Puente de viento y lluvia de Chengyang, también llamado «Puente Yongji de Chengyang». Sus piezas están ensambladas sin un solo clavo. En el río Lixi, bajo el puente, crecen los cultivos de arroz y algodón de la etnia dong. Foto: EditQ, Wikimedia CC BY-SA 4.0,
Los puentes de viento y lluvia son un tipo de construcción característica del pueblo dong. Como el cuerpo central de dichos puentes está constituido por una galería cubierta, debajo de la cual los transeúntes que cruzan de un lado a otro pueden encontrar refugio contra las inclemencias del tiempo, recibieron el ya mencionado apelativo de “puentes de viento y lluvia”.
A esta etnia le gusta construir sus aldeas junto a un curso de agua y, donde hay agua, son necesarios los puentes que se hacen imprescindibles en la vida de dicha minoría del sur de China. En sus asentamientos persiste la tradición según la cual “si hay una aldea, tiene que haber una torre del tambor y, si se encuentra junto a un río, hace falta construir un puente de viento y lluvia”. Su diseño es extremadamente particular y su característica más apreciada es la destreza constructiva.
Madera ensamblada sin clavos
Durante todo el proceso de construcción no se utiliza un solo clavo sino que se recurre al ensamblaje de caja y espiga, una antigua técnica consistente en el acoplamiento de piezas de madera entre sí sin recurrir a ningún otro método de fijación. El secreto radica precisamente en el citado procedimiento de ensamblaje, que se ha transmitido de generación en generación desde hace miles de años. La lengua de la espiga de cada pieza se introduce en el agujero de la caja o mortaja correspondiente y, de ese modo, se levantan las galerías cubiertas y los puentes que las sostienen. Los puentes de viento y lluvia condensan la enorme sabiduría y creatividad del pueblo dong y se cuentan entre las más increíbles construcciones de este tipo en todo el mundo.
Detalle del puente a contraluz. Se construyen en su centro pequeños altares en los que se realizan ofrendas a Guan Yu y otros seres inmortales.. Foto: Dom-Dom. Flickr, CC BY 2.0,
El puente de Chengyang, construido en 1912
De entre los numerosos puentes existentes, el más famoso es el de Chengyang, en la aldea de Linxi del distrito autónomo dong de Sanjiang, localizado en la provincia meridional de Guangxi. El puente, que se extiende sobre el río Linxi, tiene una longitud total de 64,4 m y consta de 5 pabellones y 19 galerías. Se trata del mayor y más largo conservado hasta la actualidad. Su construcción se prolongó durante 13 años y se concluyó finalmente en 1912.
Con sus salientes y elevados aleros, exquisita decoración tallada en la madera y la peculiar alternancia de pabellones y verandas, su estampa recortada entre las montañas y el agua resulta extremadamente pintoresca. El puente de Chengyang posee ya una historia centenaria y, a pesar de haber sido dañado por las crecidas de las aguas del río, sigue en pie gracias a las sucesivas reparaciones. Se la considera una obra maestra de esta etnia, una materialización de su sabiduría ancestral y uno de los más valiosos tesoros de la arquitectura china en madera.
El interior del Puente Yongji de Chengyang. Sus piezas están ensambladas sin un solo clavo. Foto: EditQ, Wikimedia, CC BY-SA 4.0
Lugar de reunión popular
Para esta minoría, los puentes de viento y lluvia no constituyen solamente un medio de comunicación entre orillas, sino también el escenario donde se desarrollan los quehaceres cotidianos. Cuando el tiempo es bueno, quienes allí viven gustan de reunirse en los pabellones para echar una partida de cartas, jugar al ajedrez o charlar sobre sus asuntos a la vez que desempeñan labores artesanales. En dichos pabellones existe incluso un lugar específico para la población infantil; mientras adultos y mayores conversan o se ocupan de sus cuestiones, niñas y niños pueden jugar ahí con total libertad.
Durante los periodos de descanso en el campo, también aprovechan el espacio para comprar o vender sus productos y, poco a poco, el puente se va convirtiendo en un animado mercado. En los puestos distribuidos a lo largo de los pabellones abundan entonces los coloridos vestidos tradicionales y los artículos de uso cotidiano.
Los dong también organizan grandiosos banquetes en el interior de esos pabellones cubiertos en los que cada familia contribuye con sus especialidades culinarias. Según sus ancestrales creencias, un buen banquete puede alejar todas las enfermedades y dar la fuerza necesaria para emprender cualquier actividad. Estos puentes no son una simple construcción de madera porque constituyen, asimismo, una creación artística y espiritual que resume la historia viva de la etnia.
El puente de viento y lluvia de Chengyang, o puente Yongji de Chengyang. Foto: By yuen yan. Flickr: P4235479, CC BY-SA 2.0
Lugar de culto de la etnia dong
Según la tradición dong, sus puentes representan un nexo entre la vida y la muerte. La construcción de uno de estos es una meritoria obra que puede resultar beneficiosa para uno mismo y para la propia familia y, por ello, se construyen en su centro pequeños altares en los que se realizan ofrendas a Guan Yu y otros seres inmortales. Y allí se reúnen para venerar esas figuras y rezar por una climatología favorable y una vida feliz y plena. Las bolas de colores que cuelgan a lo largo de las galerías, así como las inscripciones sobre el puente, registran los méritos adquiridos por las distintas generaciones de aldeanos gracias a la construcción y las sucesivas reparaciones del puente.
Vista del puente desde una de sus orillas. En el río Lixi, bajo el puente, crecen los cultivos de arroz y algodón. Foto: EditQ, CC BY-SA 4.0
Las habilidades arquitectónicas dong para la construcción de puentes y viviendas están registradas ya desde finales de la dinastía Han, en el siglo III d.C. Para levantar sus construcciones, nunca utilizan planos, ya que pueden valerse exclusivamente de sus profundos conocimientos técnicos que se han ido transmitiendo y ampliando de generación en generación.
Los sencillos y elegantes puentes de viento y lluvia de las aldeas dong, situados entre las cristalinas aguas y las verdes montañas, desprenden un particular encanto que seduce al visitante. A pesar de las vicisitudes de su larga historia, siguen aguantando con firmeza y robustez y se han convertido en un símbolo cultural de este pueblo, sabio y laborioso, al que estas construcciones protegen calladamente de los rigores del tiempo.
El bordado de Hunan, también conocido con el nombre de “bordado de Xiang”, nació entre las clases populares de esa provincia meridional china hace más de dos mil años y, junto a los bordados de Su (Suzhou, en Jiangsu), Shu (Sichuan) y Yue (Guangdong) forma parte de los “cuatro famosos bordados” de China.
La tradicional artesanía del bordado a mano de China es de una extrema exquisitez, y puede considerarse la quintaesencia de la cultura de ese país. Tras absorber la esencia de la artesanía de Suzhou y Guangdong, el de Hunan se fue desarrollando paulatinamente hasta establecer sus propias singularidades y convertirse en una artesanía tradicional característica de dicha provincia. Las mujeres nacidas en este lugar crecen en un entorno particular en el que se ven influidas por las generaciones anteriores, y normalmente, son introducidas desde muy pequeñas en este arte. Las habilidosas bordadoras emplean la aguja y el hilo para llevar a cabo sus brillantes creaciones y perpetuar la cultura del bordado en Hunan.
El bordado de Xiang más antiguo
El bordado de Xiang goza de una excelente reputación, hasta el punto de afirmarse que “sus flores desprenden fragancia, de sus aves se escucha el canto, sus tigres pueden correr y sus personajes parecen estar vivos”. El ejemplar más antiguo encontrado hasta la fecha es una pieza con decoración de dragón y fénix, hallada en 1958 en una tumba de Changsha perteneciente al Estado de Chu (primer milenio a.C.), cuyo bello patrón ornamental y precisas y delicadas puntadas provocaron el asombro de todo el mundo.
Bordado de seda para ritos del siglo IV a.C. procedente de Hubei. Los motivos son dragones, fénix y tigres, todos ellos bestias sagradas de la cultura china. Imagen: Dominio público de Wikimdia.
En 1972 se descubrieron en las antiguas sepulturas de Mawangdui de Changsha, pertenecientes a la dinastía Han del Oeste (206 a.C.-25 d.C.) más de cuarenta piezas de ropa bordada, con una decena de diferentes patrones decorativos, lo que demuestra de manera fehaciente que ya hace más de 2.100 años la artesanía del bordado de Hunan había alcanzado un extraordinario nivel de madurez.
Bordado de Hunana: seda natural e hilos selectos
El bordado de Xiang emplea la seda natural como principal materia prima y presta una gran atención al hilo, que se caracteriza especialmente por su extrema finura. Para preservar su suavidad y brillantez durante el proceso de bordado, hace falta primero cocerlo en una solución del fruto de la acacia de china (Gleditsia sinensis) y después enjugarlo con papel de bambú. El color del hilo de seda también es extraordinariamente diverso, con cientos de variedades y, además, con cada coloración se producen diferentes cambios de tonalidad.
Chaleco de seda bordado para exportación. 1780. Procede le Museo de Arte de Honolulu. Imagen: Hiart, CC0, Wikimedia commons.
Setenta tipos de puntada
Gracias a esa combinación de colores y a los más de setenta tipos de puntada, las piezas cobran una exquisita belleza, gran vivacidad y un realismo casi tridimensional. En cuanto a la temática de los bordados, es asimismo muy amplia e incluye personajes, animales, paisajes, aves y flores, y otros muchos. Entre todos ellos destaca el tigre como motivo tradicional y emblemático de dicha artesanía.
Detalle del mural con garzas sobre el País de los Inmortales. Dinastía Qing (1644–1911). Dominio público en el MET.Mural con garzas sobre el País de los Inmortales. Dinastía Qing (1644–1911). Dominio público en el MET.
Gatos de Su, tigres de Xiang
Al introducir este animal en sus bordados, los artesanos recurren normalmente a la original técnica del “pelo acolchado”, con la cual se le otorga una fuerte sensación de textura y se consigue dar ese aspecto voluminoso y vívido que caracteriza el pelaje real del tigre. De este modo han surgido numerosas obras clásicas que resultan comparables a los gatos de los bordados de Suzhou; de ahí la frase popular “gatos de Su, tigres de Xiang”.
En los de Hunan la aguja se emplea como un pincel y el hilo de seda es el trazo de color, por lo que la ingeniosa combinación de una y otro da como resultado una serie de obras maestras. En el año 2006 el bordado de Xiang entró a formar parte de la primera inscripción en la lista nacional de patrimonio cultural intangible de China y, de este modo, se ha convertido en la actualidad en una excelente tarjeta de presentación de la cultura de Hunan. Como tal, en representación de la provincia y de todo el país, ha participado en numerosas ferias internacionales de diferentes lugares del mundo y ha obtenido además muchos premios.
Los oficiales imperiales lucían coloridos bordados de seda para identificar su rango en las ceremonias. Los animales feroces, como este tigre, estaban destinados a los militares. Los pájaros, por ejemplo, eran bordados para funcionarios. Imagen: Dominio público. Museo de Philadelphia
Doble cara y doble imagen
La técnica denominada “de doble cara y doble imagen” consiste en bordar en cada lado, anverso y reverso, de una única pieza de seda transparente una imagen con diseño, motivos y colores completamente diferentes. Se trata de una innovadora técnica única en su género, desarrollada recientemente, y considerada por sus características como un arte casi mágico.
El panda y el tigre es una de las obras más destacables de este peculiar tipo de bordado. Fue realizada por la maestra bordadora Zhou Jinxiu (1932-2018) en 1999, recibió la medalla de oro de la Exposición de Artes y Oficios de China y ahora se custodia en el Museo del Bordado de Hunan. Zhou Jinxiu fue la inventora de la mencionada técnica del bordado a doble cara y también es una de las personalidades más representativas en lo que se refiere a la transmisión, desarrollo e innovación del bordado de Xiang.
En el anverso de esta obra aparece un pequeño oso panda comiendo bambú plácidamente en medio de un bosque, mientras en el reverso puede contemplarse un cachorro de tigre en la pradera oteando avizor el horizonte. Las figuras del bonachón y entrañable panda y el majestuoso y enérgico tigre destacan por su fuerte contraste, en una combinación entre la indolencia y la tensión dinámica cuya magia deja admirado al espectador.
