el reino de Nanzhao, y se trataba de un lugar de paso para los funcionarios que se trasladaban al lago Dian, tal y como indica su nombre original en chino. Ahora Guandu ofrece un centro histórico monumental, una tupida trama de calles comerciales que recuerdan su estilo antiguo, así como diversas casas que albergan peluquerías, restaurantes o a los últimos vecinos de este singular barrio.
Casco antiguo de Guandu. Al fondo, la gran estupa que preside la plaza Jingang. Se trata de la estupa de cinco torres más antigua y mejor conservada de China. Foto: 123RF.
Delicias en la mesa
Otras de las caras que más satisface de la capital del suroeste chino vive en su mesa. En general, y según la mayoría de fuentes consultadas, la comida de Kunming, y la de toda la provincia de Yunnan, se sirve moderadamente picante. Gracias a su variedad étnica, se tendrá la oportunidad de degustar la gastronomía de las principales minorías que la habitan. Entre ellas, predomina la comida de los dai, de sabor más aromático, y con especialidades como el arroz con piña o en el interior de una caña de bambú, pescado a la brasa o carne de cerdo frita, entre otras exquisiteces.
El plato más famoso aquí, los “tallarines que cruzan el puente”, es una receta cuyo nombre se debe a una cocinera que no quería que le llegara la comida fría a su marido que trabajaba en el campo. Para ello, dispuso por separado los distintos ingredientes que acompañan a los tallarines: pollo, cerdo, jamón, huevos de codorniz, verduras frescas y encurtidas, pescado y otros; para mezclarlos con el recipiente de la sopa caliente justo antes de comerlo y evitar que se enfriara. También son populares los huoguo, una especie de calderos que suelen servirse muy picantes. En ellos se echan carnes y verduras sobre un caldo para que, una vez cocidos estos ingredientes, se pasan por una salsa y se comen.
Además de estas delicias en la mesa, existe una clara predilección por todo tipo de champiñones, hongos o boletus. Los más valorados son los ganbajun, pequeños hongos negros que se preparan de diversas formas. Y no hay que olvidar el jamón de Yunnan, también conocido como de Xuanwei, por ser la ciudad de donde procede. A la vista parece igual que el jamón serrano español pero su sabor es diferente. Y, a diferencia de este, no se suele comer crudo sino que se añade a los guisos. Por último, el queso de cabra frito, que se puede tomar tanto dulce como salado, se sirve en finas rodajas hervidas (rubing乳饼), y en rollos fritos (rushan乳扇), y es popular como aperitivo para llevar.
Es imposible mostrar completamente todas las facetas de Kunming pero las mil caras de esta ciudad no se agotan en una visita y los residentes, lectores y trotamundos podrán añadir o retratar otras versiones de una urbe variopinta, con un estilo de vida moderno y con una contrastada vocación de acogida de sus habitantes.
Publicado originalmente en: Revista Instituto Confucio. Número 49. Volumen IV. Julio de 2018.
Las albóndigas con sopa son uno de los ocho «platos medianos» de los 24 que componen el llamado «banquete de agua» de Luoyang. Foto: 123RF
En los banquetes típicos de Luoyang todo plato caliente tiene que tener caldo, y todo caldo lleva agua, motivo por el cual tomaron el nombre de “banquetes de agua”.Formado por 24 platos distintos, en sus orígenes eran un privilegio exclusivo de la corte y, durante la dinastía Tang, tan solo los más allegados al emperador podían degustarlos.
Suele decirse que son tres los elementos más emblemáticos de la ciudad de Luoyang: las grutas de Longmen, el festival de las peonías y, por último pero no menos importante, los banquetes de agua. El origen de esta celebración gastronómica se remonta a la dinastía Tang (618-907), por lo que pertenecen a una tradición que lleva ya transmitiéndose de generación en generación durante más de un milenio. Estos particulares festines en la mesa constituyen uno de los pocos banquetes tradicionales que aún se conservan en China. Y su más encomiable peculiaridad reside en que, a pesar de haber sido testigos de los cambios y las reformas que se han sucedido a lo largo de la historia, aún siguen ofreciendo, en gran medida, los mismos sabores y formas que presentaban en sus vetustos orígenes.
Una de las características más remarcables de los banquetes típicos de Luoyang es que todo plato caliente tiene que tener caldo, y todo caldo lleva agua, motivo por el cual tomaron el nombre de “banquetes de agua”.
Cuenta la leyenda que Yuan Tiangang (547-635), letrado de la dinastía Tang, asistió a un fenómeno celeste en la noche en el que se le mostró que Wu Zetian llegaría algún día a erigirse como emperatriz de China. Dado que los designios del cielo son inescrutables, decidió crear un tipo de banquete cuyas características sugiriesen esta revelación. Un banquete de agua completo es aquel que consta de ocho platos y dieciséis cuencos. De ellos, ocho son platos fríos cuya función es abrir el apetito, a saber: la ternera guisada a las 5 especias, el pescado ahumado, el pollo marinado a las 5 especias, la oreja de cerdo en tiras crujientes, la raíz de loto salteada con presteza, la ensalada de fideos de almidón de batata, la ensalada de apio con camarones y la ensalada de pepino.
Los considerados como platos principales son cuatro:
el nido de peonías
el pescado picante de occidente, es decir, carpa guisada con fideos de almidón
el pollo frito y guisado con caldo
la pasta de ocho cereales al vapor
Otros ocho son los conocidos como platos medianos:
la carne de cerdo al estilo Luoyang
las vísceras guisadas con verduras
las albóndigas con sopa
el taro especial
las vísceras con caldo blanco
las albóndigas fritas
el boniato frito con azúcar
el vino de arroz Manjianhong
Finalmente, los cuatro últimos son denominados platos de cierre:
la carne frita al estilo Luoyang
la panceta con salsa de soja cocinada al vapor
los pepinos de mar de Luoyang
la sopa de huevo
Si el letrado concibió que fueran 24 los platos del banquete, es precisamente porque quería transmitir de forma implícita el mensaje de que el reinado de Wu Zetian se prolongaría durante 24 años.
Así pues, entre ellos añadió una enorme variedad de preparados, algunos más bien secos y otros caldosos, formando un juego de palabras: seco se pronuncia “gan” y caldoso “xi”, en referencia a las diferentes responsabilidades (“responsabilidad” en chino se pronuncia “ganxi”) a las que la emperatriz tendría que enfrentarse en sus años de reinado.
Privilegio de la corte Tang
En sus orígenes, los banquetes de agua eran un privilegio exclusivo de la corte y, durante la dinastía Tang, tan solo los más allegados al emperador podían degustarlos, por lo que recibían el nombre de “banquetes reales”. No fue hasta la llegada de la dinastía Song (960-1279) que estos festines permearon entre las jerarquías más populares de la sociedad, cuyos miembros se empezaron a servir de ellos para recibir a sus invitados.