En sus orígenes, el bordado de Xiang simplemente tenía como objetivo aderezar los vestidos y otorgar un toque decorativo pero, paulatinamente, se fue extendiendo a otros muchos aspectos de la vida cotidiana de Hunan hasta penetrar en sus venas y convertirse en un motivo de inmenso orgullo. Como tradición cultural y artística de intrínseca peculiaridad constituye una parte fundamental de la industria de la exportación de la provincia y contribuye en gran manera al desarrollo de la economía local y al incremento de la tasa de empleo femenino.
Sin embargo, con el desarrollo de la tecnología, la progresiva sustitución del trabajo manual por la maquinaría textil ha supuesto un duro golpe para el arte tradicional del bordado de Xiang. Los hunaneses ya han comenzado a introducir reformas en la producción y gestión de esta industria artesanal y a innovar sobre la base de la rica herencia transmitida hasta la actualidad. El bordado de Xiang ya no es aquel de los viejos tiempos del trabajo a mano sino que se ha adaptado a la nueva era de la alta tecnología y se ha convertido en un producto al alcance de todo el mundo.
El industrioso e inteligente pueblo hunanés, por ello, ha logrado conciliar así el tradicional bordado a mano de Xiang con los requisitos de la sociedad contemporánea. Hoy en día, esta particular artesanía conserva toda la elegancia de antaño y, tanto los artículos de uso cotidiano como los vestidos o ejemplares de coleccionista, son vendidos en todo el mundo. Gracias a su peculiar encanto, sus piezas se han ganado el aprecio del público tanto dentro como fuera de China.
Publicado originalmente en: Revista Instituto Confucio. Número 55. Volumen IV. Julio de 2019.
Zhou Youguang fue el inventor del pinyin, el sistema de transcripción fonética del chino a la escritura latina. Este extraordinario personaje, que compartió conversación con Einstein, dominaba cuatro lenguas (chino, inglés, francés y japonés), continuó escribiendo a los 93 años e incluso a los 100 publicó nuevas obras. El maestro Zhou, que murió el 14 de enero de 2017, justo un día después de cumplir 111 años, nunca perdió su sentido del humor y bromeaba diciendo “en el cielo están muy ocupados y se han olvidado de mí”.
Zhou Youguang nació en 1906 en Changzhou, en la provincia de Jiangsu, durante el reinado del emperador Guangxu de la dinastía Qing. En el transcurso de su vida, atravesó las cuatro últimas grandes épocas del país: el fin de los Qing, la era de los señores de la guerra (Beiyang), la República China y la República Popular China. De ahí que se le conozca como “el gran veterano de las cuatro dinastías”. Hay quien ve en él la representación de un siglo de historia nacional.
No fue hasta sus 50 años cuando empezó a interesarse por el estudio de la lengua china. A los diez años, se fue a vivir a Suzhou con su familia donde estudió inglés en las primeras escuelas modernas del país. Tras graduarse de la escuela secundaria, ya se expresaba y escribía con total fluidez en esa lengua extranjera. Más tarde, aprobó el examen de acceso a la Saint John’s University de Shanghái, donde se especializó en economía. Con su diploma en el bolsillo, Zhou partió a Japón para continuar sus estudios. Finalmente, acabó encontrando un puesto de trabajo en el sector financiero en Estados Unidos como economista. Fue durante este periodo en el extranjero, en 1947, cuando se encontró por casualidad con Albert Einstein.
Antes de 1955, el maestro Zhou Youguang nunca podría haber imaginado que, algunos años más tarde, él mismo conseguiría que la escritura china entrara en la modernidad.
“Al poco de llegar a Estados Unidos, uno de mis amigos profesores de la Universidad de Princeton era justamente colega de Einstein. Este amigo nos presentó y tuve la gran suerte de poder dialogar con él en dos ocasiones. Era una persona muy sencilla, nada arrogante”. Con el tiempo, fue olvidando el contenido de las conversaciones, excepto una frase del científico que quedaría grabada en su memoria: “Cuando un hombre llega a los 60 años y ha dedicado 13 a trabajar, 17 al ocio y el resto a comer y dormir, ¿cómo puede tener éxito en la vida? Dependerá de cómo emplee el tiempo que le queda”.
El pinyin, que literalmente significa “deletrear los sonidos”, se incluye hoy en día en la mayoría de métodos de lengua para ayudar a los estudiantes extranjeros a dominar los mecanismos y las sutilezas de la pronunciación china. Sin embargo, fue para los chinos, y no para los extranjeros, para los que se ideó este sistema. De hecho, teniendo en cuenta el gran número de minorías y dialectos en China, una lengua común y oficial se había convertido en una necesidad.
Antes de 1955, el maestro Zhou nunca podría haber imaginado que, algunos años más tarde, él mismo conseguiría que la escritura china entrara en la modernidad. Aquel 1955, en el mes de octubre, por la propuesta de la Universidad de Fudan en Shanghái, Zhou Youguang fue enviado a Beijing para participar en un gran congreso nacional sobre la modernización de la escritura china. Fue a raíz de este congreso cuando pasó a formar parte del comité de reforma de la escritura china.
En febrero de 1958, la segunda sesión de la Gran Asamblea Nacional del Pueblo validó el programa del pinyin
Fue “una experiencia realmente inesperada” pues, aunque había aprendido lingüística durante sus años universitarios, el estudio de la lengua surgía de su propio interés personal. “Cuando me cansaba de mis lecturas principales, encontraba en los libros de lingüística un nuevo entretenimiento como si, cansado de escribir con la mano derecha, pudiera utilizar la izquierda para dejar a la otra descansar”. Gracias a su excelente nivel de inglés, cuando volvió a China en 1949, llevó en paralelo a su actividad de profesor de universidad un tratado sobre la romanización del chino titulado Estudio sobre la escritura pinyin, publicado en 1952.
Tras su nominación oficial como miembro del comité nacional dedicado al pinyin, su trabajo se intensificó considerablemente, y redobló sus esfuerzos para llegar al final del proyecto que le había sido confiado. “Aquel cambio de carrera me llegó por casualidad, tuve que decidirme, avanzar y hacer todo lo posible para sacar adelante la tarea que me había sido encomendada. Como expertos, no podemos hacer las cosas a medias. Tuve que leer nuevamente las obras de referencia, que ya había leído, pero que era necesario releer con minuciosidad. En aquella época, estaba realmente muy implicado”.
Entre 1979 y 1982, la Organización Mundial de Normalización (ISO) escogió el pinyin como norma oficial de romanización del chino moderno.
Asignatura obligatoria en Educación Primaria desde 1958
En febrero de 1958, la segunda sesión de la Gran Asamblea Nacional del Pueblo validó el programa del pinyin, y ese mismo año, su enseñanza entró en el programa de Educación Primaria como asignatura obligatoria. Entre 1979 y 1982, la Organización Mundial de Normalización (conocida por sus siglas en inglés ISO) escogió el pinyin como norma oficial de romanización del chino moderno (ISO 7098).
“Gracias a un voto mundial, la ISO lo eligió como norma internacional y fue la primera vez que una normativa nacional se convertía en mundial. ¿Por qué se procedió de dicho modo? Simplemente porque un diálogo entre la cultura china y las extranjeras es fundamental para obtener un apoyo internacional”, confiaba Zhou Youguang.
Una vida más fácil con el pinyín
El sistema pinyin no solo ha facilitado el aprendizaje del chino en el extranjero, sino que también ha cambiado la vida de este país. La popularización de los ordenadores e Internet, así como la llegada de los teléfonos móviles, han permitido que su uso se haya convertido en el primer método de entrada de texto en chino. El pinyin no solo ha simplificado el aprendizaje de la lengua china para extranjeros sino que, también, ha permitido facilitar el acceso a la información y a la comunicación entre los chinos.
Cuanto más envejece el hombre, más busca la verdad, y es por ello que el erudito no puede hallar el conocimiento sin la necesaria reflexión. Con más de 100 años, Zhou Youguang continuó publicando obras. Entre las últimas destaca Shibeiji, publicada en 2011 y que reúne sus “impresiones sobre el mundo en la era de la globalización”. Escrita a sus 104 años, es un brillante ensayo por sus reflexiones que están realizadas en un estilo que asombra e impone respeto. Una de sus frases dice “en la era de la globalización, nuestra visión del mundo en su totalidad nos impone repensar cada objeto que lo compone”.
Durante los 111 años que vivió Zhou Youguang, cuyo nombre significa “portador de luz”, su fulgor nunca cesó de brillar.
El pinyin
El pinyin es un sistema de transcripción fonética que utiliza el alfabeto latino. Emplea 26 letras de dicho alfabeto y distingue mayúsculas y minúsculas. El orden es el mismo. Una palabra en pinyin se forma con consonantes y vocales a las que se les añade un tono que sirve para indicar la pronunciación.
Publicado originalmente en: Revista Instituto Confucio. Número 56. Volumen V. Septiembre de 2019.
«Rehusando la comida». Imagenes del rollo titulado «Escenas de la vida de Tao Yuanming. Autor: Chan Hongshou, dinastía Qing (1650). Honolulu Museum of Art.
Recojo crisantemos bajo la cerca del este y contemplo con calma las montañas del sur. Éste es uno de los versos más famosos del poeta chino Tao Yuanming (365–427), también conocido como Tao Qian(El que se esconde). El vino, la contemplación de la vida rural, la amistad y la muerte son algunos de los temas recurrentes de sus poemas.
No me inclinaré ante nadie por cinco celemines de arroz. Esta es la cita que expresa el profundo desapego de Tao Yuanming a la vida de funcionario. La pronunció cuando ya tenía tomada la decisión de dejar su cargo como magistrado en Penge, actual provincia de Jiangxi. Al renunciar a su puesto aceptó la pobreza. Tenía a su cargo una familia con 5 hijos y varios sobrinos, pero sus ideales confucianos y su sentido taoísta de la vida no le permitieron seguir en su puesto al servicio del gobierno. Tampoco aceptó luego otros encargos similares, cuando ya se encontraba retirado y había incluso perdido su hogar.
En sus últimos años como responsable público ya le costaba dedicar siquiera una pequeña partida de arroz a otra cosa que no fuera la fabricación de su amado vino. En cualquier caso, a la edad de 40 años dejó su trabajo y volvió a su hogar cerca de la montaña taoísta de Lushan. Allí se dedicó junto con su familia a cultivar la tierra para comer y a beber vino, su gran pasión.
Su vida y la de su familia estuvieron marcadas por la incertidumbre económica propia de los campesinos, su amor por el vino, sus intensas relaciones sociales y una generosa disposición a compartirlo todo.
Arriba: «Volviendo a casa». En medio: «Seleccionando arroz (para hacer licor)». Abajo:«Renunciando al sello oficial». Imagenes del rollo de papel «Escenas de la vida de Tao Yuanming. Autor: Chan Hongshou, dinastía Qing (1650). Honolulu Museum of Art. Wikimedia commons, dominio público.
Tao Yuanming, tres poemas
En su poesía describe las duras condiciones en las que vivían los campesinos, y su relación con los terratenientes. Sus temas fueron la pobreza, el vino, las relaciones de los campesinos con los terratenientes, el gozo de la vida familiar, la descripción contemplativa del campo y la naturaleza. Tal como dijo Guillermo Dañino en su antología de Tao Yuanming: «Tao Yuanming encontró solaz en su familia y la amistad, en su laúd, sus libros y sobre todo en el vino, del cual la mitad de sus poemas hablan con afecto».
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Bebiendo vino.
Poema nº 5
Construí mi cabaña al lado de un camino pero no oigo carretas ni caballos.
¿Cómo puedes lograrlo, me preguntas? Donde está mi mente, está también mi corazón.
Recojo crisantemos bajo la cerca del este, y contemplo con calma las montañas del sur.
El aire de la montaña es hermoso al atardecer, y los pájaros vuelven juntos a sus nidos.
Lo explicaría mejor si pudiera recordar las palabras.
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Bebiendo vino.
Poema nº 13
Dos huéspedes me acompañan de continuo mundos diferentes, gustos opuestos.
Uno solitario, siempre embriagado; el otro sobrio todo el año.
Se burlan mutuamente y nunca se han entendido.
¿No es tontería ser tan prudente? ¿No es inteligencia el vivir exaltado?
Un consejo a mi embriagado huésped: si termina el día, ¡encendamos una vela!
—–
Implorando comida
El hambre llegó, me empujó a salir pero no sabía a dónde iba. Caminando, llegué a un lugar. Llamé a una puerta, balbuceé palabras.
El anfitrión entendió mi intención;
me dio más de lo que yo esperaba hablamos en armonía hasta el anochecer
cada vez que llenaba mi copa, yo la vaciaba
disfrutando del placer de una nueva amistad.
Recitamos y compusimos poesía. Impulsado por la amabilidad de la lavandera,*
me avergüenza no tener el talento de Han Xin. No encuentro palabras para agradecer el encuentro, te devolveré tu bondad desde el más allá.
(*) Implorando comida fue uno de sus últimos poemas. En el tercer párrrafo, Tao Yuanmin habla de la amabilidad de la lavandera. Se refiere a un episodio de la vida del famoso general del siglo III a.C. Han Xin, quien apurado por la mala fortuna conoció a una lavandera que lo alimentó. Él le prometió recompensarla, pero ella le dijo que no esperaba nada. Más tarde, cuando se convirtió en general y ayudó a establecer la dinastía Han, le envió mil onzas de oro. Este episodio ha sido comentado por Bill Porter en su libro «Choosing to be Simple».
Fuentes bibliográficas:
Implorando comida
Poema 59 del libro Porter, Bill. *Choosing to Be Simple: Collected Poems of Tao Yuanming*. Copper Canyon Press, 2023.
Bebiendo vino, poemas 15 y 13 Tao Yuanming. El maestro de los cinco sauces. Selección, traducción y notas de Guillermo Dañino, Hiperión, 2006. Madrid. Originalmente publicado por la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2005.
Nota: «No me inclinaré ante nadie por cinco celemines de arroz». Esta es la cita que eligió Guillermo Dañino para encabezar su antología dedicada a Tao Yuanming. También es del libro de Dañino la anécdota sobre la incapacidad de Tao Yuanming para dedicar ni un sólo grano de arroz a la producción de algo que no fuera licor.
Fuentes de la imagen destacada y de la pila de imágenes centrales: Chan Hongshou, dinastía Qing (1650). Honolulu Museum of Art. Wikimedia commons, dominio público.
Fragmento de «Hombres cargados con té en la provincia de Sichuan» (1908). Foto: Ernest Henry Wilson. CC BY 2.0, Wikimedia commmons.
La Ruta del Té y del Caballo es un trayecto legendario que durante miles de años permitió el intercambio del té de Yunnan y Sichuan por los caballos del Tíbet. China es el país natal del té y dio origen a todos los métodos de cultivo, elaboración y degustación.
En la encrucijada del suroeste de China donde se unen las provincias de Yunnan y Sichuan y la Región Autónoma del Tíbet se encuentran numerosas montañas y valles con una abundante vegetación. Allí era donde serpenteaba un misterioso sendero, el de mayor nivel sobre el mar y conocido como la Ruta del Té y del Caballo (茶马古道). Se originó a partir del comercio de té y caballos con los países fronterizos, además de otros productos variados. Este recorrido puede competir en importancia con la Ruta de la Seda(丝绸之路), sólo que no se hizo tan famosa como ella.
Ambas rutas supusieron eslabones y puentes decisivos en la permuta comercial y de todo tipo entre China, el Sudeste Asiático, Asia Meridional, Asia Occidental y Europa. Además, y sin quererlo expresamente, sirvieron también para el intercambio cultural y para difundir la amistad entre los diversos pueblos.
Itinerario de la antigua Ruta del Té y el Caballo
La antigua Ruta del Té y del Caballo cuenta con dos principales itinerarios de acuerdo con los distintos lugares de partida: uno es el trayecto Yunnan-Tíbet, mientras que el otro es el de Sichuan-Tíbet —además existía otro itinerario desde Shanghái hasta el Tíbet durante la dinastía Tang (618-907)—. El primero parte de Xishuangbanna, Kunming y Pu’er (el lugar de origen del famoso té), hacia el norte, atravesando lugares como Chuxiong, Dali y Lijiang, para luego girar al Oeste en el punto donde se une al camino de Chengdu, ya en la provincia de Sichuan. Mientras, el segundo parte de Chengdú hacia el oeste, pasando por la ciudad de Ya’an. La antigua ruta continúa para dirigirse directamente a Lhasa, la capital de Tíbet, desde ahí atraviesa diversas fronteras y llega a Nepal, India, Myanmar y Tailandia, para dispersarse a países del Asia Occidental y Europa. El itinerario Yunnan-Tíbet tiene una longitud superior a los 3.800 kilómetros, mientras que el de Sichuan-Tíbet recorre unos 3.100 kilómetros.
Mapa de la Ruta del Té y del Caballo modificado por Javier Pérez para Clonfuciomag, a partir del mapa creado por Redgeographics, CC BY-SA 4.0, Wikimedia commons, dominio público.
Estas dos principales rutas están repletas de otros senderos, grandes o pequeños, que se unen estrechamente en la encrucijada de Yunnan, Tíbet y Sichuan, de manera que es difícil de fijar el punto exacto de partida y el final, es decir, es imposible encontrar las ubicaciones exactas de ambos extremos de la ruta. Se inicia en una zona indeterminada de bastante tamaño y termina en otro sitio todavía más grande e incierto.
El comercio entre el té y el caballo
El comercio del té y de los caballos ha sido desde antiguo un rasgo común entre los chinos han y los tibetanos, el cual comenzó aproximadamente durante la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.), cuando el famoso navegante y diplomático Zhang Qian (张骞) viajó a Asia Occidental y vio en el país de Daxia (actual Irán) cañas de bambú y telas chinas que habían llegado no a través de la Ruta de la Seda, sino a través de la Ruta del Té y del Caballo.
Los viajes de Zhang Qian representados en uno de los murales de las grutas de Mogao, en Dunhuang, en el corredor de Heixi. Foto: Wikimedia commons, dominio público.
Este itinerario alcanzó su apogeo durante la dinastía Tang y se consolidó durante la dinastía Song (960-1279), momento en el cual se estableció una organización especial para tramitar este comercio. En la dinastía Ming (1368-1644) se continuó con la gestión de la dinastía Song y se estableció el llamado Departamento del té y del caballo. La razón por la que todas las dinastías prestaron tanta atención a dicho comercio radica en el deseo de mantener la prosperidad y la estabilidad en la zona fronteriza del sudoeste chino.
Durante los primeros años de la dinastía Song, se compraron caballos con monedas de cobre, pero los pastores las fundieron para hacer armas, lo cual provocó una gran inquietud en la corte. Posteriormente, se prohibió comprar caballos con monedas, por lo que fueron sustituidas por telas, té, hierbas medicales, etc. Debido al entorno geográfico y a la costumbre de ingerir alimentos con alto contenido calórico, como el zanba (1), y productos lácteos procedentes de yak, carne de ternera y cordero, y a la falta de verduras, los tibetanos necesitaban el té para descomponer las grasas, desintoxicarse y mejorar la digestión.
Monjes budistas asiáticos disfrutando de un té chino con pastas. El té llegaba a Asia a través de la Ruta del Té y del Caballo. Imagen: Wikimedia CC-BY-4.0.
Por eso, los tibetanos inventaron y desarrollaron el hábito de beber el té con mantequilla salada de yak. Sin embargo, en las aéreas tibetanas no se producía té y se veían obligados a transportarlo desde las llanuras centrales de China, donde en la antigüedad usaban los caballos importados de Yunnan, Tíbet y Sichuan. Por eso, a la vez que se desarrolló el intercambio de té, floreció también el comercio de caballos entre esas zonas y el interior del país.
Caravana legendaria
Cuando hablamos de caravanas nos referimos a las recuas que transportaban mercancías en la antigua Ruta del Té y del Caballo. Utilizando un símil, si decimos que la ruta es un disco de vinilo con los surcos en la tierra suroeste de China, las huellas incesantes de los caballos y las caravanas serían la aguja del tocadiscos que reproduce esa canción embriagadora.
Boceto de un caballo. Siglo XVIII. India (Pahari Hills). Tinta sobre papel. Anónimo. MET. Dominio público.
La caravana, como vehículo, es un tipo de transporte muy utilizado en el suroeste de China, sobre todo en la antigua Ruta del Té y del Caballo. Frente al dificultoso y peligroso entorno natural y a su forma de existencia, la caravana se fue forjando gradualmente su propia cultura y costumbres. Entre las empresas comerciales y las caravanas de diversa procedencia, así como entre los propios miembros de una misma caravana se establecieron y formaron relaciones de cooperación y asistencia mutua.
La primordial forma organizativa de una caravana era la familia y el nexo de unión con otras caravanas era el mismo itinerario y el tipo de mercancía que se transportaba. Cada caravana recibía el nombre de bǎ (把) y un solo capataz podía hacerse cargo de un máximo de doce caballos, lo que le hacía parecer como un ejército bien entrenado y organizado. El líder de la caravana y sus ayudantes tenían cada uno su propio trabajo que se estipulaba al amanecer antes de cada salida.
Generalmente, desde Xishuangbanna hasta Lhasa se necesitaban unos 180 días, pero si se viajaba a la India el trayecto podía llevarles hasta un año solo la ida. Día tras día, año tras año, caravana tras caravana, generación tras generación, la ruta se llenaba de comerciantes cuya existencia dependía de ella misma. Como los vaqueros del lejano Oeste americano, eran héroes montados a caballo, exploradores de nuevas rutas, aventureros, comerciantes y agremiados individuales o en grupo. A la vez que protagonizaban leyendas personales, forjaban el desarrollo del suroeste chino. Aunque lo que transportaban era principalmente té y caballos, lo que difundían era cultura y sentimientos espirituales.
Hoy en día, en la antigua Ruta del Té y del Caballo, ya no se ven las caravanas ni se escucha las melodiosas campanillas de los caballos, sin embargo, las huellas de los antepasados, junto con las interminables leyendas e historias que generó, permanecen todavía vivas en la memoria de la gente.
China es el país natal del té y la provincia de Yunnan es el lugar de origen de esa infusión con carácter ya internacional.
Esta provincia se ha visto, desde siempre, favorecida por su exuberante naturaleza al estar encarada hacia el trópico de Cáncer, al contrario de otras zonas del globo situadas en la misma latitud que son desérticas, pues goza de selvas tropicales. El arbusto de té más antiguo del mundo crece en esta tierra mágica, mientras que todos los métodos y costumbres de cultivo, la elaboración y la degustación del té son originarios de China. Ya en la dinastía Tang, el poeta Lu Yu (陆羽, 733-804) escribió el manual Chájīng (茶经, La Obra Clásica del Té). Fue la primera vez que se registró detalladamente su origen, plantación, elaboración y la forma de beberlo.
Fragmento de la obra «Leopold Auenbrugger y su mujer», fotografiados por V.A. Heck. Imagen: Wikimedia,CC-BY-4.0
Alrededor de los siglos XVI-XVII, el té de la provincia de Yunnan llegó hasta Guangzhou llevado por las caravanas, desde donde los barcos de La Compañía Británica de las Indias Orientales lo difundieron por toda Asia, Europa y Norteamérica. En aquel entonces, los ingleses pagaron a los comerciantes chinos con plata y China siempre mantuvo una balanza comercial favorable entre China y el Reino Unido. Más tarde, a La Compañía Británica de las Indias Orientales se le ocurrió cambiar el té chino por opio, lo que acabó causando el estallido de las dos Guerras del Opio (鸦片战争, 1839-1842 y 1856-1860). En ese momento, la India era colonia del Reino Unido, por lo que en la década de los años 30 del siglo XIX los británicos aprovecharon las características orográficas de ese país para cultivar té ahí. Para ello, visitaron las plantaciones de China y aprendieron las técnicas de cultivo y elaboración, introduciendo las semillas de las variedades que más se aclimataron a las características de la India.