Formaron parte, de esta forma, de un hábito que ha sobrevivido hasta nuestros días, pues aún hoy en Luoyang se siguen organizando estos banquetes para agasajar a quienes participan en todo tipo de ocasiones solemnes como bodas, funerales, graduaciones, cumpleaños de ancianos, y otras señaladas ocasiones.
El orden del banquete de agua
El orden en el que se sirven los platos presenta un minucioso protocolo. En primer lugar, se colocan sobre la mesa ocho platos fríos, consistentes de verduras y carnes, para que sus comensales puedan elegir con qué tipo de alimentos desean comenzar. Tras ellos, se van formando grupos de tres platos, uno principal y dos medianos, a los que hace referencia el popular dicho “acompañar a los hijos a la corte”, pues los medianos simbolizan a los hijos a los que el plato principal ha de acompañar. Cada vez que se terminan de ingerir los tres platos que hay sobre la mesa, se vuelve a servir un nuevo grupo de tres y así sucesivamente. Por último, el banquete finaliza con cuatro platos de cierre, entre los que destaca la famosa sopa de huevo. En cuanto quienes viven en Luoyang la ven aparecer por la mesa, saben que se hallan en el epílogo del festín.
Cuando se realiza un banquete, los comensales no sólo comen para saciarse sino para deleitarse con el placer de los platos, para regocijo de ambos, anfitriones e invitados.
Nido de peonías
El primero de los platos principales de esta travesía culinaria es el conocido como “nido de peonías”. Para su preparación, se corta el rábano en tiras tan finas como el papel, con las que perfectamente se podría enhebrar una aguja. A continuación, se cubren con polvo de almidón y, en hasta nueve ocasiones, se cuecen y secan para eliminar por completo el sabor del rábano. Más tarde, se guarnecen con jamón y palitos de cangrejo con el objetivo de que esta verdura se impregne en el delicioso sabor de la carne y, por último, se le agrega el caldo. El resultado final son unas tiras de rábano que se deshacen en el paladar y son capaces de transmitir un sabor sencillamente delicioso. Es por su forma, muy similar a la del nido de un pájaro, que, en sus orígenes, recibió el nombre de “falso nido (jiayan)”.
Para preparar el “nido de peonías”,se corta el rábano en tiras tan finas como el papel. A continuación, se cubren con polvo de almidón y, en hasta nueve ocasiones, se cuecen y secan para eliminar por completo el sabor del rábano. Más tarde, se guarnecen con jamón y palitos de cangrejo con el objetivo de que esta verdura se impregne en el delicioso sabor de la carne y, por último, se le agrega el caldo.
En torno a este suculento plato existen dos leyendas y, también, una historia verídica.
La leyenda del rábano colosal
La primera de las leyendas cuenta que, durante el gobierno de Wu Zetian, un agricultor le regaló a la emperatriz un rábano de un tamaño colosal. Esta, henchida de felicidad, consideró que era un signo auspicioso que pronosticaba condiciones meteorológicas muy favorables, así como paz y tranquilidad para sus ciudadanos, por lo que ordenó que se preparara con sumo cuidado. Los cocineros estuvieron indagando sobre la forma de utilizar el rábano en la elaboración del mejor plato posible y, finalmente, dieron con la tecla al crear esta combinación tan peculiar. Más tarde, cuando la emperatriz lo probó le dio el nombre de “verduras con forma de falso nido (jiayancai)”.
La leyenda de los rábanos del templo Ganye
Según la segunda de las leyendas, durante su estancia en el templo Ganye, donde vivió recluida como monja, Wu Zetian dependía exclusivamente del rábano para subsistir, pues este era el único alimento a su alcance. Si bien más tarde logró sentarse en el trono de la dinastía, la emperatriz jamás olvidó lo que los rábanos habían significado para ella en su anterior vida, por lo que les confirió el honor de ser considerados la “verdura de la lealtad” y ordenó a los mejores cocineros imperiales que los utilizaran en sus platos más a menudo, lo cual propició la aparición de esta suculenta receta. Más tarde, este plato fue ganándose un importante hueco en las costumbres gastronómicas de los ciudadanos que, poco después, fueron responsables de que su nombre original perdiera el carácter 假 (“jia”, que significa falso), y pasara a ser más conocido como Yancai (燕菜), es decir, “plato del nido”.
Una historia verídica
En el año 1973 el por entonces primer ministro de China, Zhou Enlai, se desplazó a Luoyang para acompañar al primer ministro canadiense, Pierre Trudeau, durante su visita a la ciudad. Allí, tuvieron el placer de contemplar las peonías que flotan sobre la superficie del famoso plato del nido y, tras oír el curioso origen del mismo, ambos coincidieron divertidos en que el nombre que mejor lo describía era el de “nido de peonías”, apelativo que, desde entonces, sustituyó a su antigua denominación oficial.
La cocina de Luoyang
Desde antaño, la cultura china ha concedido una importancia crucial a la alimentación. Los platos de su gastronomía mutan y se desarrollan a una frenética velocidad y, sin embargo, el banquete de agua de Luoyang ha logrado vencer al paso del tiempo para llegar hasta nuestros días, ya que sus ingredientes no pueden separarse de su sabor. A pesar de su origen imperial, el abanico de nutrientes utilizados en los banquetes de agua va mucho más allá de las valiosas delicias ingeridas en palacio, pues otros muchos tipos de alimentos ordinarios, como el rábano, también adquieren un lugar primordial en la mesa.
Luoyang fue capital de 13 dinastías distintas y, como tal, ha ejercido siempre un importante papel como centro cultural, al que llegaban todo tipo de productos, tanto del sur como del norte del país. Por ese motivo, quien se disponga a preparar un banquete de agua no tendrá que preocuparse lo más mínimo por la búsqueda de ingredientes pues, si por algo se caracterizan estos, es por su abundancia, sencillez y enorme variedad. Además, es necesario recalcar que estas celebraciones en la mesa ofrecen una enorme diversidad de sensaciones al paladar, pues presentan alimentos fríos y calientes, tanto húmedos como secos, con una gama de sabores que van desde los amargos y agridulces hasta los picantes y salados, pasando por aquellos que conservan su sabor más fresco y original.
Podría decirse que, dada la variedad de sabores, poseen la capacidad de agasajar a cualquier comensal sean cuales sean su procedencia y preferencias. Esto es así porque, quien participa en uno de estos tradicionales festines, puede elegir con libertad los alimentos que desea comer por lo que, durante su preparación, los cocineros lo tienen muy fácil a la hora de complacer a comensales con gustos muy diferentes. No cabe duda de que la facilidad con la que se pueden obtener sus ingredientes y la enorme heterogeneidad de los sabores que ofrecen son dos de sus mayores ventajas. Pero, además, también son estas las principales razones por las que esta antigua tradición ha podido transmitirse hasta nuestros días.
Los banquetes de agua, dada la variedad de sabores, poseen la capacidad de agasajar a cualquier comensal sean cuales sean su procedencia y preferencias. Esto es así porque, quien participa en uno de estos tradicionales festines, puede elegir con libertad los alimentos que desea comer por lo que, durante su preparación.
Los banquetes de agua acompañan a quienes residen en Luoyang desde su más temprana infancia hasta su vejez, por lo que sus sabores están presentes en cada uno de los momentos más importantes de sus vidas. Cuando participan en uno de ellos perciben una sensación muy similar a la de volver a su hogar, pues lo que hacen es activar un valioso recuerdo que atesoran en sus papilas gustativas. Este menú tan extraordinario es el único banquete considerado patrimonio cultural nacional. Degustar los platos que lo conforman no solo significa saborear sus ingredientes, sino también emprender un viaje en el tiempo, en el que es posible recrearse en los encantos de la remota dinastía Tang. Al fin y al cabo, en la riqueza de sus deliciosos platos, el comensal tiene la oportunidad de participar en una vivencia única: la de testimoniar las costumbres en la mesa de una nación cuya prosperidad mereció el respeto y la admiración mundial.
Publicado originalmente en: Revista Instituto Confucio. Número 54. Volumen III. Mayo de 2019.
"Taigong pesca sin anzuelo ni cebo"
(太公钓鱼, Tàigōng diàoyú, yuànzhě shànggōu)
La frase hecha china «Taigong pesca sin anzuelo ni cebo» —太公钓鱼, Tàigōng diàoyú, yuànzhě shànggōu (1) — hace referencia a caer en una trampa queriendo, a propósito. Conoce la leyenda milenaria que da origen a esta singular expresión china.
Taigong pesca sin anzuelo ni cebo 太公钓鱼
El rey Zhou (纣), último emperador de la dinastía Shang (1700-1100 a.C.), se ganó la fama de mentecato, engreído, derrochador y depravado. Uno de sus cortesanos llamado Lu Shang –también conocido como Jiang Ziya y más tarde Jiang Taigong– al ver las actuaciones desenfrenadas del rey Zhou, abandonó su cargo y se fue a vivir a una zona aislada alrededor del río Weishui, perteneciente al conde Ji Chang.
Taigong solía ir a pescar a ese placentero río. Sin embargo, el anzuelo que usaba era recto y no ponía ningún cebo, además no lo metía dentro del agua sino que lo dejaba a unos 3 chǐ(2) 3ncima de la superficie del río y decía para sí mismo: “¡los peces que no quieran vivir, que muerdan el anzuelo voluntariamente!”
Su especial manera de pescar llegó a oídos del conde, quien envió a un soldado para invitarle a acudir a su presencia. Pero Taigong no le hizo caso y siguió pescando y diciendo: “¡sigue pescando, sigue pescando, que el pez grande todavía no ha picado y las gambas están haciendo travesuras!”
Ji Chang, al oír la información del soldado, se interesó todavía más por Jiang y reasignó a un cortesano para invitarle, pero Taigong lo ignoró de nuevo y siguió a lo suyo. Mientras pescaba, decía: “¡sigue pescando, sigue pescando, que el pez grande todavía no ha picado y los pequeños están haciendo travesuras!”
Más tarde, el conde pensó que Jiang debía ser una persona muy inteligente, así que siguió una estricta dieta vegetariana durante tres días, se bañó, se cambió de ropa y fue en persona a visitarle cargado de lujosos regalos. Cuando estuvo frente a él (el pez grande había picado), le ofreció un cargo a su lado y Taigong, viendo su sinceridad, aceptó la invitación.
Así fue como el pescador ayudó a Ji Chang y a su hijo a derrocar al disoluto emperador Zhou (纣) de la dinastía Shang, y estableció la dinastía Zhou (周, 1100-221 a.C.), por lo que se le otorgó el título de taigong, recibiendo el nombre de Jiang Taigong.
El significado original de este modismo hace referencia a caer en una trampa queriendo, a propósito. Posteriormente, este dicho se convirtió gradualmente en un xiēhòuyŭ (3)adquiriendo el significado de “como el pez que trepa el sedal sin anzuelo ni cebo de Jiang Taigong – víctima dispuesta a dejarse coger”.
Notas:
(1).Tàigōng diàoyú, yuànzhě shànggōu (太公钓鱼,愿者上钩), donde literalmente Tàigōng es el nombre del pescador, diàoyú significa “pescar”, yuànzhě quiere decir “voluntariamente” y shànggōu es “morder el anzuelo”.
(2).Chǐ (尺), unidad de medida de longitud (equivalente a 1/3 metro).
(3).Xiēhòuyŭ (歇后语) tiene el significado de dicho alegórico de dos partes: la primera describe algo metafóricamente, mientras la segunda lo da a entender explícitamente en sentido recto.
Mujer con el traje tradicional de la etnia Yi en el bosque de piedra de Shilin.
Foto: Brücke-Osteuropa, dominio público. Wikimedia para «People of shinin».
La roca más famosa del bosque de piedras de Kunming (Shilin), se llama Ashima (阿诗玛), pues presenta una figura vertical que recuerda a una muchacha sani ataviada a la usanza de su etnia, en recuerdo de la leyenda de Ashima, una joven sencilla, honesta y bondadosa, y la de su enamorado, que lucha impetuosamente contra el poder y la autoridad para salvar a su prometida.
Kunming esconde un famoso paraje conocido como Shilin (bosque de piedras). Se trata de un carst, es decir, un terreno dominado por un paisaje muy accidentado, repleto de crestas y rocas de formas muy heterogéneas, dispuestas de manera tan desordenada como cautivadora, y que en China se le nombra como “el mayor espectáculo sobre la faz de la tierra”.
Las agujas de piedra caliza en el Bosque de Piedra de Shilin, cerca de Kunming, en la provincia de Yunnan, China, pueden alcanzar hasta 30 metros de altura. Foto: Pavel Špindler, CC BY 3.0. Wikimedia para «Shilin Stone Forest».