De hecho, el té chino influyó también en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (1775-1783), pues el que bebían los norteamericanos era importado por la Compañía Británica de las Indias Orientales desde China. En 1773, los ingleses anunciaron la subida de los impuestos al té que se exportaba a Estados Unidos, lo que provocó la ira de los colonos americanos. En Boston, la gente subió a los barcos de dicha compañía y vertió 324 cajas de té al mar. Este acto fue conocido como el famoso Motín del té (Boston Tea Party) que provocó dos años más tarde la Guerra de Independencia de los Estados Unidos que duró hasta 1783, finalizando con la rendición de los británicos en la batalla de Yorktown y la firma del Tratado de País, alumbrando una nueva nación: los Estados Unidos de América.
Hombres cargados con té en la provincia de Sichuan (1908). Foto: Ernest Henry Wilson. CC BY 2.0, Wikimedia commmons.
Los antiguos residentes de Yunnan cultivaban el té para saciar la sed tras utilizar sus hojas como infusión, lo que hizo separar por primera vez la comida de la bebida, un gran paso en la dieta de los seres humanos. Quizá por esta razón, el famoso erudito y sinólogo británico Joseph Needham (1900-1995) dijo en una ocasión que el té “es la quinta contribución china al mundo después de la pólvora, el papel, la imprenta y la brújula”. Hoy en día, hay más de 50 países en todo el mundo que cultivan los arbustos de té y cerca de cien países que importan el té desde China. Así, el té ocupa en la actualidad un puesto muy importante entre las tres bebidas más saludables del mundo.
En China, tanto la gente de clase alta como los emperadores, eruditos o de clase baja como los plebeyos o los pescadores, todos consideran que tomar el té es un gran placer. Existe un refrán que dice: “los siete productos más importantes en una familia son la leña, el arroz, el aceite, la sal, la salsa de soja, el vinagre y el té”. Podemos ver, pues, que el té juega un papel muy importante en la vida cotidiana de los chinos. Señalar que el té que se transportaba por la antigua Ruta del Té y del Caballo era el pŭ’ěr (普洱茶), cultivado en la provincia de Yunnan, cuyas propiedades sobre la salud humana son bien conocidas.
Nota: (1). El zānba (糌粑) es harina de la cebada qingke (青稞) tostada, alimento básico de la nacionalidad china zang o tibetana.
Cuadro de Las Trece Casas, hacia 1820, con banderas de Dinamarca, España, Estados Unidos, Suecia, Gran Bretaña y Holanda. Imagen: autor desconocido, Wikimedia commons, dominio público.
En 1757 Guangzhou (Cantón) se convirtió en la única ciudad portuaria de toda China con autorización oficial para el comercio exterior, con lo que sus Trece Casas Comerciales fueron asignadas para llevar a cabo dichas gestiones. A partir de allí, Guangzhou comenzó su nueva era gloriosa, que duró un total de 85 años. Una época consistente en monopolizar el mercado de la importación y la exportación, y que a su vez logró un aumento inmediato del prestigio internacional y un alto nivel de prosperidad, convirtiéndose en una de las ciudades más grandes y habitadas del mundo.
Al norte del Parque Cultural de Guangzhou hay una calle que se llama Shísānháng Lù (de las Trece Casas Comerciales o 十三行路) que formaba, junto con otros barrios de los alrededores, una concentración de numerosos locales chinos y extranjeros dedicados al comercio exterior durante la dinastía Ming (1368-1644) y Qing (1644-1911). Con el transcurso del tiempo, el nombre de Shísānháng se fue asentando paulatinamente.
Punto de partida de la Ruta Marítima de la Seda
Al ser una ciudad histórica y cultural, Guangzhou cuenta con una dilatada tradición en las relaciones con el mundo exterior y su apertura como puerto emisor de la Ruta Marítima de la Seda se remonta a las dinastías Qin (221-207 a.C.), Han (206 a.C.-220 d.C.), Jin Occidental (265-316) y Jin Oriental (317-420), constituyendo el primer puerto chino importante destinado al comercio exterior que no cesó de tener actividad a lo largo de su historia. Algunos productos originales chinos como la seda, la cerámica y el té se exportaban al resto del mundo desde Guangzhou a cambio de mercancías exóticas como joyas, especias, marfil, cuernos de rinoceronte, etc.
Antigua capital del comercio marítimo chino
La instalación de la Agencia Administrativa de Productos Extranjeros durante la dinastía Tang (618-907) en Guangzhou fue la primera entidad oficial dedicada específicamente al comercio exterior. Durante las dinastías Song (960-1279) y Yuan (1271-1368), Guangzhou mantenía una relación activa con más de 140 países y regiones en el sector de los negocios, aun a pesar de que figuraba en segunda posición en cuanto a la capacidad de su puerto, después de la ciudad de Quanzhou (provincia de Fujian). En un viaje que realizó el sacerdote franciscano italiano Odorico de Pordenone (1265-1331) a Guangzhou procedente de la India, descubrió que esta ciudad china era en aquel entonces tres veces más grande que la famosa Venecia.El origen de las Trece Casas Comerciales
Rutas marítimas Chinas. Mapa adaptado de www.unesco.org
Sin embargo, en las dinastías Ming y Qing, el gobierno implantó durante mucho tiempo la política de paralizar cualquier maniobra comercial a través de la navegación marítima, conservando exclusivamente dos vías de comunicación con el mundo exterior: una ruta terrestre que entraba en Pekín pasando por el Asia Central y otra marítima que finalizaba en Guangzhou, propiciando la aparición en esta ciudad septentrional de los agentes intermediarios conocidos como las “Trece Casas Comerciales”, quienes ofrecían todo tipo de servicios a los comerciantes extranjeros durante el reinado del emperador Wangli (1563-1620) de la dinastía Qing.
Las Trece Casas Comerciales, único punto de entrada marítima de mercancías
El monarca dudó entre la idea de recaudar fondos mediante el comercio con el extranjero y el miedo a la influencia foránea que producía tal actividad y que podría poner en peligro la estabilidad política del país. De hecho, al final resultó que en 1757 -año 22 del reinado del emperador Qianlong (1711-1799)-, Guangzhou se convirtió en la única ciudad portuaria de toda China con autorización oficial para el comercio exterior, con lo que las Trece Casas Comerciales fueron asignadas para llevar a cabo dichas gestiones. A partir de allí, Guangzhou –más conocida como Cantón entre los comerciantes europeos-, comenzó su nueva era gloriosa, que duró un total de 85 años. Una época consistente en monopolizar el mercado de la importación y la exportación, y que a su vez logró un aumento inmediato del prestigio internacional y un alto nivel de prosperidad, convirtiéndose en una de las ciudades más grandes y habitadas del mundo.
Las compañías comerciales de Guangzhou durante la Guerra del Opio. Imagen anónima. Musée de la Compagnie des Indes, Wikimedia commons, dominio público.
En realidad, las supuestas Trece Casas Comerciales, que se refieren a los establecimientos mercantiles autorizados por el gobierno para hacer negocios con los comerciantes occidentales en Guangzhou, no coinciden exactamente en número con las entidades existentes, sino que la cantidad de ellas podía variar con el paso del tiempo en mayor o menor medida.
En aquellos años los comerciantes que se congregaban en Guangzhou provenían principalmente del Reino Unido, Francia, Dinamarca, Suecia, Holanda, Brasil, Rusia, Portugal, España y diversos países del Sudoeste Asiático. Teniendo en cuenta que el gobierno prohibía cualquier tipo de contacto entre los comerciantes extranjeros, los funcionarios y el pueblo común, a los forasteros solamente se le permitía residir alrededor de la zona de las Trece Casas Comerciales, y cualquier transacción económica o asunto diplomático se tenía que realizar mediante los agentes intermediarios chinos.
El idioma, sistema de triaje
De esta manera, lo primero que tenían que hacer los comerciantes occidentales nada más llegar los barcos extranjeros era ponerse en contacto con una agencia que hablara su idioma para que les ayudara en la traducción, les introdujera en el mercado local, comprara la mercancía y ofreciera servicios de almacenaje, carga y descarga, alojamiento y asesoramiento legal. Al mismo tiempo, los comerciantes extranjeros verificaban los artículos que les vendía la agencia china, como el té, la seda, la porcelana, etc.
Con el paso del tiempo, en la orilla del Río de la Perla (situada al oeste de la ciudad) se empezaron a construir edificios dedicados específicamente a albergar a extranjeros y a proporcionarles locales para que pudieran realizar sus negocios. Las fincas, normalmente de tres pisos de altura y con un estilo arquitectónico occidental, se conocían como shāngguǎn(agencias comerciales) entre los extranjeros, mientras que para los habitantes chinos de la dinastía Qing se llamaban yíguǎn (casa de los extranjeros).
De izquierda a derecha: Li Shigong, Chen Laoyi y el misionero Robert Morrison. Grabado de Jenkins (1828) a partir de una pintura de George Chinnery. Dominio público.
Según lo que apuntaba en el año 1832 el misionero evangelista anglo-escocés y traductor de chino de la Compañía Británica de Las Indias Orientales, Robert Morrison (1782-1834), estas agencias estaba distribuidas de este a oeste por este orden: Agencia de Justicia y Paz (Ewohong), Agencia Holandesa, Agencia Inglesa, Agencia Chow Chow (Fungtaehong), Agencia Inglesa Antigua (Bungshanhong), Agencia Sueca (Suyhong), Agencia Imperial (Mayinghong), Agencia Paonshun, Agencia Americana (Kwangyuenhong), Agencia Zhongwo, Agencia Francesa, Agencia Española y Agencia Danesa.
Los cantoneses, inteligentes y trabajadores, aprovecharon esta oportunidad única y excelente que les concedía el emperador para enriquecerse aún más si cabía, justo en un momento en el que el intercambio entre la cultura occidental y la china se intensificaba y se difundía con rapidez.
Una descripción pictórica de la situación de esos momentos sería algo así: los barcos extranjeros se esforzaban por salir cargados con mercancías y en la zona de las Trece Casas Comerciales abundaba la riqueza. Los 85 años de historia del monopolio en el sector del comercio exterior supuso para Guangzhou un alto nivel de prosperidad y le situó en el cuarto lugar en el ranking mundial de potencias económicas del año 1850 y en el séptimo en 1875.
La riqueza procede de Guangzhou
De entre todas las casas comerciales que se encontraban en este barrio, destacaban las agencias Tongmen, Kwanglei, Ewo e Yisen, establecidas por Pan Zhengcheng, Lu Guangheng, Wu Binjian y Ye Shanglin respectivamente. En un reportaje publicado por el periódico estadounidense The Wall Street Journal se decía que Wu Binjian, no solo era el hombre más rico de China en aquella época, si no que además se situaba en los primeros puestos de los multimillonarios del mundo. Su fortuna alcanzó la impresionante cifra de 26 millones de unidades de plata, que equivalía casi al ingreso recaudado por el Gobierno de la dinastía Qing a lo largo de todo un año.
La prosperidad de esta ciudad comercial se podría resumir en el dicho: Montañas de oro y perlas preciosas que cubrían el mar, almacén del tesoro imperial. Por último, cabe destacar los pingues beneficios obtenidos a través de los aranceles portuarios y que iban a parar a la Corte en forma de impuestos, los cuales sirvieron también para pagar la indemnización tras las derrotas en las Guerras del Opio (1839-1842 y 1856-1860).
La prosperidad de esta ciudad comercial se podría resumir en el dicho: “Montañas de oro y perlas preciosas que cubrían el mar, almacén del tesoro imperial”. Por último, cabe destacar los pingues beneficios obtenidos a través de los aranceles portuarios y que iban a parar a la Corte en forma de impuestos, los cuales sirvieron también para pagar la indemnización tras las derrotas en las Guerras del Opio (1839-1842 y 1856-1860).