Ashima, la roca más famosa
La roca más famosa del lugar recibe el femenino nombre de Ashima (阿诗玛), pues presenta una figura vertical que recuerda a una muchacha sani ataviada a la usanza de su etnia, que porta una cesta sobre sus hombros mientras lanza una mirada perdida hacia el cielo. Su importancia reside en el hecho de que el pueblo sani, perteneciente a la minoría étnica yi y morador desde tiempos remotos del bosque de piedra, ha creado tras siglos de historia toda una cultura folklórica alrededor de la roca Ashima.
Aguja de piedra llamada «Ashima». Es una de las atracciones del parque. La leyenda dice que se trata de una joven de la etnia Sani llamada Ashima, que fue petrificada y que espera viendo en la distancia a su amante Ahei. Foto: David Stanley, CC BY 2.0. Wikimedia para «Shilin Stone Forest».
Es mejor romperse antes que curvarse
Originalmente, Ashima era el título de un largo poema narrativo recopilado a lo largo de múltiples generaciones por los sani quienes, utilizando su propio idioma, describían con gran fidelidad las costumbres locales. Se narra en dicha composición la historia de una muchacha sani sencilla, honesta y bondadosa, y la de su enamorado, que lucha impetuosamente contra el poder y la autoridad para salvar a su prometida, escenificando así el espíritu nacional de este pueblo que prefiere la muerte antes que la resignación. Para ello utilizan la expresión 断得弯不得, que significa literalmente “es mejor romperse antes que curvarse”. Sus versos, compuestos cada uno por cinco caracteres, conforman una canción pegadiza y muy extendida aún entre los miembros de esta rama étnica.
Ashima, la leyenda
La composición recibe el nombre de su protagonista, a la que la leyenda describe como una niña preciosa y encantadora, nacida en el seno de una familia pobre de un lugar conocido como Azhedi (阿着底). Sus padres la llamaron Ashima, término equivalente a oro, pues deseaban que la pequeña brillara e irradiara tanta luz como el preciado material.
Poco a poco Ashima fue creciendo hasta convertirse en una muchacha inteligente, afable, diestra en la danza y el canto, con una voz cautivadora y una belleza que recordaba a la de la flor de una camelia.
En esta historia también es primordial el papel de Ahei (阿黑), un muchacho sincero, honesto y valiente que, tras ser ejecutados sus padres por un funcionario del gobierno, tuvo una vida miserable en la que sufría constantemente la dureza del hambre y las inclemencias del frío como esclavo de un acaudalado terrateniente.
En una ocasión coincidió en las montañas con Ashima, que estaba pastoreando su ganado, y el capricho del destino quiso que, en ese momento, los padres de la joven adoptaran a Ahei como su hijo y que ambos crecieran desde entonces juntos, unidos por la inocencia que caracteriza esa edad.
Con el paso del tiempo, el muchacho se convirtió en todo un ejemplo para los otros jóvenes mientras su temperamento destacaba por la calma y la persistencia que caracterizan a un pino que crece aislado en la montaña, que prefiere partirse antes que curvarse y humillarse. Era hacendoso e inteligente, cualidades que potenciaban sus muchas habilidades: la productividad de sus cultivos lo hicieron un gran agricultor, los caballos que criaba eran tan rápidos que parecían desplazarse volando, era certero en el tiro con arco y tenía una gran maestría con la flauta, con la que podía tocar placenteras y conmovedoras melodías.
La admiración que Ashima sentía hacia él en secreto fue acrecentándose hasta que no tuvo más remedio que abrir su corazón y confesarle su amor, tras lo cual ambos juraron casarse. Sin embargo, Azhi (阿支), el hijo del adinerado terrateniente Rebu Bala (热布巴拉), tras haberse encontrado por casualidad con Ashima y haber sido testigo de su belleza, tomó la firme decisión de convertirla en su esposa y, para ello, pidió ayuda al casamentero local, Haire (海热).
El malvado y adinerado pretendiente
Era este un magnífico orador y, sirviéndose de su excelente elocuencia, describió a Ashima las riquezas con las que contaba la familia de Rebu Bala, así como lo feliz que podía llegar a ser su vida si se casaba con su hijo.
Sus intentos fueron en vano, pues no fue capaz de convencer a la muchacha, que le contestó que el terrateniente no era una buena persona. Dándose por vencido, Haire la amenazó recordándole que Rebu Bala tenía dinero y poder, por lo que se aseguraría de castigar a su familia como merecía.
A pesar de ello, Ashima continuó ignorando sus palabras, pues estaba ilusionada con su futura boda con Ahei. Pronto llegó el otoño y Ahei tuvo que marcharse a pastorear su ganado al sur de la provincia.
El secuestro
La familia de Rebu Bala aprovechó su ausencia para secuestrar a Ashima y obligarla a casarse con Azhi, pero esta, que estaba dispuesta a morir antes que ceder a sus pretensiones, se negó rotundamente. La joven recibió una gran cantidad de golpes y, herida, fue encerrada en una celda oscura. Cuando Ahei se enteró de la noticia, se apresuró a volver desde los lejanos campos en los que se encontraba.
El regreso del amante
Para impedirle la entrada a su hogar, Azhi maquinó todo tipo de planes con los que hacerle la vida imposible e incluso organizó multitud de duelos en los que se batió con su adversario. Ambos compitieron cantando, trasplantando árboles o sembrando semillas, entre otras habilidades.
El poema Ashima fue incluido en la primera lista del Patrimonio Cultural Inmaterial Nacional en 2006. En el año 1964 terminó de grabarse su adaptación a la gran pantalla, que mantendría el mismo nombre que su obra de inspiración.Pronto, los coloridos espectáculos folklóricos de los yi, el grupo étnico de los sani, llegaron a causar una enorme sensación entre el público y a su versión cinematográfica se la considera una de las películas chinas clásicas del siglo XX.
Los enamorados luchan
Pero en todos los lances, Ahei salía victorioso. Ante tal humillación, Azhi dio la orden a un esclavo para que liberara tres tigres para matar a Ahei, quien logró abatirlos con su arco y pudo, al fin, salvar a su amada. No obstante, ni Rebu Bala ni su hijo estaban dispuestos a darse por vencidos, por lo que, conducidos por la malicia, rogaron al dios de los precipicios que ahogara a los dos enamorados en el camino de vuelta a su hogar.
Y, como siempre, ella muere
Al pasar por un río, Ashima fue atrapada por las revueltas aguas de su impetuoso caudal y, por más que la buscó, Ahei no fue capaz de encontrarla. Finalmente, fue la diosa del eco de los doce precipicios quien la rescató y, tras ello, le confirió la apariencia de una roca y la convirtió también en diosa del eco y, a partir de entonces, no tuvo otra alternativa que repetir todo aquello que oía. Ahei, sin poder superar la pérdida de su amada, no dejaba de gritar afligido: “¡Ashima! ¡Ashima!” pero ella no podía sino devolverle su nombre: “¡Ashima! ¡Ashima!”, pues su belleza y el encanto de su voz habían quedado petrificados para la posteridad en un bosque de piedras en el que acompañaría, hasta la eternidad, a los miembros de la etnia sani.