La occidentalización de China
La zona de las Trece Casas Comerciales también ha servido como punto de encuentro e intercambio entre la cultura china y las extranjeras. Así, los chinos conocieron la medicina occidental, las artes de la pintura al óleo y las tecnologías arquitectónicas y de fabricación de maquinaria, mientras que los extranjeros exportaban productos como la seda, el té, la porcelana, muebles de maderas preciosas, libros y pinturas, entre otros.
Los comerciantes de esta zona, aparte de contar con una gran riqueza, introdujeron varias tecnologías avanzadas y nociones científicas como la aplicación de vacunas, y sobre todo mostraron una mentalidad muy abierta en cuanto a las costumbres sociales. De esta manera, tanto la ciudad de Guangzhou como la provincia de Guangdong, con su capacidad de integrar elementos nuevos y formar su propio criterio en el intercambio multicultural y multidisciplinar, se convirtieron en las pioneras a la hora de facilitar la entrada en China de las sociedades modernas en aspectos tales como las nuevas ideologías, la política y la cultura. Eso supuso que esta zona sureña fuera donde se iniciaron las reformas sociales de la China moderna.
El famoso pintor y jesuita italiano Giuseppe Castiglione (1688-1766) y el astrónomo alemán Ignatius Kögler (1680-1746), entre muchos otros, solían congregarse en la zona de las Trece Casas Comerciales antes de entrar en la corte como si se tratara de una estación obligada de transbordo para los extranjeros. Los ingeniosos artesanos de este barrio integraban los elementos artísticos occidentales, tales como la pintura, los cristales esmerilados, el esmalte o los relojes en la artesanía tradicional local para desarrollar de este modo productos con un estilo combinado entre chino y occidental.
Al mismo tiempo, los agentes intermediarios cantoneses también crearon una variedad lingüística de inglés “con estilo cantonés”, prueba de ello es la publicación del libreto Guǐhuà (Palabras del demonio), que funcionaba como cualquier diccionario bilingüe inglés-chino de hoy en día. En esta publicación después de cada palabra inglesa se coloca su transcripción fonética en chino, ejemplos como today recurre a tǔdì (tierra) y men a màn (despacio). Evidentemente, la zona de las Trece Casas Comerciales también se convirtió en un lugar ideal para estudiar chino.
Vista de las factorias en 1805. De William Daniell – National Maritime Museum. Dominio público.
Los exóticos presentes que ofrecían todos los años estas agencias como tributo a la corte imperial en Beijing eran numerosos y preciosos. Objetos como maderas de sándalo rojo, marfil, esmalte, cajitas de rapé, relojes, maquinaria de diversa índole, cristal, joyas, tejidos de lana y mascotas, entre otros, que marcaron su liderazgo en la tendencia de la moda de aquella época, aún se conservan hoy en día en el Museo de la Ciudad Prohibida.Hitos del comercio, la guerra, la gastronomía y la cultura en Guangzhou
En 1772, el comerciante Pan Zhengcheng realizó por primera vez en China un pago a los ingleses mediante un giro bancario de Londres, un hecho que resultó inimaginable para el resto de los chinos, acostumbrados a comerciar pagando siempre en efectivo. Durante la Guerra del Opio, a fin de potenciar la fuerza marítima china distribuida en la provincia y equiparla con las mejores armas de la época, los comerciantes chinos pagaron de su propio bolsillo barcos norteamericanos, que más tarde se convertirían en los primeros barcos militares chinos. En 1786 Pan Zhengcheng organizó un banquete que duró tres días, uno de los cuales se sirvió únicamente comida inglesa. Por otro lado, hace más de 200 años que ya se vendía comida occidental en Guangzhou, como pan y mantequilla.
En 1827 se estrenó el primer periódico inglés en Guangzhou, llamado Guangzhou Register, siendo también el primero en todo el territorio chino que inspiró a otras publicaciones comerciales en inglés que aparecieron posteriormente, tales como el Chinese Repository, Canton Press, etc. Mientras tanto, existían otros periódicos publicados en chino a cargo de misioneros extranjeros, entre los que destacó el Eastern Western Monthly Magazine, fundado por Morrison, y el News From All Lands, del que se encargó Medhurst a partir del año 1838. Todas estas publicaciones abrieron una ventana que facilitó que Lin Zexu, Wei Yuan y Xu Jishe conocieran el mundo exterior.
La firma del Tratado de Nankín en agosto de 1842 obligó a la apertura de cinco puertos chinos al comercio internacional y, de esa manera, se anunció el fin de la historia monopolista de Guangzhou en tal sector. De hecho, hasta 1853 (año 3 del emperador Xianfeng), la mayoría de los negocios de los ingleses se trasladaron a Shanghái.
Debido al contrabando ilegal de opio en el sur del país estalló en el año 1840 la Primera Guerra del Opio entre Gran Bretaña y China. En mayo de 1841, los habitantes de Sanyuanli, un barrio a las afueras de Guangzhou, se juntaron voluntariamente para luchar contra los invasores ingleses. La firma del Tratado de Nankín en agosto de 1842 obligó a la apertura de cinco puertos chinos al comercio internacional y, de esa manera, se anunció el fin de la historia monopolista de Guangzhou en tal sector. De hecho, hasta 1853 (año 3 del emperador Xianfeng), la mayoría de los negocios de los ingleses se trasladaron a Shanghái.
Ataque sobre la Puerta Oeste de Guangzhou durante la segunda Guerra del Opio en 1858. Imagen: Illustrated times. Publicada en Harper’s Weekly, April 1858. Wikimedia commons, domino público.
Junto a esto, la cesión de Hong Kong al Reino Unido también debilitó la situación de Guangzhou. Frente a estas dos competencias, situadas al norte y al sur respectivamente, Guangzhou se iba alejando poco a poco del núcleo del comercio internacional, y esto hizo que muchos de los cantoneses emigraran con todos sus ahorros y de manera clandestina a Shanghái o a Hong Kong, ciudades a cuya construcción contribuyeron ellos mismos.
La firma del Tratado de Nankín en agosto de 1842 obligó a la apertura de cinco puertos chinos al comercio internacional, poniendo fin al monopolio de Guangzhou. Cuadro pintado por el Capitán John Platt y grabado por John Burnet.. Imagen: Anne S. K. Brown Military Collection, Dominio público.
A finales de la dinastía Qing (1644-1911) y principios de la República de China (1912-1949), la ciudad de Guangzhou, y más tarde toda la provincia de Guangdong, se convirtió en el lugar donde se inició la Reforma Política de Wuxu y la Revolución de Xinhai, dirigidas respectivamente por los cantoneses Kang Youwei, Liang Qichao y Sun Zhongshan, más conocido como Sun Yat-sen.
Guangzhou durante la República Popular China
La República Popular China, recién establecida en los años 50 del siglo pasado, mantenía contactos con el mundo exterior únicamente mediante dos vías: Moscú-Pekín -que asumía las funciones políticas-, y Guangzhou-Hong Kong/Macao, cuyo objetivo principal consistía en el intercambio comercial. Su privilegio geográfico al estar cerca de estas dos colonias le otorgó a Guangzhou la posibilidad de crecer en lo que es la ensenada del mar de la China Meridional. En aquellos años, los habitantes de Hong Kong y Macao solían acudir a Guangzhou a comprar productos baratos, tales como batatas, medicamentos, porcelanas, etc. Esta costumbre llamó mucho la atención de Yan Yiyun, político chino de la época.
Como director de la Delegación del Ministerio de Comercio Exterior de China en Guangzhou y presidente de la provincia de Guangdong, Yan Yiyun, planteó al Ministerio, después de lograr el consenso de Tao Zhu, la propuesta de organizar una feria exportadora de artículos chinos, idea que fue aprobada enseguida por el primer ministro, Zhou Enlai. Así pues, la primera feria china de artículos para la exportación, conocida más tarde en todo el mundo como la Feria de Cantón, tuvo lugar en Guangzhou el 15 de abril de 1957.
En ella estuvieron presentes 1.223 compradores provenientes de 19 países y regiones, alcanzando el importe de las ventas un total de 17,54 millones de dólares. La solicitud, presentada más tarde por el mismo Yan de celebrar dicha feria anualmente fue ratificada en seguida, y a partir de ese momento China desbloqueó los canales de circulación de mercancías entre Hong Kong, Macao, el Sudeste Asiático y el mundo occidental. De hecho, Guangzhou ha dominado el sector del comercio exterior durante varias décadas gracias a la consolidación y a la fama de la Feria de Cantón.
Este certamen, también conocido como la Feria Primaveral y Otoñal debido a sus dos convocatorias anuales –una en abril y la otra en octubre–, ha celebrado más de cien sesiones de forma continuada a pesar de haber atravesado varias crisis económicas. El período comercial de estas Trece Casas Comerciales solía empezar en mayo o junio, que era cuando entraba en el mercado el té fresco y reinaba en el mar el viento del sudoeste, que empujaba los barcos hasta el puerto de Guangzhou, donde permanecían hasta julio o agosto. Cuando predominaba el viento de levante en septiembre u octubre, los barcos extranjeros aprovechaban este momento para regresar a sus países de origen. De esta manera, la celebración de la Feria de Cantón en esas dos estaciones coincide también con las fechas de la navegación de aquella época.
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Cuadro de Las Trece Casas, hacia 1820, con banderas de Dinamarca, España, Estados Unidos, Suecia, Gran Bretaña y Holanda. Imagen: autor desconocido, Wikimedia commons, dominio público.
Reunión en la que Dong Zhuo anuncia que quiere deponer al emperador Shao, el último emperador Han. Ilustración de una versión del «Romance de los Tres Reinos». Foto: Wikimedia. Original de la dinastía Ming. Dominio público para «Dong Zhuo».
La caída de la dinastía Han y las guerras civiles continuas entre sus generales alumbraron el periodo de los Tres Reinos. Esta época ha sido elevada al mito gracias al «Romance de los Tres Reinos» la novela histórica del siglo XIV que popularizó a los generales Cao Cao, Liu Bei y Sun Quan. Los tres fundaron gobiernos o dinastías en sus respectivos reinos. Fue un periodo de sufrimiento, guerra y caos.
Javier Pérez.—La dinastía Han (206 a. C.–220 d. C.) consolidó el estado imperial chino, institucionalizó el confucianismo y expandió sus fronteras. Fue una era de estabilidad, innovación y apertura, con la Ruta de la Seda como eje de intercambios culturales y comerciales. El fin de los Han marca el inicio del periodo de los Tres Reinos en China. Esta época de transición estuvo dominada por los señores de la guerra.
El último emperador Han
En 184, el gobierno del Emperador Ling, el último de los mandatarios adultos de la dinastía Han, ya era débil. la llamada «La rebelión de los Turbantes Amarillos» debilitó aun más su autoridad… para empoderar a sus generales. Tal como reconoce J.C. Peers en su obra «Soldiers of the Dragon», «debido a la influencia de la famosa obra conocida como el Romance de los Tres Reinos, este periodo ha pasado al folclore como una era de caballerosidad y aventura, una especie de edad artúrica china. Sin embargo, la realidad fue bastante más sórdida».
Durante 30 años, la guerra y el caos se cebaron en los territorios antes controlados por la dinastía Han. Sus protagonistas fueron generales con ansia de poder. Algunos de sus nombres son además conocidos personajes literarios, como Liu Bei, Cao Cao o Sun Quan.
El señor de la guerra Dong Zhuo
Liu Hong (156–189) fue conocido por su título póstumo como Emperador Ling. Murió en mayo de 189 a los 33 años. Le sucedió su hijo Liu Bian, quien fue entronizado como el Emperador Shao de Han (también conocido como el Joven).
El general Dong Zhuo, quien había acumulado un enorme ejército y riquezas tras la represión de la Rebelión de los Turbantes Amarillos, depuso al emperador Shao en septiembre de ese mismo año 189 y lo reemplazó por su hermano menor, Liu Xie, con el nombre de Xian de Han.
En manos del poderoso señor guerrero Dong Zhuo, el Emperador Xian fue una simple marioneta. Pero el resto de generales Han, verdaderos señores guerreros, no dejaron que durara mucho su gloria. Sólo tres años más tarde, en 192, el general Dong Zhuo fue asesinado. Un nuevo periodo de guerra civil se abrió paso.