El poema Ashima y su difusión internacional
El poema Ashima tiene raíces en el folklore y las costumbres locales del pueblo sani y, debido a ello, goza de un valor artístico y cultural incalculable. En el año 2006 tuvo el honor de ser incluido en la primera lista del Patrimonio Cultural Inmaterial Nacional. De hecho, ya desde la década de los años 50 del siglo pasado, tras editarse una edición ordenada de sus versos, fue traducido al inglés, al francés, al alemán, al español y al ruso, entre otros idiomas.
Ello facilitó su propagación al extranjero e, incluso, promovió su adecuación a una multitud de formas artísticas relacionadas con el canto y la danza en Japón. En el año 1964 terminó de grabarse su adaptación a la gran pantalla, que mantendría el mismo nombre que su obra de inspiración. Pronto, los coloridos espectáculos folklóricos de los yi, el grupo étnico de los sani, llegaron a causar una enorme sensación entre el público y a su versión cinematográfica se la considera una de las películas chinas clásicas del siglo XX.
Su éxito quedaría demostrado unos años después, en 1982, cuando el film Ashima fue galardonado con el premio a la mejor película de baile en el Festival Internacional de Cine de Santander (España). Además de su éxito artístico, esta bonita historia de amor también ha ejercido una enorme influencia en el bosque de piedras de Yunnan pues, desde que se diera a conocer su existencia, viajeros procedentes de todo el mundo acuden hasta el mágico lugar para quedar embelesados por su impresionante belleza y el romanticismo de su leyenda.
Publicado originalmente en: Revista Instituto Confucio. Número 49. Volumen IV. Julio de 2018.
Contemplar el cielo desde el fondo de un pozo (坐井观天, "Zuò jǐng guān tiān"). Ilustración de Xavier Sepúlveda.
La expresión china “Contemplar el cielo desde el fondo de un pozo” (Zuò jǐng guān tiān, 坐井观天) se refiere a las personas que tienen un punto de vista y unos conocimientos muy limitados, poseen una visión muy estrecha de las cosas, pues carecen de una idea global de los acontecimientos. Conoce la leyenda que da origen a esta curiosa frase hecha china.
«Contemplar el cielo desde el fondo de un pozo»
坐井观天
En una ocasión, había una rana que vivía en el interior de un pozo. Un día, llegó un pajarito volando y se posó sobre el borde del pozo.
La rana le preguntó: “¿De dónde vienes?”
A lo que el pajarito le contestó: “Vengo del cielo, he volado más de cien metros y tengo sed. Ahora bajo a buscar agua”.La rana no se creyó sus palabras y le replicó: “¡Qué va, amigo, no seas exagerado! Si el cielo no mide más que la boca del pozo, es imposible que hayas volado tan lejos”.
El pajarito le respondió: “El cielo es inmenso y no se puede alcanzar su límite”.
La rana se puso a reír y le dijo: “Estoy aquí sentado día tras días y puedo contemplar el cielo a través de la abertura del pozo levantando la cabeza. Es imposible que me equivoque”.
El pajarito también se rio a carcajadas y soltó: “¡Amigo, tú sí que estás completamente equivocado! Si no me crees, sal del pozo y lo verás con tus propios ojos”.
Este cuento, conocido también como “La rana en el fondo del pozo” (jǐng dǐ zhī wā) se refiere a las personas que tienen un punto de vista y unos conocimientos muy limitados, poseen una visión muy estrecha de las cosas, pues carecen de una idea global de los acontecimientos.
concierto callejero de Hulusi. Foto: Dennis G. Jarvis - China-6963, CC BY-SA 2.0, Wikimedia para «hulusi».
El húlusī (葫芦丝), es un instrumento musical de viento típico de las minorías étnicas residentes en la provincia de Yunnan. Similar a una flauta, está confeccionado a partir de una pequeña calabaza vinatera que hace las veces de caja acústica, genera sonido gracias a tres tubos de distinto tamaño añadidos en la parte inferior.
Reportaje de Artículo de Sun Hongwei Universidad Pedagógica del Nordeste de China 东北师范大学 孙洪威
El húlusī (葫芦丝), también conocido como húluxiāo (葫芦箫), es un instrumento musical de viento típico de las minorías étnicas residentes en la provincia de Yunnan. Gracias a sus peculiares características, se hizo popular originalmente en las comarcas de Dehong y Lingcang, donde se concentran las minorías dai, achang, wa, de’ang y bulang. Confeccionado a partir de una pequeña calabaza vinatera que hace las veces de caja acústica, genera sonido gracias a tres tubos de distinto tamaño añadidos en la parte inferior. La características especiales de este instrumento hace que suene muy ligero, vaporoso y elegante, como si se tratara de una tela de seda meciéndose con el viento, de ahí su nombre, pues húlu (葫芦) significa calabaza vinatera y sī (丝), seda.
El húlusī tiene una estructura muy singular y está hecho manualmente con materias naturales. Así, está compuesto de la mencionada calabaza vinatera -o de peregrino-, el tubo principal de bambú, las lengüetas y los dos tubos auxiliares colocados en paralelo. El más largo, situado en el medio, tiene un total de siete agujeros y lengüetas de bronce insertadas dentro para generar el sonido, mientras que los otros dos de menor tamaño solo producen un tono de manera continuada. Este instrumento ha gozado de una buena acogida entre el público gracias a su sonido dulce, lleno y suave, a una presentación simple, elegante y exquisita, y a que es muy fácil de tocar y de transportar. Normalmente, sirve para acompañar melodías musicales que ofrecen un conjunto agradable y fiel de los sonidos de la naturaleza.
A la hora de tocar el instrumento hay que mantener los tubos de forma vertical con la boquilla puesta hacia arriba en la boca mientras que con los dedos de ambas manos se tapan los agujeros del tubo principal. La forma correcta de poner los dedos consiste en que la mano derecha está arriba con el pulgar sobre el agujero grande y el dedo índice, medio y anular están respectivamente en los primeros tres agujeros y los dedos de la mano izquierda tapan los siguientes tres agujeros de abajo. El aire entra al mismo tiempo en los tres tubos y genera un sonido, sin embargo, los dos tubos auxiliares situados a los dos lados del principal solo producen un tono fijo que sirve de acompañamiento al tono emitido por el tubo principal, dando la sensación de que la melodía se prolonga, obteniendo así un sonido afectuoso y cálido, con un cierto toque nasal. Por ello, se dice que el húlusī es capaz de transmitir sentimientos finos y tiernos, a la vez que da una sensación contenida.
Debido a su capacidad de producir sonidos finos, suaves y armónicos, este instrumento se utiliza para interpretar canciones folklóricas o piezas musicales con melodías fluidas, facilitando a su vez expresar explícitamente los sentimientos del propio intérprete. La famosa pieza musical ejecutada tradicionalmente con el húlusī titulada El bambú enano alumbrado bajo la luna, consigue tranquilizar y alegrar a los oyentes, haciéndoles creer que están completamente integrados en la naturaleza.
El origen de este instrumento ha generado múltiples leyendas mitológicas, la más difundida entre los dai cuenta que hace mucho tiempo hubo una riada y un joven, para salvar a su enamorada, saltó a las aguas turbulentas con una calabaza vinatera entre los brazos y luchó contra la corriente. Su valerosa acción conmovió tanto a Buda que añadió tres tubos en la calabaza para que el chico pudiera tocarla y con su dulce música apaciguar las aguas. A partir de aquel momento el húlusī pasó de generación en generación entre las familias dai y su difusión alcanzó la comarca de Dehong y más allá.
Junto con estas hermosas leyendas, el húlusī atrae al público además por su alegría y felicidad. De hecho, los dai, etnia destacada por su talento, especialmente en el canto y el baile, han integrado perfectamente este instrumento en su propia vida cotidiana. Durante las fiestas, tanto desde los barcos que navegan por el río como desde los edificios donde la gente brinda con licor, se puede captar la fina melodía de esta flauta china que acompaña a las viejas canciones y los bailes tradicionales, cuyo último fin no es más que entretener al público. Además, todavía hoy en día numerosos jóvenes expresan su amor a través de este dulce instrumento de viento.
En los últimos años, el húlusī ha ganado mucha atención dentro y fuera de China, sobre todo gracias a su peculiar sonido que destaca por la calidad musical suave, fina, simple y expresiva, y sobre todo por su autenticidad folklórica. Además, este instrumento tradicional combina perfectamente con los actuales aparatos electrónicos para presentar una mezcla innovadora entre el estilo clásico chino y el moderno, aportando una sensación afectuosa, apasionante e innovadora.
Raiz de ginseng chino. Foto: 국립국어원, CC BY-SA 2.0. Wikimedia para «Ginseng».
La medicina china considera al ginseng como el “rey de las hierbas medicinales” y tan solo crece en algunas regiones del interior de China, Corea y Rusia. De acuerdo con la medicina china, el ginseng permite enriquecer la sangre y tonificar la energía vital, mantener el equilibrio del líquido corporal, controlar la presión arterial, mejorar la vista, estimular el sistema nervioso central para aumentar la actividad psíquica y disminuir la sensación de fatiga.
Entre mayo y agosto en la selva virgen que rodea las montañas Changbai(长白山), situadas en el nordeste de China, podemos encontrar a grupos de personas con mochilas o bolsas que no dejan de mirar por todas partes. Buscan sin descanso una planta muy preciada: el ginseng.
El ginseng (rénshēn,人参) es una pequeña planta herbácea de la familia Araliaceae distribuida exclusivamente en algunas zonas determinadas del Nordeste de China, la península de Corea y la región oriental siberiana de Rusia. Esta planta tiene un crecimiento muy sensible a las condiciones físicas y medioambientales, y requiere de un largo ciclo. La fragilidad de subsistencia que demuestra el ginseng y el abuso que ha sufrido durante siglos a la hora de recogerlo, constituyen dos factores directos de su escasez y valor.
El ginseng silvestre tiende a aparecer en la ladera sombreada y fresca del bosque mixto que alterna las coníferas con los árboles caducifolios, cuyo entorno y tierra se caracterizan por un buen nivel de fecundidad, una relativa humedad, buena ventilación y poca luz. El clima fresco de esta zona de las montañas Changbai, junto con el alto porcentaje de humus que se encuentra en el suelo, favorecen considerablemente el crecimiento del ginseng silvestre.
La raíz del ginseng adopta figuras antropomórficas que han sostenido leyendas y propiedades mágicas. Foto: Pauloleong2002, CC BY-SA 4.0, Wikimedia para «Ginseng»
Ginseng: la planta mágica del mundo
Al ginseng se le conoce, según la medicina china, como al “rey de las hierbas medicinales” o como a la “planta mágica del mundo”. Las propiedades farmacéuticas del ginseng ya las descubrió en su día Bian Que (扁鹊), prestigioso médico del Período Primavera y Otoño (春秋, 770-476 a.C.). Más tarde, en el libro Shénnóng Běncǎojīng (神农本草经) se consideró a esta planta medicinal como la más valiosa de todas. Asimismo, en el manual Běncǎo Gāngmù (Compendio de Materia Médica,本草纲目), elaborado tiempo después por Li Shizhen (李时珍, 1518-1593), se recopilaron con todo detalle las características específicas de esta planta.
De acuerdo con la medicina china, el ginseng permite:
Enriquecer la sangre y tonificar la energía vital
Mantener el equilibrio del líquido corporal
Controlar la presión arterial
Mejorar la vista
Estimular el sistema nervioso central para aumentar la actividad psíquica y disminuir la sensación de fatiga
Los resultados llevados a cabo por las investigaciones científicas ponen de manifiesto que el ginseng ayuda a combatir las enfermedades crónicas, tales como la anemia, la diabetes o los problemas cardiovasculares, del sistema nervioso y del estómago. El consumo de esta planta medicinal está integrado en la vida cotidiana de los chinos con el fin de fortalecer la salud, ejemplos de ello los encontramos en el uso del alcohol de ginseng o en la cazuela de ginseng cocida con diversos alimentos.
Recogida datada desde el siglo VI
La historia de la recogida del ginseng se podría remontar a la dinastía Tang (唐, 618-907) cuando el Reino del Mar Bo (698-926), situado precisamente en el Nordeste, donó ginseng como tributo a la dinastía gobernante. Posteriormente los manchúes, que se encontraban en plena época de crecimiento, también ofrecieron esta planta como producto autóctono a cambio de utensilios agrícolas y objetos básicos, como ollas, sal, cereales, aceite y telas. Gracias a este intercambio, los manchúes consiguieron un gran desarrollo y prosperidad hasta hacerse con el poder y derrocar a la dinastía Ming (明, 1368-1644).