Los generales que habían derrocado a Dong Zhuo siguieron enviando sus tropas unos contra otros, buscando la hegemonía tras el trono del Emperador Xian. Para añadir caos al caos, los rebeldes del Turbante Amarillo que habían permanecido armados se dedicaron al pillaje.
Liu Bei y Zhuge Lian
Por otro lado, las facciones de los generales «periféricos» controlaban tropas y territorios al este y al sur. Estos fueron Liu Bei y su famoso estratega Zhuge Lian, Sun Jian y su hijo Sun Quan o Yuan Shao, el hermano del general Yuan Shu.
Con estas fuerzas en juego, el drama de la guerra y el caos estaba servido.
Cao Cao contempla la luna mientras sale tras el monte Nanping, en la batalla de los Acantilados Rojos. Imagen: pieza japonesa de ukiyo-e, la impresión tradicional en bloques de madera del siglo XIX, del japonés Tsukioka Yoshitoshi. Dominio público
El señor de la guerra Cao Cao
Cao Cao, el más famoso de los señores guerreros, esperó en esos años revueltos su oportunidad desde su gobernanza en Yanzhou. Desde allí sofocó rápidamente la segunda revuelta de los Turbantes Amarillos el mismo año 192. Ello acrecentó su prestigio.
Mientras las revueltas se sucedían en la corte del malogrado Emperador Xian de Han, Cao Cao esperó agazapado su oportunidad.
Por fin, en 199, el general Yuan Shu se autoproclamó emperador y eso le dio a Cao Cao la excusa para liderar una coalición de generales bajo el pretexto de restaurar el poder del depuesto Xian.
Tras matar a Yuan Shu, a su hermano y a sus hijos, Cao Cao controló todo el poder de la antigua corte en el norte. Pero el resto de los territorios de la dinastía Han habían quedado en manos de potentes fuerzas. El general Sun Quan controlaba el sur semitropical. Por su parte, el general Liu Bei, entonces todavía un simple jefe de guerra con fortuna, huía junto con otros generales hacia el sur, perseguido por Cao Cao.
La batalla de los Acantilados Rojos
La alianza entre Liu Bei y el señor de la guerra Sun Quan estaba servida. La unión de estas dos formidables fuerzas contra Cao Cao en la batalla de los Acantilados Rojos del río Yangtsé estaba a punto de comenzar.
Cao Cao estaba decidido a tomar Sichuan y, de paso, acabar con los generales díscolos. Es por eso que inició la persecución de Liu Bei hacia el sur. Pero esta estrategia fue frustrada en 208 en la batalla de los Acantilados Rojos, que acabó con la oportunidad de que un sólo gobernante reinara en los territorios de los Han. Como se dice en The Cambridge History of China, «nunca más Cao Cao tendría una flota tan fuerte y una oportunidad tan buena para destruir a sus enemigos del sur».
Según podemos leer en esta obra clásica, «el respiro concedido a Liu Bei y Sun Quan les permitió construir estructuras políticas y militares que desafiarían a Cao Cao y sus sucesores durante generaciones». La batalla de los Acantilados Rojos consolidó la división del territorio en tres reinos y dio paso a siglos de división entre el norte y el sur de China.
Tres escenas de la edición corregida del Romance de los tres reinos correspondientes a la Batalla del Acantilado Rojo, escrita por Quanzhong de la dinastía Ming (1368-1644). Cuenta con 240 grabados. Impresión de la era Ming y corregida por Zhou Yuejiao de Shulin en 1591. Domino público. Wikimedia commons para «Red Cliff Battle».
La división de los Tres Reinos: Wei, Wu y Shu
Cao Cao consiguió mantener a sus seguidores en orden y restaurar cierta estabilidad después de treinta años de guerras civiles. Tras su muerte en 220, su hijo Cao Pi se decidió finalmente a deponer al Emperador Xian para fundar la dinastía Wei. Ambos gobernantes, Cao Cao y su hijo, consiguieron consolidar Wei y encontraron tiempo incluso para firmar unas breves memorias y una pequeña obra poética.
Por su parte, Liu Bei se proclamó el legítimo heredero de la dinastía Han en el reino independiente de Shu un año más tarde, en 221, apelando a un lejano parentesco imperial. Mientras tanto Sun Quan había mantenido su hegemonía en los territorios del sudeste desde la época de su padre Sun Jian, el general de la dinastía Han. Pese a ello, no declaró oficialmente a Wu un reino independiente hasta 229.
Los Tres Reinos según C.J. Peers
C. J. Peers describe los Tres Reinos desde el punto de vista militar y de organización de una manera breve y eficaz: «Wei, en el norte, era con mucho el más poderoso de los Tres Reinos, con aproximadamente el 60% de la población total. (…) Wu era un reino complicado para su conquista, debido a sus numerosos ríos y a su clima semitropical con terrenos pantanosos que enfermaban a las tropas. No era adecuado para la caballería del norte (…). Su aliado, Shu, estaba eficientemente organizado bajo su primer ministro, Zhuge Liang (181-234 d.C.), probablemente la figura más famosa de la época después de Cao Cao.»
Bibiliografía:
Peers, C. J. *Soldiers of the Dragon: Chinese Armies 1500 BC-AD 1840*. Osprey Publishing, 2006. Pags 78-75
Dien, Albert E., and Keith N. Knapp, editors. *The Cambridge History of China: Volume 2, The Six Dynasties, 220–589*. Cambridge University Press, 2019.
Military men touting their merits. Essays by Cao Cao 曹操 (155–220) and his son Cao Pi 曹丕 (187–226).
Las arugas de la raza Sharpei china son seña de identidad. Foto: 123RF.
La raza de perros sharpei es originaria de China. En idioma chino se pronuncia shāpí gǒu (沙皮狗) y significa literalmente “perro de piel de arena” haciendo referencia, seguramente, al característico pelaje de esta peculiar raza canina similar a las dunas de arena del desierto.
Lilia Giovanno. Estudiante de comunicación audiovisual en la Universidad de Valencia 瓦伦西亚大学传播系学生
Sin lugar a dudas, todos conocemos o hemos visto alguna vez a los preciosos perros arrugados de la raza sharpei. Aparecen en postales, en series de televisión, en películas, en anuncios, etc., pero lo que muchos no saben es que esta raza, en realidad, proviene de China. En idioma chino se pronuncia shāpí gǒu (沙皮狗) y significa literalmente “perro de piel de arena” haciendo referencia, seguramente, al característico pelaje de esta peculiar raza canina similar a las dunas de arena del desierto.
En realidad, desde sus origines, los sharpei servían como perros de guardia de tumbas y mausoleos, así como de defensa, y solo posteriormente fueron considerados propiamente como mascotas. De hecho, los sharpei han tenido que pasar por un camino muy largo para ser considerados como una raza con rasgos propios, y hasta hoy en día algunos criadores tienen que luchar para mantener su conservación, pues se le ha llegado a considerar como una raza en extinción.
El sharpei es también conocido como “perro espejo”, ya que refleja el comportamiento y el trato de su amo hacia él. Foto: 123RF.
Historia de una raza maravillosa
El origen del sharpei se remonta hasta la dinastía Han (206 a.C – 220 d.C.), lo que convierte a esta raza en una de las más antiguas del mundo. En aquel entonces y debido a su carácter defensivo, el sharpei servía de guardián de los palacios y de las tumbas. Se consideraba un perro muy apreciado, y a menudo reproducido en diferentes tipos de imágenes, que posteriormente se encontraron en excavaciones arqueológicas de la época. De hecho, la prueba de ello es una de las estatuas de un perro arrugado llamado “perro de tumbas”, que se conserva en el Museo de Arte Asiático de San Francisco, (California, Estados Unidos).
Los campesinos de la época, por su parte, utilizaban el sharpei como perro de caza de jabalíes, perro de guardia y también como perro pastor para custodiar el rebaño.
Los años pasaban, y el sharpei seguía siendo un servidor fiel de su amo, pero con el tiempo algunas prácticas cambiaron. Es destacable el hecho de que la nobleza china utilizó los sharpei como perros de pelea por su gruesa piel, sus orejas cortas, por su cola enroscada que simbolizaba valentía y por su fuerza, pero también es cierto que esta práctica cruel se eliminó con la revolución comunista, época durante la cual esta raza casi desapareció debido a la cambiante situación política de aquellos tiempos.
El número de ejemplares de sharpei en China descendió de forma dramática, hasta que en la década de los 60 del siglo pasado, Matgo Law, hombre de negocios y criador de sharpeis, decidió dedicar su tiempo y esfuerzos a salvar esta distintiva raza. Para ello, pidió ayuda a la revista estadounidense Dogs dedicada a los temas perrunos.
Un sharpei descansa sobre el asfalto. Foto: 123RF
El criador escribió una carta a la editora de la revista destacando las peculiaridades de los sharpeis y pidiendo ayuda para salvarla de su irremediable extinción. La carta publicada conmovió a miles de lectores y fue entonces cuando Matgo Law llevo algunos ejemplares de sharpei a Estados Unidos.
Una vez allí, Sir Ernest Albright desarrolló una eficaz campaña publicitaria nacional en radio, prensa y televisión con el fin de presentar a la sociedad norteamericana esta original raza de piel arrugada y lengua azul.
El número de ejemplares de sharpei en China descendió de forma dramática, hasta que en la década de los 60 del siglo pasado, Matgo Law, hombre de negocios y criador de sharpeis, decidió dedicar su tiempo y esfuerzos a salvar esta distintiva raza.
A partir de allí, la historia de los sharpei evolucionó muy rápido. En 1974 se inició un programa de crianza y se inauguró el primer Club Americano del Sharpei Chino, y en 1980 el sharpei entró en el Libro Guinness de los Récords(1)como el perro más raro y caro del mundo. Sin embargo, no fue hasta 1992 cuando el club canino estadounidense llamado American Kennel Club (AKC)(2)reconoció oficialmente a los sharpei como raza con pedigrí propio y definido. Desde entonces, muchos sharpeis han ganado campeonatos de la AKC y lo siguen haciendo.
Actualmente, en las exposiciones y campeonatos mundiales podemos ver tanto sharpeis del tipo oriental (vulgarmente llamados “sharpei chino”) y occidentales (denominados “sharpei americano”). Básicamente la única diferencia es que el occidental tiene mucho más pelaje que el oriental, es más pesado, tiene un hocico más grueso y las arrugas más marcadas, pero ambos tipos son igualmente apreciados y reconocidos oficialmente por la Federación Canina Internacional (FCI)(3), organismo que les ha emitido el correspondiente y prestigioso Certificado de Aptitud para el Campeonato Internacional de Belleza (CACIB).
Un Sharpei sobre el césped. Foto: 123RF.
El carácter del sharpei: un verdadero amigo
Es cierto que en sus origines el sharpei se utilizaba como perro de pelea, pero hay que destacar que en realidad se necesitaba mucho entrenamiento y hasta la ayuda de estimulantes para convencerlo a que combatiera. Y es que se trata de un perro amistoso, muy cariñoso y amable, que se siente mucho más feliz protegiendo la casa de su amo de los posibles intrusos que peleando con otros perros.
Se trata de un animal muy inteligente, algo que se puede apreciar sólo con mirar sus pequeños ojos hundidos. Se dice que ha convivido tantos años con el hombre que su pensamiento va cuatro pasos por delante de éste. Incluso un cachorro de dos meses, en sus primeros momentos en su nuevo hogar, sabe con seguridad qué es lo que se le permite y qué no.
También conocido como “perro espejo”
Pero lo que distingue a esta raza de otros perros inteligentes como, por ejemplo, los pastores alemanes, es que tienen una peculiar sabiduría. El sharpei siempre sabe y siente qué lugar ocupa en la familia; si el perro fue adquirido como si de un objeto del que presumir se tratara, él lo sentirá y no ofrecerá a su amo ni cariño ni lealtad. Y en este sentido, al sharpei no le importa ni un buen pienso, ni un colchón cómodo ni paseos largos, pues siempre siente cuando su amo le considera innecesario. Sin embargo, si el sharpei siente que es querido, valorado, que es parte de la familia, y lo más importante, que su personalidad es respetada, será un amigo tan leal como ningún otro. No en vano es también conocido como “perro espejo”, ya que refleja el comportamiento y el trato de su amo hacia él.