Cultivo masivo
Debido al cultivo masivo en las laderas de la montaña del ginseng durante la dinastía Qing (清, 1644-1911), el gobierno, a fin de proteger esta planta y regular las actividades relacionadas con su producción, se vio obligado a tomar medidas muy severas, como la expedición de licencias llamadas shēnpiào (参票). A lo largo del Año XXIII (1684) del reinado del Emperador Kangxi (康熙, 1654-1722) solo se expidieron unas tres mil autorizaciones y más tarde, en el Año IX (1744) del reinado del Emperador Qianlong (乾隆, 1711-1799), se estableció la Autoridad Oficial de la Administración de Ginseng para intervenir en los asuntos relacionados con la cosecha.
Lago del cielo en la Montaña Changbai. La montaña Changbai (en la actual provincia de Jilin) era el principal centro de producción de ginseng silvestre durante la dinastía Qing. Foto: Xu Yinhua. CC BY-SA 4.0. Wikimedia para «Changbai Mountain».
Aparte de regularizar la ruta de la montaña que se podía tomar para realizar su recogida, se exigía la entrega obligatoria de cierta cantidad de ginseng de primera categoría a la corte imperial. Solamente en caso de que sobrara algo después de haber pagado los tributos, se permitía su comercialización bajo un control muy estricto. De hecho, cada año la familia imperial recibía una cantidad importante de esta planta para su propio uso y para su comercialización, constituyendo de esta manera un mayor ingreso en las arcas reales. Según datos históricos, el emperador Qianlong de la dinastía Qing tomaba ginseng todos los días, mientras que la emperatriz viuda Ci Xi (慈禧, 1835-1908) también lo empleaba para activar la energía vital.
Grabado británico del siglo XIX de una ilustración original china de una raiz de Ginseng. Imagen: Travels in Tartary, Thibet, and China during the Years 1844–5–6, Vol. I. Dominio público. Wikimedia.
En realidad, el gobierno Qing nunca pudo controlar ni evitar de manera completa y eficiente la actividad no autorizada de la recogida del ginseng. Esto hizo que mucha gente, por su cuenta y riesgo, atravesara el Paso Shanhai (山海关), situado en la ciudad de Qinghuangdao, en la provincia de Hebei, donde la Gran Muralla da comienzo sobre el mar, y entrara en la zona conocida como Guāndōng (关东, Noreste de China), mientras que a las personas procedentes del centro del país que se ganaban la vida con el ginseng en las montañas Changbai se les llamaba chuǎng Guāndōng (闯关东).
Leyendas sobre el ginseng
Todavía hoy en día existen en esta región multitud de leyendas o historias relacionadas con el ginseng, y muchas de ellas reflejan las antiguas costumbres, tradiciones y normas de la cosecha. Por ejemplo, la tradición dice que se tiene que atar una cuerda roja al tallo del ginseng nada más encontrarlo para que no se convierta en un niño y se escape penetrando en la tierra. Precisamente son estas misteriosas leyendas las que han constituido una cultura propia de esta planta medicinal. En la comarca Tongliao de la provincia de Jilin aún se conserva la tumba en memoria de Sun Liang, quien acudió aquí a buscarse la vida desde Shandong y que poco después falleció en un accidente durante la recolección del ginseng.
Peligro de extinción
Actualmente el ginseng silvestre ha sido declarado en peligro de extinción y su precio es superior al oro. La mayoría del ginseng que circula hoy en día en los mercados es cultivado. Los productos elaborados se pueden dividir en dos variedades principales: el shēngshàishēn (生晒参) y hóngshēn (红参). La primera hace referencia al ginseng cultivado que se seca al sol o al fuego, mientras que la segunda se diferencia por la integración de cocción al vapor en el proceso de producción. En el poblado Wanliang de la comarca de Fusong perteneciente a la ciudad Baishan de la provincia de Jilin se encuentra el mayor mercado de ginseng en toda China, cuya facturación anual puede superar los cien millones de yuanes.
Cultivo de alto coste medioambiental
El cultivo artificial de ginseng implica un alto coste y un gran sacrificio medioambiental. No sirve cualquier tierra para su cultivo, pues ha te tener ciertos nutrientes esenciales, ha de ser virgen y fecunda, bien roturada después de talar el bosque, muy húmeda y con sombra todo el año. Además, los nutrientes del suelo se agotan tras tres años de cultivo y la única solución consiste en trasladar el ginseng a otra parcela virgen con las mismas condiciones. En caso contrario, se marchita como consecuencia de la carencia de los nutrientes necesarios. De hecho, el cultivo de ginseng necesita como mínimo dos parcelas del bosque, lo que implica un gran dilema a la hora de proteger la floresta y el medioambiente. Todo esto justifica la escasez de este producto en el mercado y su elevado precio.
El municipio de Beiji es el territorio chino más al norte. Foto de archivo 123RF de una aurora boreal genérica.
Beiji (北极), en la provincia de Heilongjiang, es el territorio chino más septentrional y el mejor lugar de toda China para observar la aurora boreal. Todos los años, cuando llega el solsticio de verano, los habitantes de Beiji se reúnen para bailar alrededor de hogueras y aguardar la llegada de la aurora.
La aurora es un fenómeno tan hermoso que, incluso la gente que no la ha visto nunca, desea verla. Desde la primera vez que la humanidad contempló el alba, esta se convirtió en todo un misterio, atrayendo durante milenios la mirada de muchos que admiraban este milagro de la naturaleza. Cuando la ciencia no regía las actividades humanas, se dio rienda suelta a la imaginación inventando leyendas sobre el crepúsculo matutino.
Aurora –palabra de origen latino que significa “alba”– es la diosa que personifica el amanecer. Según la mitología romana cada mañana surgía del mar y, con su carro tirado por caballos, se elevaba hasta el cielo, anunciando la llegada del sol. La figura de Aurora, encargada de repartir cada día el rocío de la mañana, se asemeja a la de Guanyin en la tradición budista porque desprendía rocío dulce sobre los humanos.
En China también existen mitos sobre las primeras luces del día. Según una leyenda, dos mil años antes de Cristo, durante una oscura y tranquila noche estrellada, una joven llamada Fu Bao se encontraba a solas admirando el paisaje de la naturaleza. De pronto, una luz emergió con elegancia de la Osa Mayor y flotó alrededor de las estrellas, desprendiendo su brillante luz sobre la tierra. Este fenómeno ejerció su poder sobre Fu Bao y la joven acabó dando a luz al Emperador Amarillo. En el Clásico de las montañas y los mares (山海经) también se habla de una criatura con “rostro humano, cuerpo de serpiente, color escarlata, muy larga y diosa de Zhongshan”. Este ser sobrenatural de color rojo, que brilla en el cielo oscuro y a la que llaman chu long (触龙), no es más que la aurora.
Personas venidas de todos los rincones del mundo llegan a Mohe en busca de la felicidad en el camino hacia el norte.