Los sharpeis a menudo sospechan de los extraños, debido a su origen como perro guardián. Es por ello que los amos tienen que presentarle al perro sus amigos y familiares, de este modo, aprenderá a reconocerlos muy rápidamente y a distinguir los suyos de los extraños.
Es una raza muy limpia e incluso remilgada y aprensiva. No le gusta ir de paseo cuando hace mal tiempo o llueve, ni mancharse de barro, en este caso siempre busca el terreno más limpio por donde pasar.
El sharpei está considerado como una raza curativa y son apreciados además por su extraordinaria aura y su buena energía. Estos perros son muy tranquilos y gozan normalmente de una buena salud, y es por ello que se recomiendan como perros de compañía a las personas nerviosas, con problemas de tensión arterial o que padecen migrañas.
Hoy en día, en China, donde ha aumentado el número de ejemplares gracias al mayor interés por los animales de compañía, el sharpei está considerado también como una raza curativa y son apreciados además por su extraordinaria aura y su buena energía. Estos perros son muy tranquilos y gozan normalmente de una buena salud, y es por ello que se recomiendan como perros de compañía a las personas nerviosas, con problemas de tensión arterial o que padecen migrañas.
Pero lo más importante de todo, es que el sharpei es un perro muy fiable y dedicado a su familia. Uno de estos ejemplares realmente querido y respetado jamás traicionará a su amo.
En resumen, podemos decir que actualmente el sharpei es una raza en auge que cada vez se ve más tanto en los medios de comunicación y en los campeonatos y exposiciones, como paseando por las calles con sus amos. Ha dejado de ser el “perro raro” lleno de arrugas en peligro de extinción para convertirse en un animal adorable y popular que ha conquistado muchísimos corazones con su gran belleza e inteligencia.
Notas:
1.El Libro Guinness de los Récords (Guinness World Records en su título original) publica anualmente los logros, hazañas y otras características tanto logrados por el ser humano como por el reino animal.
2.El American Kennel Club (AKC), con sede en Raleigh (Carolina del Norte), es una asociación canina estadounidense que emite sus propias reglas de crianza de perros diferentes a las de la Federación Canina Internacional (FCI) y registra el pedigrí de todas las razas caninas existentes. Además, organiza certámenes nacionales de exhibición y competiciones caninas.
3.La Federación Canina Internacional (FCI) –también llamada Federación Cinológica Internacional-, con sede en Thuin (Bélgica) y con 84 países miembros, es el organismo encargado de regir y fomentar la canofilia en todo el mundo, además de establecer las normas de cría de perros y las características a cumplir en los pedigrís de cada uno.
Publicado originalmente en: Revista Instituto Confucio. Número 9.Volumen VI. Noviembre de 2011.
Filmación con el juego de caracteres completo diseñado por Wang Xuan. Foto: Huang. Wikimedia commons, CC BY-SA 4.0.
Wang Xuan (1937-2006) lideró las investigaciones e inventos que permitieron la digitalización y entrada en los ordenadores de los caracteres chinos y sus correspondientes fuentes. China, pionera en la invención de las artes de la impresión y la imprenta con tipos móviles en el mundo, logró en 1981 que los caracteres chinos superasen con éxito el umbral de la modernidad científico-tecnológica de la digitalización.
Es posible que no lo sepas, pero cuando utilizas tu dispositivo móvil para editar y enviar mensajes en chino, o cuando te sirves del teclado del ordenador para introducir información empleando caracteres, o cuando echas un vistazo a publicaciones y libros en esa lengua, todas tus acciones están relacionadas con un científico chino. La digitalización y entrada en los ordenadores de los caracteres chinos y sus correspondientes fuentes se deben a las investigaciones e inventos de un estudioso, a quien debemos agradecer también la comodidad actual en la transmisión de información en chino. Esa persona era Wang Xuan (王选).
Wang Xuan, el padre de la escritura digital china. Wikimedia commons, dominio público.
Wang Xuan (1937-2006), el padre de la tipografía digital china
Nacido en Shanghái, Wang Xuan (1937-2006) llegó a ser miembro de la Academia China de las Ciencias, la de Ingeniería y la Academia Mundial de Ciencias, así como catedrático de la Universidad de Beijing. Dedicó su vida a los caracteres chinos, las artes gráficas y la investigación del procesamiento informático de la imagen. Fue él quien estuvo al frente del sistema de fotocomposición láser de caracteres chinos y abrió una primera ventana a la informatización de la industria editorial e informativa china. A este proceso se le conoce como “la reinvención del arte de la imprenta de los caracteres chinos”, lo que le granjeó al propio Wang Xuan el sobrenombre de “el segundo Bi Sheng” (毕升; Bi Sheng fue un famoso inventor de la dinastía Song).
Asimismo, su labor se vio reconocida, entre otros galardones, con el Premio Científico y Tecnológico Supremo, la más alta distinción científica concedida en China, y con el primer puesto en el Premio Nacional al Progreso Científico y Tecnológico.
Libros grabados en piedra
China es pionera en la invención de las artes de la impresión y la imprenta con tipos móviles en el mundo. Si la dinastía Han (汉, 226 a.C.-220 d.C.) ya fue testigo de la invención del papel, con la llegada del periodo de las estelas en piedra de Xiping (熹平, 172-178 d.C.); en la dinastía Han del Este (东汉, 25-220 d.C.) tuvo lugar la inscripción en este material de los clásicos confucianos.
Técnica de impresión con estelas de piedra. Gráfico: Xavi Sepúlveda.
Las primeras impresiones en papel
Ello, a su vez, anticipó la copia e impresión de textos mediante el método de aplicar el papel sobre las propias estelas, previamente entintadas. No obstante, por aquel entonces la transcripción de obras y libros era aún, en su gran mayoría, manual. Por el año 600 d.C., durante la dinastía Tang (唐, 618-907 d.C.), comenzaron a utilizarse moldes de madera grabados para la impresión de algunas obras de uso extendido y amplia demanda en la vida cotidiana, como por ejemplo escrituras budistas y almanaques.
La popularización de la cultura en el año 600
La gente de aquella época se inspiró en los moldes de sellos. Este método de impresión utilizaba moldes de un determinado espesor, llanura y lisura que se emplearían para la transcripción de obras de manera cuidadosa y pulcra sobre un fino y translúcido papel estandarizado. Al adherir el anverso del papel al molde, los caracteres chinos se revelaban claramente sobre la página. Al volver a utilizar el buril para cortar aquellas partes del cliché que carecían de escritura, el carácter grabado quedaba en relieve, en contraste absoluto con las entalladuras cóncavas grabadas en la piedra.
Al extenderse sobre el carácter en relieve la tinta china, se usaba el papel para cubrirlo y después se retiraba suavemente, y así los caracteres que quedaban impresos sobre el papel se correspondían exactamente con los grabados. Todo ello ahorró esfuerzos a nuestros antepasados en la transcripción de obras, redujo los costes de los libros y promovió la propagación y popularización de la cultura.
La impresión con tipos móviles
Si bien la fabricación de moldes grabados para su uso en la imprenta ahorraba tiempo, trabajo y materiales, el almacenamiento de grandes cantidades de los mismos resultaba tan poco práctico como difícil la corrección de los caracteres erróneos u omitidos. Aproximadamente en la década de los cuarenta del siglo XI, y para dar respuesta a estos inconvenientes, Bi Sheng, científico de la dinastía Song del Norte, empleó la arcilla en la invención del primer sistema de imprenta de tipos móviles.
Técnica de impresión con tipos móviles de porcelana y de madera. Gráfico: Xavi Sepúlveda.
La impresión con tipos móviles
Con la arcilla como material de fabricación de toda clase de tipos móviles,estos se disponían sobre el papel para imprimir libros y textos. Shen Kuo (沈括), otro científico de la época, realizaba las siguientes apreciaciones en su obra Ensayos del Arroyo de los Sueños («梦溪笔谈»): en caso de imprimir únicamente un reducido número de documentos o libros, el uso de tipos de madera no parecía sencillo ni conveniente; sin embargo, se trataba de un método muy rápido si se deseaba imprimir una gran cantidad de libros.
Los tipos móviles no se extendieron
No obstante, existían numerosas razones por las cuales, tanto en aquella época concreta como posteriormente y durante un prolongado periodo, este formidable invento no logró alcanzar un uso extendido en China. El análisis posterior a este respecto indicó que un motivo de gran peso fue la ingente lista de caracteres chinos.El alfabeto latino se reduce a algo más de una veintena de letras, y al añadir toda clase de fuentes y tamaños el total sigue sin sobrepasar las tres cifras; sin embargo, existen decenas de miles de caracteres chinos, e incluso aquellos de uso frecuente se cuentan por varios miles. A todo ello aún es preciso sumar las diferentes fuentes y tamaños lo que da como resultado una considerable cantidad de tipos.
La importación de la técnica occidental
El arte de la imprenta mediante el uso de máquinas tipográficas en la China moderna fue un elemento importado de Occidente. Hasta la década de los ochenta del siglo XX, las imprentas chinas empleaban continuamente esta maquinaria para la producción de libros y prensa. La eficacia de esta tecnología era reducida puesto que la composición tipográfica de un periódico en página tamaño holandesa (un cuarto de la superficie completa de un papel de impresión estándar), incluso recurriendo a una industria especializada de inspección y composición, requería veinticuatro horas de trabajo. Asimismo, los tipos y muebles de imprenta pesaban varias decenas de kilos, y el contacto prolongado con los tipos revestía serios perjuicios para la salud humana.
Existen decenas de miles de caracteres chinos, e incluso aquellos de uso frecuente, se cuentan por varios milesLo que hace muy compleja la composición con tipos de plomo.
Durante la última mitad del siglo pasado, la electrónica, la óptica y la informática experimentaron un rápido desarrollo y universalización de la industria editorial occidental al popularizar sucesivamente el uso de la llamada “tecnología de fotocomposición”. En 1946, un estadounidense inventó el dispositivo de fotocomposición óptica y, aproximadamente en 1960, un alemán creó una máquina de fotocomposición mediante tubos de rayos catódicos, a la que en 1975 se sumarían los inicios de una investigación británica sobre la “fotocomposición por láser”.
El inicio del largo proceso de digitalización
En agosto de 1974, también en China, dio comienzo la investigación científica sobre el llamado “Proyecto 748”, centrado en la transmisión de caracteres chinos, la recuperación de información cifrada en caracteres y la fotocomposición por láser de dichos caracteres. Wang Xuan, a la sazón catedrático en la Universidad de Beijing, participaría en el proyecto de investigación relativo a la “fotocomposición por láser del sistema de ideogramas chino”. Esta tecnología no es sino el proceso por el cual se codifica cada carácter chino de una manera determinada para su almacenamiento en un ordenador; cuando se precisa imprimir esta información codificada en caracteres, se emplea un rayo láser que escanea y recupera los caracteres y a continuación muestra la información en el ordenador.
Posteriormente, comenzó a producirse una diversificación en las funciones de los ordenadores, a las cuales se sumó, entre otras, la de gestionar datos a gran escala. Dado que en aquella época todo el software informático estaba escrito empleando alfabeto latino, los ordenadores únicamente podían procesar pinyin (sistema de transcripción fonética del chino). Al enfrentarse a un número elevado de palabras, tipos de letra, caracteres similares, trazos, estructuras complejas y, por encima de todo, a los pictogramas del sistema de escritura china, el ordenador parecía carecer por completo de recursos.
Los Juegos Olímpicos de Los Ángles
En agosto de 1984, la Agencia de prensa de Francia (AFP) que cubría los Juegos Olímpicos en Los Ángeles, recogió el siguiente comentario: “La agencia de noticias Xinhua ha enviado 22 reporteros, 4 fotógrafos de prensa y 4 miembros de personal técnico para cubrir el evento. Del total de 7.000 profesionales de la comunicación procedentes de todo el mundo, únicamente el equipo chino toma notas para sus reportajes a mano (…)”.