Con el avance de la ciencia se ha podido descubrir toda su verdad: es un fenómeno formado por átomos y partículas que, desde la capa superior de la atmósfera, producen un efecto óptico que es todo un espectáculo de la astronomía. La aurora austral es visible en el cielo de la Antártida mientras que la boreal lo es en el del Polo Norte. Las que se pueden ver en China son, por lo tanto, boreales. Por suerte, en los condados del extremo norte de China podemos presenciar este maravilloso fenómeno natural. El municipio de Beiji (北极), situado en el condado de Mohe (漠河), en la provincia de Heilongjiang, es el territorio chino más septentrional. Las coordenadas de Beiji son “53°33’30.0”N, 122°20’27.1”E. Es el mejor lugar de toda China para observar la aurora boreal, recibe el nombre Shenzhou Beiji (神州北极) y es el punto turístico del país más cercano al norte, lo que atrae innumerables turistas.
Todos los años, durante el solsticio de verano, se puede asistir aquí a la colorida aurora. La tradición china relaciona este fenómeno con una leyenda sobre las siete hadas. La historia trata sobre un matrimonio anciano de la provincia de Heilong-jiang y sus siete hijas: Chixia (赤霞, “nubes rojas”), Chenglian (橙练, “seda naranja”), Huangyi (黄衣, “ropa amarilla”), Lüyu (绿玉, “jade verde”), Qingni (青霓, “arco iris verdoso”), Lanchang (篮裳, “falda azul”) y Zilu (紫露, “rocío violeta”). Todas ellas eran sirvientas de la Reina Madre del Oeste que se encargaban de recoger agua. Durante el solsticio de verano volvían a casa para visitar a sus padres. Es por esto que todos los años, cuando llega este día, los habitantes de Beiji se reúnen para bailar alrededor de hogueras y aguardar la llegada de la aurora boreal. Aunque no todos los años se puede observar dicho fenómeno, se congregan igualmente para conmemorar la vuelta a casa de las siete hadas.
La búsqueda de la felicidad
Solo se puede llegar a pie al punto de China más cercano al norte a través de los bosques de Beiji. En el sinuoso camino que conduce a este lugar se encuentra un puente colgante de madera. A lo largo del recorrido se puede ver el carácter 北 (běi, norte) por todas partes, algunos de ellos grabados en rocas, otros escritos en los árboles, con caligrafía clásica estilo Yan o con la caligrafía del emperador Tang Taizong. Este carácter está prácticamente escrito en todos los estilos caligráficos posibles. Al final de este camino inundado por dicho carácter, se llega a la plaza más septentrional de China: Beiwang Yakou. En ella encontramos una enorme roca con la inscripción: “Polo Norte de China”. Al verlo, cualquiera se puede sentir como “el pescador que descubrió el manantial de los melocotoneros en flor”.(1)
Al llegar hasta este recóndito punto, durante el solsticio de verano, prácticamente hay luz durante las veinticuatro horas del día y es la mejor época del año para presenciar este fenómeno atmosférico. La medianoche es el momento ideal, con el cielo cubierto de blanco, cuando no se puede distinguir si es de noche o si está amaneciendo. La brillante y colorida aurora boreal se presenta imponente en el blanco cielo, recordando a aquella leyenda de las siete hadas. La aurora emerge después de la medianoche, así que hay que esperarla desde la una o las dos de la mañana. La demora puede poner nervioso a más de uno, pues no siempre aparece y hace falta tener mucha suerte para poder verla. Sin embargo, incluso si no se tiene la fortuna de verla, siempre se podrá divisar el cielo entero cubierto de estrellas; sobre todo la Osa Mayor con su forma de cuchara que, al estar tan cerca, emociona a todos con su brillo.
En la actualidad Beiji se ha convertido prácticamente en sinónimo del extremo norte de China y en un lugar indispensable para todo aquel que quiera ver la misteriosa y romántica aurora boreal. Tanto turistas chinos como extranjeros acuden a contemplar la efímera, mística e insólita aurora. Los enamorados nunca se cansan de verla y, por eso, van junto a la persona que más quieren en busca de la felicidad en el camino hacia el norte.
Nota (1): Esta frase hace referencia a El manantial de la flor del melocotón (桃花源, Táohuāyuán), una obra de Tao Yuanming (陶渊明) escrita en el año 421. Esta obra cuenta la historia de un pescador en la turbulenta época de la dinastía Qin (秦, 221-206 a.C.) que un día encontró por casualidad un manantial lleno de melocotoneros en flor. Cuando llegó hasta el nacimiento del manantial, vio una misteriosa gruta y decidió entrar. Allí encontró un paraíso natural donde personas de todas las edades se aislaban de los cambios políticos para vivir en paz y armonía.
Publicado originalmente en: Revista Instituto Confucio. Número 34.Volumen I. Enero de 2016.
La expresión «ver una serpiente reflejada en la copa” (杯弓蛇影, Bēigōngshéyǐng) sirve para indicar que alguien está teniendo un miedo exagerado o injustificado y da a entender que la realidad de la situación no es tan dramática como parece y que no hay motivos para estar asustado o tener sospechas.
Ver una serpiente reflejada en la copa (Bēigōngshéyǐng)
杯弓蛇影
Yue Guang era un célebre erudito de la dinastía Jin Occidental (西晋, 265-317) que vivía en la provincia de Henan (河南). Un día invitó a un amigo a tomar un trago y a charlar un rato en su casa. Cuando el amigo fue a beber de su copa vio que dentro había una pequeña serpiente.
Como le daba vergüenza decírselo a Yue Guang, se vio obligado a beberse el contenido sin decir nada. Más tarde, cuando volvió a casa, notó que se encontraba mal y pensó que se debía a que tenía en el estómago una serpiente. Más tarde enfermó. Yue Guang decidió hacerle una visita para ver qué tal se encontraba y le preguntó por el origen de su dolencia.
Era un reflejo
El amigo le contó entonces la verdad. Tras escuchar la confesión, Yue Guang empezó a reírse a carcajadas y explicó a su amigo que, aquella serpiente que había visto en el interior de la copa, no era más que el reflejo de un arco que había colgado en la pared de su casa. Cuando el amigo comprendió lo sucedido empezó a mejorar notablemente hasta que finalmente se curó. Esta anécdota hizo que la amistad entre ambos fuera más fuerte que nunca.
La expresión”ver una serpiente reflejada en la copa”(杯弓蛇影, Bēigōngshéyǐng) sirve para indicar que alguien está teniendo un miedo exagerado o injustificado y da a entender que la realidad de la situación no es tan dramática como parece y que no hay motivos para estar asustado o tener sospechas.
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