¿Una cultura abandonada?
En aquella época, y a ojos de algunos occidentales, los caracteres chinos estaban destinados a convertirse en “la cultura abandonada por la máquina de escribir y el ordenador” y el pueblo chino condenado a quedar fuera de la era de la expansión masiva de la informática si se resistía a abandonar su sistema de escritura. Hasta tal punto se extendió esta corriente de opinión que incluso algunos académicos chinos suscribieron, con tono de lamento, la idea de que la escritura china debía “caminar por el sendero común de la escritura fonética”.
Wang Xuan y el sistema de fotocomposición chino
Wang Xuan y su pionero equipo de trabajo se sirvieron de métodos de descripción computacional basados en “contornos y parámetros”. Y, al mismo tiempo, investigaron sobre un conjunto de tecnologías de compresión, recuperación y transformación de información codificada de alto rendimiento en caracteres chinos. Así se convirtieron en los primeros en diseñar un microchip especial apropiado. En 1979 para tal fin, Wang Xuan dirigió el sistema desarrollado de fotocomposición por láser de caracteres chinos para crear desde el dispositivo la primera placa fotográfica de un periódico en octavo. Desde 1981, esta tecnología alcanzó progresivamente un uso extendido y a gran escala en toda China, lo que hizo posible que los antiguos caracteres chinos superasen con éxito el umbral de la modernidad científico-tecnológica de la digitalización. Esta suerte de resurrección en la era de la información, asimismo, posibilitó que la industria de la imprenta china abandonase rápidamente la era del “plomo y fuego” para entrar en la de “luz y electricidad”.
Wang Xuan resolvió los problemas tecnológicos primordiales en la fotocomposición por láser de los caracteres chinos
Con anterioridad a las investigaciones de Wang Xuan, las consideraciones sobre el almacenamiento informático de caracteres chinos pasaban siempre por el uso de métodos de matrices de puntos. Sin embargo, debido a los numerosos trazos y las estructuras misceláneas, cada carácter poseía múltiples fuentes, diversos tamaños, y ocupaba un gran espacio de almacenamiento en el ordenador por lo que no resultaba ventajosa la ampliación o reducción del tamaño de los caracteres chinos.
El mayor logro de la ingeniería China en el siglo XX
Wang Xuan combinó de manera armoniosa e inseparable las características de los caracteres, utilizando los trazos regulares horizontales, verticales y curvos para emplear a su vez una serie de parámetros de muestra, y empleando curvas y otros trazos no regulares para emplear contornos de muestra. Esto permitió que la suma total de información procesada en caracteres se redujese considerablemente, así como minimizar la distorsión resultante de la ampliación y cambio de forma de las fuentes de los caracteres chinos. Este invento resolvió los problemas tecnológicos primordiales en la fotocomposición por láser como el almacenamiento y transmisión del ingente volumen de información codificada en los caracteres chinos.
Técnica de impresión moderna. Digitalización de caracteres chinos para la confección de tipografías. En la imagen 3 vemos a Wang Xuan sujetando una portada impresa con tipos digitales gracias a su trabajo de digitalización. Gráfico: Xavi Sepúlveda.
Al comienzo de este siglo, la Academia China de Ingeniería y la Asociación China para la Ciencia y la Tecnología (科协) organizaron de manera conjunta una votación pública para decidir sobre “los grandes logros de la ingeniería en la China del siglo XX”. “La revolución de la imprenta y el procesamiento de información codificada en caracteres chinos”, liderada por Wang Xuan, fue la elegida por abrumadora unanimidad. Y ha alcanzado una impresionante segunda posición en la lista de hitos de la ingeniería y la innovación tecnológica independiente de China de todos los tiempos.
Hasta el día de hoy, y según datos aún no contrastados, los métodos de inserción de caracteres chinos sucesivamente inventados alcanzan un total de 1600. Las lenguas oficiales empleadas formalmente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) son el inglés, francés, ruso, español, árabe y chino, y para cada documento de relevancia de esta organización, se imprimen y distribuyen versiones en los seis idiomas, si bien la versión china es siempre la que menos espacio de texto ocupa.
Publicado originalmente en: Revista Instituto Confucio. Número 32.Volumen IV. Marzo de 2015.
Escultura de Du Fu en el museo dedicado a su vida y obra en Chengdu. Foto: Xiquinhosilva, CC BY 2.0. Wikimedia.
Du Fu (712-770) fue un célebre poeta realista de la dinastía Tang (618-907) muy apegado a la gente común, y comprometido con la sociedad de su época, que vivió una existencia errabunda sin morada fija. Entre sus numerosas y transitorias estancias hubo sin embargo un lugar en el que, a pesar de su humilde naturaleza, tuvo una vida relativamente estable durante cuatro años. Se trata de un santuario de la cultura china en la ciudad de Chengdú que todos los admiradores de Du Fu deben visitar: su cabaña con techo de paja.
Du Fu escribió en un poema que su cabaña de paja se encontraba al oeste del puente Wanli (“de los diez mil li”) y al norte del estanque Baihua (“de las cien flores”), cuyas aguas eran las del Canglang: esa era la morada donde residió durante aproximadamente cuatro años. Allí “nadie acude a visitarme, pero me acompaña el estanque y tomo las cosas como vienen”. La humilde morada de Du Fu está en Chengdú, capital de la provincia de Sichuan; y fue el lugar escogido por el poeta para escapar de los estragos causados por la rebelión de An Lushan, al que llegó después de recorrer numerosos rincones de China.
Imagen que representa al poeta Du Fu extrañida del libro «Biografías ilustradas del Pabellón Wanxiao y la Cabaña de Bambú» (晩笑堂竹荘畫傳). Wikimedia commons, dominio público.
En el segundo año de estancia, comenzó a construir su cabaña a la vera del arroyo de Huanhua, al oeste de la ciudad. Se trataba de un remoto emplazamiento, lejos del mundanal ruido, rodeado de agua y en un hermoso y sereno entorno natural, un paraje en el que su alma inquieta, tras una vida errática de lugar en lugar, consiguió alcanzar el sosiego. Allí vivió en torno a cuatro años y tras su marcha la cabaña comenzó a deteriorarse. En los primeros años del periodo de las Cinco Dinastías (907-960), el literato Wei Zhuang buscó el lugar donde se hallaba la morada de Du Fu y encontró su ubicación original.
Wei reconstruyó allí la choza de paja, con la idea de honrar la memoria del insigne poeta. Durante los siglos posteriores, con las dinastías Song, Yuan, Ming y Qing, la cabaña fue destruida y vuelta a levantar en numerosas ocasiones, y el lugar acabó por convertirse en una especie de memorial ancestral dedicado a Du Fu. Los sucesivos gobiernos municipales de Chengdú han considerado su protección y restauración como una de las importantes tareas de sus respectivos mandatos, y se han ocupado meticulosamente de su conservación.
Entrada al parque y complejo museístico de 97.000 metros cuadrados del poeta de la dinastía Tang, Du Fu, en Chengdu. Foto: Xiquinhosilva, CC BY 2.0. Wikimedia.
La cabaña del poeta es un exponente del estilo constructivo tradicional de Sichuan y del sur de China conocido con el nombre de chuan-dou, según el cual los techos eran realizados con paja seca y las paredes se embadurnaban de barro amarillo. Sobre la puerta de entrada al complejo se hallan escritos los dos caracteres relativos a la construcción de paja (草堂), en la cual Du Fu compuso muchos versos célebres durante su breve estancia. A lo largo de su azarosa existencia, la choza se ha convertido en lugar de imprescindible visita para impregnarse del espíritu de la dinastía Tang y rastrear las huellas del inmortal poeta. Lo que podemos contemplar hoy en día es el fruto de las reparaciones y ampliaciones sufridas a través del tiempo: una cabaña de primitiva sencillez rodeada de un jardín de sigilosa belleza.
Apacible escenario
A ambos lados de esa puerta principal cuelga un dístico que reza: “Al oeste del puente Wanli, al norte del estanque Baihua”; unos versos que proceden del segundo de los dos poemas del título Rememorando la cabaña de paja, y ubican con exactitud el lugar en el que se hallaba situada. Bambúes y árboles dan sombra al patio interior y las aguas cristalinas lo circundan todo en un apacible escenario que recuerda la estrofa: “Las aguas del arroyo Huanhua fluyen desde el oeste, el maestro encuentra un hogar en la quietud del bosque y el estanque”.
Escenario de los jardines del complejo museístico «La cabaña de paja de Du Fu». Foto: Xiquinhosilva, CC BY 2.0. Wikimedia.El museo, rodeado de fronda, es muy visitado. Foto: Xiquinhosilva, CC BY 2.0. Wikimedia.
Ya dentro del edificio, se encuentran un muro-pantalla, una sala oficial, el memorial del poeta-historiador, un acceso de madera, un santuario conmemorativo, y otras estancias. El mencionado “memorial del poeta-historiador” es el eje central de todo el complejo, y debe su nombre a las cualidades de la poesía de Du Fu, que resultaba útil “para verificar y complementar la historia”. En su centro se alza la estatua de medio cuerpo del escritor, realizada por el famoso artista Liu Kaiqu, y a ambos lados de la figura se puede leer el dístico compuesto por el líder revolucionario sichuanés Zhu De: “La cabaña de paja permanece para la posteridad, al igual que los versos del poeta inmortal”. Estas palabras expresan claramente el lugar que Du Fu y su morada ocupan en los corazones del pueblo chino.
Excavaciones de la dinastía Tang en el complejo museístico del poeta Du Fu. Foto: A J Butler, CC BY 3.0. Wikimedia.
Esta cabaña en Chengdú era muy sencilla y modesta, poco apta para soportar los vientos y aguaceros del otoño que padecía el escritor y su familia como verdaderos desastres naturales. Tras uno de aquellos violentos temporales, el tejado choza, levantado con tanto esfuerzo, fue arrasado casi completamente. Al ver a su mujer y sus hijos en tales condiciones, ateridos por el frío e incapaces de conciliar el sueño, el poeta se sintió profundamente apesadumbrado. Por ello, cuando leemos Mi cabaña de paja destruida por el vendaval de otoño: “Poder habitar una enorme mansión de diez mil habitaciones, con un gran techo para los caballeros desposeídos de este mundo […], un edificio inmune al viento y a la lluvia, tan sólido como una montaña… ¡Ay! ¿Cuándo verán mis ojos una mansión tan prominente como esa? Entonces aceptaría satisfecho la ruina de mi pequeña cabaña, y la muerte por congelamiento”; el poema nos transmite no solo los sentimientos de Du Fu hacia su cabaña destrozada, sino también el amor y el afán por su país y sus conciudadanos. Durante los años vividos allí el poeta escribió otras muchas obras célebres, como por ejemplo Odiosa separación o Los naranjos enfermos, todos ellos conmovedores ejemplos de poesía realista.
Busto de bronce de Du Fu en el complejo del parque. Foto: Xiquinhosilva, CC BY 2.0. Wikimedia
Du Fu no solo lega a la posteridad poemas inmortales sino también una impronta indeleble en la historia de la literatura. A día de hoy su cabaña de paja constituye una importante reliquia cultural, que se halla bajo protección nacional y también un museo estatal de primer nivel, así como una unidad clave de protección de libros antiguos. En su interior se custodian numerosos ejemplares centenarios, incluidas antologías de poemas de Du Fu, impresos o manuscritos originales de las dinastías Song, Yuan, Ming y Qing; además de todo tipo de ediciones de época más reciente. Alberga, asimismo, libros traducidos a más de una decena de sistemas de escritura y hay unos 120 de diferentes ejemplares con caracteres chinos editados en Corea y Japón. En total se conservan en este complejo más de 2.000 vestigios culturales que convierten al lugar en el memorial más célebre, de mayor tamaño y mejor conservado de todos los dedicados a Du Fu en China.
Fuente de la imagen destacada en portada: Escultura de Du Fu en el museo dedicado a su vida y obra en Chengdu. Foto: Xiquinhosilva, CC BY 2.0. Wikimedia.
Publicado originalmente en: Revista Instituto Confucio. Número 51. Volumen VI. Noviembre de 2018.
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